‘Max. Los años 20’, cuando la ambición queda aplastada por el talento

El temor, el único temor, era que, incluso sabiendo de la solidez de cada uno de los dos autores por separado, a la hora de introducirse en ‘Max. Los años 20’, pesara en exceso el estar basado en ‘El tango de la guardia vieja’ de Arturo Pérez-Reverte, una obra que no había leído y que, eso sí, después de haber conocido al personaje, me he apuntado sin dilación en mis débitos lectores. Porque, huelga decirlo, cualquier temor derivado de no poder hacerse con lo que aquí se plantea se esfumaba raudo y muy veloz a las pocas páginas de dar comienzo a este magnífico ejemplo de tebeo patrio que es el volumen publicado por Planeta.

Decía que sabía de la categoría de cada autor por separado, y no mentía. Si bien no habíamos hablado de él en su momento, Salva Rubio nos había dejado francamente impresionados con su trabajo en ‘Monet. Nómada de la luz’, una aproximación a la biografía del pintor francés que, con Ricard Efa dejándose la piel en unas planchas acojonantemente bellas, fue de mis lecturas favoritas el año de su publicación. Y de Rubén del Rincón…¿Qué añadir a lo que ya expusimos en su momento cuando nos acercamos a las alucinantes ‘Las damas de la peste’ y ‘El boxeador’? Lo dicho, dos talentazos de primer orden unidos para parir un título cuya ambición nunca es capaz de superar el tesón, el empeño y el trabajo con el que ambos se vuelcan para convertir a ‘Max. Los años 20’ en uno de los mejores títulos que hemos tenido el gustazo de echarnos a la cara en lo que llevamos de 2019.

Razones para ello hay muchas y en muchos frentes. Quizás el más aparente sea el propio protagonista, descrito por Rubio con una potencia y precisión milimétrica para hacer de él todo un hallazgo irresistible al que es virtualmente imposible no adorar: esa mezcla tan bien ajustada entre personalidad misteriosa, encanto animal, talante «de vuelta de todo» y cierta debilidad capaz de seducir a una piedra hace de Max una suerte de cruce entre Rodolfo Valentino y James Bond al que, por mucho que uno se resista, termina sucumbiendo. Otro tanto cabría apuntar sobre Boske, la fémina que se cruzará con él en el meridiano de la narración y que, frágil y determinada, alocada y lúcida, sirve como perfecto contrapunto al incuestionable atractivo de Max.

Contrapunto a ambos son también un elenco de secundarios que, en un momento u otro, sirven para aumentar la definición del personaje tanto como los escenarios por los que Rubio le mueve, ya sea Barcelona, el norte de Marruecos, Marsella o París, demostrando el guionista —y el dibujante, al que ahora llegaremos— una capacidad asombrosa para la documentación, algo que redunda en que el sesgo de veracidad de todo lo que se nos narra esté muy por encima de la media. Insisto en que es algo que no debería extrañarnos si atendiéramos a lo que ya le leímos en ‘Monet’ o ‘El fotógrafo de Mauthausen’, pero no por usual resulta menos destacable.

Y eso es exactamente lo que cabe afirmar también de Rubén del Rincón: que no por tener clara que la excelencia va a ser una meta fácilmente salvable para el catalán, es menos asombroso que la oblitere de la manera que lo hace en cualquier cualidad que queramos diseccionar. Si es de diseño de personajes de lo que queremos hablar: maravillosos. Si es de escenarios a lo que queremos referirnos: asombrosos. Si es de fluidez de la narrativa lo que llevamos a nuestro escrutinio: espectacular. Si es de claridad expositiva y recursos donde queremos rascar: impoluto. Vamos, que nos pongamos como nos pongamos, tachar a las planchas del artista español de sobresalientes es lo mínimo que cabría despachar.

Tanta majestuosidad junta nos deja, eso sí, una mácula, una pequeña falta, algo inevitable y, de hecho, hasta deseable: el que queramos más y lo queramos ya. En los profusos extras que acompañan a la espléndida edición de Planeta dice Rubio que en Francia tuvo ‘Max’ muy buena acogida y que espera que en su tierra logre algo parecido. A él le diría que, aún contando con las muchas —y en ocasiones abismales— diferencias que nos separan de los números en los que se mueve el mercado francobelga, pierda cuidado porque, cuando algo es de la suma calidad de lo que encontramos aquí, la gloria es el único podio posible. El nuestro, ese que comparten las mejores lecturas de cada año, ya lo tiene; conseguir los demás, es sólo cuestión de tiempo.

Max. Los años 20

  • Autores: Salva Rubio y Rubén del Rincón
  • Editorial: Planeta Cómic
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 144 páginas
  • Precio: 19 euros en Amazon

Etiquetas

Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

Compartir este Artículo en

Deja un Comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.