‘Batman. La maldición del caballero blanco’, superarse

El que acudiera raudo y veloz a respaldarlo en el minuto cero de la campaña de Indiegogo en la que Sean Murphy buscaba financiación para sacar adelante un proyecto llamado ‘The Plot Holes‘ —tebeo que ya tenemos en formato digital pero estamos esperando como agua de mayo en papel para poder dar cuenta de él como mandan los cánones—, habla, y habla con cierta contundencia, de mi extrema filia hacia un artista que no ha hecho más que superarse con cada nueva cabecera a la que hincado el diente, ya sea esta su magnífica colaboración con Grant Morrison en ‘Joe el bárbaro‘, su espectacular paso por ‘Hellblazer‘; cualquiera de las dos veces en las que ha trabajado codo con codo con Rick Remender —aquí sólo hemos revisado una de ellas, la soberbia ‘The Wake‘—; esa otra magnífica colaboración con el prolífico Mark Millar que fue ‘Crononautas‘ y, ya en solitario y como autor completo, su sublime ‘Punk Rock Jesus‘ o la asombrosa y magistral incursión en el universo Batman que supuso la invención de esta suerte de grandioso Elseworlds que, con tres series hasta la fecha, está siendo el microcosmos del Caballero Blanco.

Ya dijimos hace un par de años en su reseña, y con bastante profusión, que ‘Batman. El caballero blanco‘, había sido una de las mejores lecturas del 2018. De hecho, cinco meses antes de la publicación de dicha entrada, habíamos destacado el cómic firmado por Murphy como uno de los mejores que nos había llegado a lo largo del año de allende los mares —y una cosa dejaré clara, si no hubiera sido por ‘Gideon Falls‘, tened por seguro que ‘White Knight’ se habría coronado con una facilidad pasmosa como el MEJOR tebeo yanqui de hace tres años—. Pero lo que no podíamos imaginar, por el impacto que había supuesto la serie, y menos aún por lo que siempre estamos inclinados a pensar sobre las segundas partes, es que la secuela que hoy os traemos iba a coger el testigo de su predecesora y llevarlo a cotas aún más altas. Porque, sin duda alguna, eso es lo que hace, y de qué manera, ‘Batman. La maldición del caballero blanco‘.

Temáticamente pegada a la primera entrega de una saga que esperamos ver rematada de mano de su autor —la tercera parte sólo ha contado con él en el guión, dejando los lápices a un Matteo Scalera espectacular—, ‘La maldición del caballero blanco’ no sólo sirve a Murphy para continuar tirando del hilo con el que cosiera ‘El caballero blanco’, sino que, adjuntando otro carrete bien diferente, termina hilvanando ambos en un relato soberbio, sin fisuras que, al tiempo, reinventa, en similares claves a lo que hiciera en la primera parte con el Joker, a uno de los personajes clave de la mitología «batmaníaca»: el Azrael que, a mediados de los noventa, introdujeran con tantísima fortuna Denis O’Neill y Joe Quesada.

Respetando ciertos elementos asociados al personaje, en esta reimaginación de la cosmología del caballero oscuro que Murphy está llevando a cabo, Jean-Paul Valley no es ya un jovenzuelo con una pesada herencia que cargar a sus espaldas, sino un curtido veterano de mil batallas cuya relación con Bruce Wayne se remonta a siglos atrás, cuando los ancestros de ambos llegaron a Gotham. Dicha relación, turbulenta cuanto menos, será aprovechada por Joker para poner tan patas arriba la existencia de Batman y su círculo cercano, que os puedo asegurar que, cuando todo el polvo se ha asentado y las últimas páginas del volumen se aproximan, la sensación de asombro, de haber asistido a algo único que no se antoja como una historia ajena a la continuidad del hombre murciélago, sino como algo atrevido y lleno de osadía que nos encantaría ver en las páginas de la serie regular, es DESCOMUNAL.

Y a eso, claro, hay que añadirle que, en términos gráficos, estamos ante 272 páginas para alucinar una, otra, y otra vez: Murphy es un artista redondo que conoce a la perfección los mil y un artificios que diferencian a un tebeo de superhéroes al uso de uno de los que, como éste, marcan distancias y se alzan como hitos en el discurrir de DC, y buena prueba de ello son las incontables planchas en las que, de manera obligada, hay que detenerse, toda vez leídos los textos, para recorrer de forma exhaustiva cada trazo, cada acotación, cada mínimo detalle que el artista incluye en un trabajo que, como su directo predecesor, atiende a los grandes gestos propios del «género» —y menudas son las splash pages que brotan como consecuencia directa de ello— poniendo exquisito mimo en la precisa construcción tanto del lore como de unos personajes que, cuidado, pocas veces han sido tan corpóreos. Mención especial merece en este último sentido una Harley Quinn que, protagonista absoluta de la tercera instancia de la saga —de la que esperamos poder hablaros cuando ECC la publique—, sometida a la vuelta de tuerca que le da Murphy, se alza como el mayor logro de todo este magnífico proyecto, superando con mucho cualquier giro de los muchos que le hemos visto al personaje en el Universo DC «tradicional».

Añadiendo como guinda a tan goloso pastel un coloreado de Matt Hollingsworth que, a la par con Murphy, supera sus muchas hazañas de ‘El caballero blanco’, sólo nos resta recomendaros encarecidamente no ya este volumen o su directo compañero, sino toda la tebeografía de uno de los mejores artistas con que cuenta actualmente el cómic estadounidense. Si no os habéis acercado nunca a ningún título firmado por él, estáis tardando en asomaros a una forma fascinante, única y enérgica de entender el noveno arte. Si lo habéis hecho, y coincidís con nosotros en dicha apreciación, sabéis que lo que os espera en ‘Batman. La maldición del caballero blanco’ no es menos que un TEBEO IMPRESCINDIBLE.

Batman. La maldición del caballero blanco

  • Autores: Sean Murphy
  • Editorial: ECC
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 272 páginas
  • Precio: 29 euros

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