‘Kampung Boy. Las aventuras de un niño en Malasia’, otros mundos

Parece mentira, pero ya ha pasado un año desde que cayera en nuestras afortunadas manos el que no tuvimos reparo en declarar en su momento como “cómic del año” y el que, tocando el final de 2017, fue acreedor del Premio al Mejor Cómic en la primera edición de los Premios Fancueva: decíamos entonces, allá por mediados de agosto, que ‘El arte de Charlie Chan Hock Chye’ surgía de la colaboración entre la casa comandada por Ricardo Esteban y Amok Ediciones, un sello español dedicado de manera íntegra a dar a conocer el cómic hecho en el sudeste asiático, un mundo muy desconocido que se hacía un poco más pequeño gracias al trabajo de Sonny Liew y que ahora, doce meses más tarde, vuelve a empequeñecerse algo más de la mano de Lat y su ‘Kampung Boy. Las aventuras de un niño en Malasia’.

De la misma forma que ‘El arte de Charlie Chan Hock Chye’, el principal interés de ‘Kampung Boy’ descansa sobre el descubrimiento que un occidental puede ir haciendo de las infinitas idiosincrasias que rodean a la cultura malaya, un auténtico crisol de religiones y de influencias coloniales que son desgranadas y puestas en valor nada más abrir el volumen por una excelentísima introducción firmada por Raúl Ramirez Ruíz, profesor de historia contemporánea en la Universidad Rey Juan Carlos: a través de las once páginas sobre las que se prolonga, Ramirez nos aproxima de forma didáctica y amena a las muchas realidades que conforman ese caleidoscopio que es Malasia y, al hacerlo, contextualiza de manera virtuosa lo que vamos a poder extraer de la lectura de las páginas firmadas por Lat, uno de los artistas más importantes del sudeste asiático y auténtico desconocido por estos lares…al menos hasta el momento.

‘Kampung Boy’ viene a poner llamativo y brillante remedio a tal ausencia con tal contundencia, que resulta imposible no caer rendido ante la seductora sencillez y naturalidad con la que el artista nos lleva de la mano por sus recuerdos de niñez. Una naturalidad que provoca, al margen de la eventual empatía con sus vivencias, el que nos acerquemos, sin artificios ni falsedades, a la forma en la que, por ejemplo, se vive —o vivía, los recuerdos de Lat se remontan a los años cincuenta— la religión en el país asiático o a las muchas peculiaridades que, alejándonos de él, no hacen sino evidenciar una de las mayores cualidades de la lectura: su universalidad. A fin de cuentas, ‘Kampung Boy’ es el relato de un niño, narrado por un adulto que intenta —y consigue, vaya que si lo consigue— conectar con quién fue y, al hacerlo, hace que el lector realice un viaje similar a su infancia.

Estructurado, no como un cómic al uso con viñetas, sino como una novela gráfica en el sentido más estricto del término —esto es, una novela ilustrada que, no obstante, se da a puntuales juegos propios de la narrativa secuencial—, lo desenfadado del trazo de Lat y la atención que presta al detalle en unas composiciones que, a primera vista, no parecen detalladas, hacen de ‘Kampung Boy’ una suerte de alegre celebración de la infancia, esa época que siempre echaremos en falta conforme nos vamos haciendo mayores, una etapa en la que la aventura estaba presta a la vuelta de la esquina, en la que nuestra imaginación creaba monstruos mecánicos de dónde no los había y que debería ser mimada y cuidada por unos padres que, en muchas ocasiones, no son conscientes de lo determinante que puede resultar en la futura existencia de sus hijos.

Kampung Boy

  • Autores: Lat
  • Editorial: Dibbuks & Amok Ediciones
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 160 páginas
  • Precio: 15,20 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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