‘Justin’, escudriñar la historia

Muchas son las ocasiones en las que hemos arrancado una reseña afirmando sobre lo inagotable de las historias procedentes de la Segunda Guerra Mundial, sin duda, el periodo más oscuro del s.XX y uno de los más lóbregos de la humanidad pero, al tiempo, probablemente, el más fértil e inagotable de cuantos han bebido la literatura, el cine y, por supuesto, el noveno arte desde mediados de la pasada centuria. Centrándonos sólo en el arte secuencial, muchos son los proyectos que, al cabo del año, siguen arrojando luz sobre las infinitas facetas de la contienda, y sólo el pasado 2020 tuvimos la ocasión de asomarnos a más de una docena de títulos centrados en los seis años que transcurrieron entre 1939 y 1945. Es más, es que en el poco recorrido que llevamos de 2021, este ‘Justin’ que hoy nos ocupa es ya el segundo de los volúmenes que gira en torno al conflicto, optando Julien Frey y Nadar por centrarse en una cara muy oculta del mismo que supuso una vergüenza enorme para los implicados: el servicio obligatorio para con el ejército alemán que muchos jóvenes franceses se vieron forzados a cumplir por orden del gobierno de Vichy.

El Servicio de Trabajo Obligatorio (STO) forzó a centenares de miles de jóvenes franceses a ir a Alemania como mano de obra para el ejército del Tercer Reich. Uno de esos jóvenes fue Justin —queremos suponer, porque así parece apuntarlo el epílogo que cierra el álbum, que es el abuelo de la mujer de Frey y que, por tanto, buena parte de lo que aquí se nos narra procede de los recuerdos del protagonista—, un adolescente que, como tantos, vio su vida truncada por la guerra y que se vio abocado a una estancia en tierras germanas que lo marcaría para siempre. A través de sus ojos, vemos primero lo que era vivir en la Francia colaboracionista e intentar sobrevivir como se podía en un momento en que los recursos escaseaban y había que tirar del ingenio y de prácticas «ilegales» para poder poner un plato de comida en la mesa y, después, lo que supuso, en contra de la propaganda del Reich, servir a los intereses de Alemania en unas condiciones de trabajo durísimas a las que le faltaba un paso para convertirse en un campo de concentración.

‘Justin’ no es un tebeo que se deje llevar por las emociones o que, de alguna manera, intente suscitarlas en el lector. Sobrio y frío salvo por algún momento puntual —esa conversación entre Justin y su hija en la Guyana Francesa—, el relato que aquí hilvanan Frey y Nadar efectúa un recorrido preciso y clínico por los recuerdos del protagonista, narrando en primera persona la práctica totalidad del mismo pero sin que dicho recurso sirva para generar más empatía de la justa. Como decisión artística no nos parece la más acertada por cuanto creemos que instilar cierto sentido empático para con Justin hubiera servido muchísimo mejor a los intereses de la obra. Sin él, el paseo por la vida del protagonista no llega a calar hondo en el corazón del lector, y por más que el trabajo de Nadar sea, como siempre, ejemplar —ejemplar pero, a título personal, por debajo de lo que le hemos visto como autor completo en ‘Papel estrujado‘ o ‘El mundo a tus pies‘— ‘Justin’ se nos queda corto y eso es algo que no nos gusta y que deseamos que se vea corregido de cara a esa tercera colaboración entre guionista y dibujante en la que ya trabajan ambos.

Justin

  • Autores: Julien Frey y Nadar
  • Editorial: Astiberri
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 200 páginas
  • Precio: 23 euros

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