‘Azimut’, al otro lado del espejo

acimut. Ángulo que con el meridiano forma el círculo vertical que pasa por un punto de la esfera celeste o del globo terráqueo. Es igualmente válida la grafía azimut

Vista hasta la saciedad cuando iba camino de mi adolescencia por ser la película favorita de mi hermana —tan hasta la saciedad que acabé hastiado de ella para siempre—, no fue hasta hace pocos años, con mi hija ya en nuestras vidas, que pude apreciar en toda su dimensión ‘Alicia en el país de las maravillas‘ gracias a la lectura nocturna de la novela de Lewis Carroll que, durante varias semanas, llevé a cabo junto a mi pequeña. Tanto es así, que no es que llegara a reconciliarme con la versión de Disney, pero sí que supe valorar en la medida que cabe lo acertada de la traslación de un texto completamente surrealista del que parece haber bebido hasta quedar saciado un Wilfrid Lupano transmutado aquí en el literato y matemático británico.

Sólo estableciendo ese parangón entre el artífice de títulos como ‘Alim el curtidor’, ‘Los viejos hornos‘ o ‘El mono de Hartlepool‘ y el inmortal padre de la inquieta joven que descubre todo un mundo, primero en una madriguera de conejo y después al atravesar un espejo, cabe empezar a rayar la superficie de la compleja urdimbre que teje Lupano en cinco álbumes a los que, reunidos por Ponent Mon en un único integral, se les queda corto el apelativo de fascinantes. Y aunque buena parte de esa fascinación sea atribuible al guionista, del que volveremos a hablar, es el dibujo de Jean-Baptiste Andreae el que nos «vuela la cabeza» de la primera a la última plancha.

De estilo caricaturesco en la concreción de sus personajes, la delicadeza del trazo de Andreae, su portentosa imaginación visual, la claridad de su narrativa, lo expresivo de las facciones de los «actores», el gusto extremo por el detalle sin llegar a rebasar nunca la barrera de lo barroco y la fuerza de sus acuarelas conforman, en una fusión asombrosa, todo un mundo que, en ocasiones, supera por muchas cabezas a lo que Lupano nos está contando en la historia para narrar por si sólo un relato que parece salido de la más febril de las capacidades creativas. Todo un lujo que nos lleva a desear que Norma vuelva a publicar su ‘Tierra Mecánica‘ en un integral o que algún alma caritativa hiciera lo propio con el ‘Créatures‘ que aparecía al otro lado de los Pirineos en 2019.

Como decíamos, es tal el calibre de lo que Andreae plantea y tal el embelesamiento al que nos someten sus planchas que, aunque a vista de pájaro se entiende perfectamente el conjunto, somos capaces de pasar por alto los menudos e incomprensibles artilugios de que Lupano echa mano para levantar este mundo fantástico y arbitrario en el que el norte es un conejo enamorado de un pendón de mucho cuidado que también trae de cabeza a un pintor y un par de reyes; en el que aves mecánicas paren huevos de los que surgen criaturas imposibles; en el que hay seres inmortales de comportamientos muy mundanos, y seres terrenales que buscan denodadamente la inmortalidad, que sirve de McGuffin para todo lo muchísimo que va sucediendo en estas maravillosas 248 páginas cargadas de más argumentos de los que aquí podría recoger para estimular al lector más grisáceo. Sin lugar a dudas, una de las lecturas del año.

Azimut

  • Autores: Wilfrid Lupano y Jean-Baptiste Andreae
  • Editorial: Ponent Mon
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 248 páginas
  • Precio: 44 euros

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