‘Siete para la eternidad 3. Ascender para caer’, la fantasía según Remender

Desde que Image comenzara a publicarla hace tres años, y con la salvedad de la mención que en su momento hicimos en el resumen de lo mejor de 2016, esta es la primera vez en todo este tiempo que vamos a hablar de ‘Siete para la eternidad’ en estas líneas virtuales como mandan los cánones. Así que, sin saber si eso supondrá mucho o poco esfuerzo lector por vuestra parte, arranquemos sin más nuestras apreciaciones hacia lo que la cabecera firmada por Rick Remender y Jerome Opeña ha sido capaz de ofrecer en estos treinta y seis meses y ¡13 números! aparecidos hasta el momento.

Y como por algún sitio hay que comenzar, hagámoslo dando un poco de cancha inicial a esa escasa docena más un número que conforman el imaginario actual de un universo tremendamente fascinante y singular. Una cancha sobre la que, huelga decir —y huelga decirlo sabiendo como sabemos de la frenética actividad de su guionista—, sólo cabe señalar a un contendiente como responsable directo de la paupérrima periodicidad de la colección: el GRAN Jerome Opeña. Cualquiera que se haya asomado alguna vez a las páginas del artista filipino habrá podido apercibirse del grado de detalle al que llega el dibujante en sus planchas, y ya sea en ‘X-Force’ o en su breve intervención en ‘Los Vengadores’ de Hickman, se hace muy evidente dejándose enamorar por su estilo prerrafaelista —que recuerda, mejorado eso sí, al de Barry Windsor-Smith— que no tiene que ser ni sencillo ni rápido darle término a unas viñetas tan cargadas de contenido.

Afortunadamente, a excepción de, creo recordar, un par de números —que dibujaba, si no recuerdo mal, James Harren—, el que la serie esté publicándose en Image es garante inequívoco de que, sin las presiones usuales de DC o Marvel, sea uno y sólo uno el equipo creativo que lleve para adelante la cabecera, algo que se agradece sobremanera cuando por la otra parte tenemos que atender a los constantes y mareantes bailes de nombres en colecciones que pasan de ser imprescindibles en manos de unos a meros entretenimientos prescindibles en manos de los siguientes: ‘Siete para la eternidad’ no ha sufrido hasta ahora ninguna bajada de interés —ya digo, salvo ese par de números de relleno que, momentáneamente, nos hicieron pensar lo peor. Antes bien, si algo ha hecho la historia de Adam Osidis en su lucha contra el Dios de los Susurros a lo largo de este tiempo es mantenernos expectantes ante el despliegue de talento que, a uno y otro lado de los márgenes creativos que atañen a un cómic, han alcanzado tanto Remender como Opeña.

Del dibujante poco más se puede añadir a lo ya comentado. De hecho, el único factor extra que cabría adendar a que es un gustazo constante asomarse a sus páginas y observar la infinita capacidad del artista para poder plasmar con todo lujo de detalles hasta la idea más loca de Remender, es que, casi sin lugar a dudas, nos encontramos ante la cúspide de su trayectoria: portentoso en todas las posibles acotaciones que uno pueda imaginar cuando analiza un tebeo —y podríamos añadir aquí enormes epítetos hacia la labor de Matt Hollingsworth al color—, el trazo de Opeña es garante perpetuo de maravilla y asombro tanto como lo son su sentido de la composición y la épica, dos cualidades que, dado el talante del relato urdido por Remender, se ven explotadas a placer en no pocas ocasiones.

En lo que respecta al escritor, y como ya apunté en su momento en el párrafo que le dedicamos a la serie hace tres diciembres, ‘Siete para la eternidad’ es perfecto ejemplo de la idiosincrasia de la que ha hecho gala el estadounidense en la práctica totalidad de su producción con historias complejas, profusas en textos de apoyo y ricas en vocabulario que, con un entramado nada sencillo, suelen resultar de difícil aprehensión en una primera vuelta que pretenda hacerse con ellas en su ritmo normal de aparición. Y si esto es aplicable a series como ‘X-Force’, ‘Deadly Class’ o ‘Black Science‘, que conocieron cierta regularidad, imaginaos hasta qué punto cabrá aplicárselo a la alarmante aperiodicidad de este maravilloso proyecto que es ‘Siete para la eternidad’.

Un proyecto que, sin querer abundar en muchos detalles con respecto a la historia, nos traslada a un mundo fantástico en el que la práctica totalidad de sus habitantes viven bajo el influjo de Garils, el nombrado Dios de los Susurros y que, a modo de epopeya, va alternando episodios de una acción incontenible con otros en los que se cargan las tintas en unos diálogos llenos de intensidad y preñados de dobles intenciones, sobresaliendo en este sentido los intercambios entre los dos protagonistas y la tridimensionalidad que Remender logra arrancar tanto de la determinación de su antihéroe por convertirse en el salvador de su pueblo, como de su atípico villano —un personaje que recuerda a Thanos y su ambigüedad— heredero de las mejores influencias del diablo del Fausto alemán y, sin lugar a dudas, el hallazgo de mayor calado de una serie que, esperemos, nos tenga reservados aún incontables momentos.

Siete para la eternidad 3. Ascender para caer

  • Autores: Rick Remender y Jerome Opeña
  • Editorial: Norma
  • Encuadernación: Rústica
  • Páginas: 120 páginas
  • Precio: 15,67 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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