‘Crononautas’, Millar, el pu$& amo del tiempo

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¿Cómo? ¿Que te has cansado de ver o leer historias de viajes en el tiempo? ¿Que todas te parecen iguales y que no son más que iteraciones sobre un mismo concepto base? ¿Que el enfoque que se les da ya se ha visto por activa y por pasiva en las mejores producciones de ciencia-ficción que han llegado a la gran pantalla? ¿Que los cómics poco pueden añadir a lo que títulos como ‘Regreso al futuro’, ‘Looper’, ‘Doce Monos’, la saga de ‘Terminator’ o ‘El efecto mariposa’ ya nos contaron? ¿En serio? ¿Seguro que crees eso a pie juntillas? Insisto, ¿seguro? Si es así, hazte un favor, deja de leer ahora mismo este artículo, vete a tu librería más próxima o sigue el enlace de Amazon que incluimos más abajo y regálate, que las proximidad de las fechas navideñas así lo requiere, una de las lecturas más condenadamente entretenidas y grandes que nos han llegado este año de la mano de Panini. Y después, si eso, vuelve a pasarte por aquí.

¿Ya estás de vuelta? Y qué, ¿tenía o no razón? Grande, ¿eh? Grande y gamberro. De hecho, si hay una cualidad de ‘Crononautas’ que destacaría por encima de todas las demás que atesora, y no son pocas como habréis podido observar si os habéis acercado a ella, es que Millar y Murphy se lo han pasado tan “teta” creando este sesgo del Millarworld que el talante gamberro es el que mejor define las aventuras de los doctores Corvin y Reilly, dos científicos que han hecho realidad uno de los mayores sueños de cuantos la ciencia-ficción ha puesto en pie a lo largo de su historia, crear una máquina del tiempo que les permita viajar a cualquier momento con la sola ayuda de unos trajes supermolones que huyen de los aparatosos cacharros que el género nos había mostrado hasta ahora en el cine.

Y si las páginas de ‘Crononautas’ son gamberras, y lo son, es porque Millar se salta a la torera cualquier “regla” escrita por la mecánica cuántica acerca de los desplazamientos espacio-temporales e incumple eso que tanto temía Doc en ‘Regreso al futuro’, la paradoja temporal. Y no sólo eso, sino que también le importan poco las consecuencias que puedan tener los efectos mariposa de los actos de sus protagonistas y, en ese afán, con lo que el guionista da es con un filón de inagotables ideas a cada cual más disparatada y genial.

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Así, a lo largo de las páginas de ‘Crononautas’ vemos como los protagonistas —definidos con cuatro brochazos y carismáticos hasta decir basta—, de manera voluntaria o por cómo se van desarrollando los engranajes de la trama, viajan en un Tomcat a la prehistoria, ganan una batalla en las Highlands escocesas con armas automáticas, fotografían al primer mamífero que salió del caldo primigenio hace 530 millones de años, son los responsables de regalarle a Cristo el oro que recibe de uno de los reyes magos, interfieren en la vida artística de The Smiths —y de su vocal, Morrissey— o aparecen de forma fortuita en el momento en el que Oswald, desde la ventana de la biblioteca de Dallas, está a punto de disparar su fusil contra J.F.K.

Todo ello y mucho más que me dejo en el tintero —lo que he descrito son sólo tres o cuatro páginas de las 120 que conforman el volumen— se aúna, como ya es norma en el escritor, a un sentido del humor a prueba de caracteres antipáticos que no sepan ni esbozar una mueca de sonrisa, generando las tropelías de los dos científicos un sinfín de situaciones que se cuentan entre las mejores ideas que el británico ha tenido desde que comenzara a construir su Millarworld. Considerando la potencia y el nivel al que se mueven todas y cada una de las cabeceras que hasta ahora componen tan fértil e imprescindible cosmos, creo que poco más habría que decir sobre lo que concierne a Millar de ‘Crononautas’ para convencer al más escéptico del alto nivel de lo que aquí se puede encontrar.

¿Qué queda pues? Obvio; dedicar iguales o superiores alabanzas a Sean Murphy, uno de mis artistas favoritos del momento en virtud, claro está, de lo que hemos podido leerle en el último lustro, ya sea la fantástica miniserie de ‘American Vampire’, ya su muy personal y magistral ‘American Jesus’, ya la asombrosa serie de diez números ‘Tokyo Ghost’ que le ha unido a otro de los talentos más incuestionables del otro lado del charco cuando de cómic de ciencia-ficción hemos de hablar, el gran Rick Remender. Murphy, caracterizado por su estilo suelto y electrizante, juega mucho a favor de esa percepción gamberra que se tiene de ‘Crononautas’, y la gran variedad de sus composiciones, unida a la inexistencia de temor a la hora de abordar cualquiera de las locas ideas que Millar pone en juego determina que la lectura se perciba como un instante fugaz que necesita ser revisado una y otra vez para volver a disfrutar de todo lo que contiene. Y eso amigos es lo que en última instancia afirma de forma más categórica que este antepenúltimo capítulo en el despliegue del Millarworld —el penúltimo ha sido ‘Empress’ y el último, por el momento, la ENORME ‘Reborn’— es tan grande como la vida misma. ¿Exageración? Lo dudo.

Crononautas

  • Autores: Mark Millar & Sean Murphy
  • Editorial: Panini
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 120 páginas
  • Precio: 14,25 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector apasionado. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de adopción. Treintañero para cuarentón. ¡Ah! y escritor compulsivo tanto aquí como en Blog de cine.

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