‘Ofrenda a la tormenta’, soberbio cierre

Vistos por encima, y considerando lo que suele invertirse al otro lado del charco en la ejecución de las 24 páginas que son norma en el mundo del comic-book, los cinco años que Ernest Sala ha invertido en completar la adaptación de la trilogía del Baztán de Dolores Redondo podrían parecer algo escandaloso e incluso completamente desproporcionado. Podrían parecerlo, sí, pero a ojos profanos que vieran sólo datos y no se acercaran a la realidad que conforman ‘El guardián invisible’, ‘Legado en los huesos’ y, por fin, ‘Ofrenda a la tormenta’, un álbum que llega de forma providencial a pocas semanas de que arribe a las carteleras de nuestro país la traslación cinematográfica de la segunda novela que protagoniza Marta Etura en la piel de la inspectora Amaia Salazar. Porque, seamos francos, la realidad que dibujan las más de 300 páginas que el artista ha necesitado para dar forma a la complejidad de la historia trazada por Redondo es una que habla de compromiso con el relato original y, sobre todo, de un proceso que ni ha tenido que ser fácil ni, por supuesto, ha podido resolverse en cuestión de esos días en los que un dibujante del mundo yanqui puede acometer la tarea de acabar una grapa al uso.

Tengamos en cuenta que, por mucho que Sala parta de una novela ya cerrada, las necesidades narrativas del noveno arte se separan considerablemente de su hermana literaria, y trasladar toda la urdimbre de localizaciones, personajes y subtramas a un lenguaje puramente visual habrá sido tanto o más duro que, toda vez finalizado el guión del tebeo, darle forma a unas planchas que, como ya dijéramos hace dos años con ‘Legado en los huesos’, son de un calibre que nos deja estupefactos: controlando a la perfección la caracterización de todos y cada uno de los personajes, donde el dibujante echa el resto es, de una parte, en la concreción de unos escenarios que nos trasladan de manera inequívoca a País Vasco y, de la otra, accediendo a niveles aún más espectaculares que los que ya le viéramos en la segunda entrega de la saga, en unos juegos de estructuras y composición de la página llamados a epatar una y otra vez hasta al lector más fogueado. Como quiera que resulta imposible citar de palabra todos los ejemplos que ahora mismo acuden a la memoria visual, baste con decir que, en el cómputo total, se nos antoja que son las menos las páginas que podríamos denominar «normales» —ya sabéis, con viñetas al uso y punto— y que aquellas que vienen directamente coloreadas con lápiz o esas otras que fragmentan un único escenario y mueven a los personajes por él en diversas viñetas terminan conformando una aplastante mayoría.

Por lo demás, y esgrimiendo el mismo argumento que ya comentara en anteriores reseñas de la saga, no puedo valorar en su justa medida ese trabajo de adaptación de la novela de Dolores Redondo que se antoja inmenso y tremendamente fidedigno por cuanto, sabedor de que terminaría accediendo a él a través de la adaptación de Sala, he de confesar que ni me he molestado en tratar de aproximarme a las novelas previa lectura del tebeo. Aún así, he disfrutado sobremanera de la forma en la que todo termina formando un perfecto círculo cerrado, dando todo el tramo final de la acción puntada tras puntada para atar, uno a uno, cada cabo suelto que el relato venía arrastrando desde sus comienzos. Considerando la cantidad de narraciones en un formato u otro a las que nos hemos asomado a lo largo de los años carentes de dicha cualidad, no creo que sea una apreciación baladí el tener en alta estima que la sensación con la que uno abandona las tierras que baña el Baztán sea la de haber asistido a un drama en tres actos perfectamente concebidos y no generados de manera casual conforme las circunstancias lo exigían.

Ofrenda a la tormenta

  • Autores: Ernest Sala
  • Editorial: Planeta Cómic
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 128 páginas
  • Precio: 19 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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