‘El boxeador’, aplastante K.O

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Por más que con 52 semanas y 365 por delante, cada período de 12 meses tenga oportunidad de diseminar sus mejores hitos tebeísticos, después de tanto tiempo coleccionando tebeos y de lo que llevo escribiendo sobre ellos me atrevería a afirmar que muchas de las mejores lecturas que nos han llegado, pongamos, en los últimos tres lustros, lo han hecho siempre en los últimos sesenta días de cada año. Podría señalar aquí multitud de ejemplos que apuntan a tan curiosa “práctica editorial”, esa en la que puestos a elucubrar, parecería que los editores se guardan sus pesos pesados, no para Salones y eventos comiqueros, sino para las propicias fechas de gastos indiscriminados que son las Navidades, pero si sois de los que tenéis algo de memoria, sabréis de qué os estoy hablando sin necesidad de ejemplo alguno.

Pero no estamos aquí para realizar un vacuo —y probablemente infundado— análisis de negocio sino para abordar la que, con los ecos de las campanadas de la medianoche del 31 acercándose, se conforma como la última DESCOMUNAL sorpresa de este 2016. ¿Sorpresa? ¿Pero aún hay títulos que pueden alojarse bajo tal sustantivo? Sin duda alguna. Y es que, en el caso que hoy nos ocupa, nada podía prepararnos para lo que Manolo Carot (Man) y Rubén del Rincón nos tenían preparados. Repito, NADA. Da igual lo muy familiarizados que pudiéramos estar con el trabajo de ambos artistas. Da igual las veces que hayamos podido leer —y no han sido pocas, lo puedo asegurar—, bien lo más granado del primero en sus geniales trabajos para ‘El cliente’ o la adaptación de ‘Millenium’; bien del segundo en ese ESPECTACULAR tebeo que fue ‘Las damas de la peste’. Por mucho que quisiéramos suponer aquello que podía aguardarnos en las páginas de este volumen. Nada podía servir para que anticipáramos de forma siquiera aproximada el imparable jab con el que ‘El boxeador’ nos iba a dejar noqueados.

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Historia dual, lo primero que hay que alabar hasta la saciedad es la impresionante edición que La Cúpula, suponemos que sabedora de la suma calidad de lo que se traía entre manos, ha dedicado a esta, una de las mejores obras de este año: con el formato horizontal marcando el tono cinematográfico del relato al que nos acercan Man y Rubén, el diseño de las dos portadas a la manera de los carteles de un encuentro pugilístico, la acertada elección del gramaje del papel y la impresionante labor de impresión llevada a cabo por Aprograf Impressors se conjugan para regalarnos un volumen llamado a engalanar cualquier tebeoteca.

Y si bien el aspecto de un cómic soporta su peso específico dentro de la valoración final del mismo, es en lo que hay en sus entrañas lo que es determinante crucial para que aquella se incline hacia un lado u otro de la balanza. A fin de cuentas, no estamos hablando de un mero objeto bello con el que decorar una biblioteca, sino de un ente “vivo” que espera a ser abierto para golpearnos con toda la intensidad posible. Unos “golpes” que en el caso de ‘El boxeador’ llegan con la misma potencia desde las dos esquinas del cuadrilátero y nos encajonan contra las cuerdas dejándonos sin aliento a cada batir de página.

Da igual por dónde acometamos la lectura —ya sea por la mitad correspondiente a Man, ya la que firma Rubén del Rincón—, la forma en la que se nos narra la doble historia de Héctor y Rafa, Rafa y Héctor, se acoge de manera tan íntima a las estructuras de un relato cinematográfico que cabría pensar lo bien que llegaría a funcionar este drama dual de no ser porque, ojo, en cine, casi todo lo que leemos aquí ya lo hemos podido ver con anterioridad y no resulta complicado anticiparse al discurrir de los acontecimientos. ¿Supone ésto un lastre para la apreciación final del volumen y es lo “común” de la historia un impedimento para disfrutar de forma plena de ella? Rotundamente: NO.

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Para empezar, NO porque, aunque como digo no resulte excesivamente complejo anticiparse a los derroteros por los que el relato va virando, es en la inclusión de los pequeños detalles y en la huida consciente de algunos de los arquetipos más asociados al género del boxeo, donde ‘El boxeador’ arrasa con súbita fuerza y muestra su mejor juego de piernas: de acuerdo, como toda buena historia con púgiles de por medio, el guión enhebrado a cuatro manos por Man y Rubén del Rincón no puede —¿ni quiere?— huir de la alargada sombra que a día de hoy sigue proyectando Rocky Balboa, y es el espíritu de superación el que impregna la narración de principio a fin —a o mitad, dada la configuración del tomo—, se acerque uno a la vida del personaje que se acerque.

Ahora bien, como insinuaba, el NO más categórico se produce cuando ‘El boxeador’ se aparta de forma más que consciente de los recursos más ajados de las historias de boxeadores para insuflar vida nueva a las mismas desde la rotundidad con la que se construyen sus personajes, TODOS sus personajes, desde los dos protagonistas hasta el cosmos de secundarios que los acompañan y, sobre todo, a través del ejemplar y sutil entrelazado con el que se cosen las dos caras de la lectura, convirtiéndola en un constante juego de alusiones a la otra mitad de forma que, una vez completadas, ambas conforman un todo indisoluble y perfectamente equilibrado que deja al lector extasiado ante las constantes muestras de genio que se producen por parte de cualquiera de los dos artistas.

Man y Rubén del Rincón, Rubén del Rincón y Man, cada uno con su estilo pero bajo el mismo estandarte que supone la asunción de la reducida gama cromática que caracteriza a ‘El boxeador’ —y que ya apunta su portada, blancos y negros manchados de rojo sangre— dejan claro que han vertido ingentes cantidades de sudor para conseguir hacer de este proyecto uno de los más relevantes, sino el más relevante, de sus respectivas trayectorias. Man, con su estilo suelto y su dinámica aproximación a la narrativa secuencial, arremete contra nuestros sentidos con furia, y en muchas de sus planchas nos quedamos anonadados ante el despliegue que efectúa el catalán. Más contenido, el estilo de Rubén del Rincón deviene asimismo en una experiencia asombrosa si a lo que hemos de atender es a la extrema variedad con la que, el también catalán, acomete la concreción de sus planchas, no dando respiro al que a ella se aproxime.

El maridaje entre ambos mundos gráficos es de una solidez a prueba de cualquier golpe, venga de donde venga e intente castigar el flanco que quiera: ‘El boxeador’ hace besar la lona a cualquiera que se le ponga por delante con una actitud crítica, gana por knockout en el primer asalto, nos deja sin resuello por muy entrenados que estemos y acomete la nada desdeñable hazaña de levantar el puño unos escalones por encima de los muchos contrincantes que este 2016 se han ganado el derecho a figurar en la selección de lo mejor del tebeo patrio a ojos de este redactor. Asombroso.

El boxeador

  • Autores: Manolo Carot y Rubén del Rincón
  • Editorial: La Cúpula
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 208 páginas
  • Precio: 27,55 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector apasionado. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de adopción. Treintañero para cuarentón. ¡Ah! y escritor compulsivo tanto aquí como en Blog de cine.

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