‘El arte de Charlie Chan Hock Chye’, el cómic del año

Los que seguís esta página desde que iniciara su andadura hace cuatro años, sabéis que intento no ser muy dado a afirmaciones sensacionalistas y, mucho menos, a señalar a un único título como lo mejor de todo un año, y ahí están las selecciones que hacemos cuando cada periodo de doce meses toca a su fin para demostrarlo. Así pues, supongo que os habrá resultado más que sorprendente el titular que he elegido para esta reseña por cuanto no hay en el signos de interrogación: si de ‘El arte de Charlie Chan Hock Chye’ hemos de hablar, tenemos que hacerlo desde el principio con una clara idea sobrevolando nuestros pensamientos, que estamos ante el MEJOR CÓMIC que vayamos a poder leer en 2017.

De acuerdo, me reservo la acotación “sin lugar a dudas” por aquello de que todavía estamos en Agosto, faltan algo más de cuatro meses para que finalice el año y todavía quedan muchas propuestas por llegarnos de las muchas editoriales que hoy por hoy pueblan nuestro panorama tebeístico. Pero que quede algo claro: mucho tiempo hacía que este redactor no iniciaba una lectura y, cuando sólo llevaba menos de un tercio de la misma, comenzaban a asaltarle enormes sensaciones de asombro y maravilla ante unas páginas que no conocen igual, que se planteaban en firme el ofrecer un rosario sin par de mil soluciones gráficas diferentes y que conseguían, al término de un par de sesiones que se antojaron apasionantes, hacerme creer a pie juntillas que lo que aquí se narra es completamente real.

Y no lo es. Al menos no en su totalidad. Lo que Sonny Liew —justamente galardonado en los recientes Eisner con tres premios entre los que se cuenta, no podía ser de otra manera, el de mejor escritor/ilustrador— plantea en esta magna obra es un recorrido por la historia reciente de Singapur, usando para narrar los convulsos acontecimientos que sacudieron al país asiático en su proceso de separación del Imperio Británico primero y de Malasia sólo dos años después, la figura de un dibujante de cómics ficticio que, comprometido con la situación socio-política de su país, abordará temas de candente actualidad en esas mil soluciones gráficas diferentes de las que hablaba antes.

Insisto, estamos hablando…mejor dicho, Liew “habla”, de un personaje completamente ficticio, y la construcción que hace del mismo a través de las más de 300 páginas de que consta el asombroso volumen publicado de forma conjunta y exquisita por Dib-buks y Amok Ediciones —dejaremos la historia del porqué de esta edición a dos manos para otro día—, es tan realista y concienzuda, que no resulta nada extraño el que creamos, ya mientras avanzamos en la lectura, ya cuando la hemos finalizado, que hemos asistido a la biografía real de un personaje real: no es ya que el dibujante de ‘Creo en Frankie’ se reinvente en las tres o cuatro variadas personalidades gráficas que el ficticio autor desarrolla a lo largo de su ficticia carrera, es que a lo largo del volumen, Liew no escatima esfuerzos en acompañar esta biografía aviñetada de dibujos a lápiz, óleos, bocetos y falsas reproducciones de material publicitario elaborado por su creación.

ESPECTACULAR pues en su aspecto visual —y no he entrado en apuntar a los Osamu Tezuka, Walt Kelly o Harvey Kurtzman que influirán a Charlie Chan durante su carrera y que Liew imita con una efectividad alucinante que va mucho más allá de la mera copia—, y con una estructura que reta de forma permanente al lector a prestar la mayor de las atenciones a todo lo que sucede y a cómo se cuenta ese todo, es en el guión ideado por el artista malayo donde ‘Charlie Chan Hock Chye’ pasa de ser un tebeo sobresaliente a convertirse en una OBRA MAESTRA del noveno arte que, si nada lo impide, se convertirá en uno de esos títulos recordados en décadas venideras como aquellos que supusieron un instante inigualable en la historia del medio.

Porque, al margen de enhebrar una biografía que atrapa e hipnotiza por aquello de que gira en torno a un dibujante de cómics, la lección de historia que Liew organiza empequeñece por su calado y capacidad para generar sumo interés a lo que muchos libros de texto son capaces de suscitar: si bien es cierto que es muy fácil perderse entre tanto nombre, fecha y sigla de partido político, el artista malayo echa mano de la inherente capacidad pedagógica del arte secuencial para poner en valor las ideas clave del retrato histórico que presenta, y el hecho de utilizar tiras cómicas —esas en las que se imita a Walt Kelly— para trasladarnos los juegos de poder en Singapur, o el poner de relieve con un relato de ciencia-ficción la situación del país y cómo se calló a las voces insurgentes, no hace sino potenciar sobremanera la incuestionable grandeza del conjunto.

Con ‘El arte de Charlie Chan Hock Chye’ Sonny Liew ha pasado de ser “ese artista que dibuja bastante bien” a una figura referente del noveno arte a escala mundial. Que hayamos tenido la suerte que este volumen pase por nuestras manos y que haya sido Dib-buks la encargada de hacérnoslo llegar, es tan sólo un valor más que añadir a todo lo anterior y a la nada oculta personalidad de meta-ejercicio sobre el medio que imprime el artista a fuego sobre cada página de su creación. Una que, y me repito, creo que es el cómic del año. Que sí, que estoy muy pesado, que ya sé que os habéis enterado y que vais a salir corriendo a buscarlo en vuestra tienda más cercana…¿verdad? Si es así, ya me contaréis si compartís el enorme aprecio que le tengo a tan mayestático volumen o si, por el contrario, me ha dado un “siroco”. Que lo dudo —lo del “siroco”— pero cosas más raras se han visto…no sé…que me atreva a calificar de tal manera a un tebeo editado a mitad de año por ejemplo, ¿no? Vale,vale, lo dejo antes de que me linchéis…

El arte de Charlie Chan Hock Chye

  • Autores: Sonny Liew
  • Editorial: Dib-buks & Amok Ediciones
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 320 páginas
  • Precio: 28,50 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector apasionado. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de adopción. Treintañero para cuarentón. ¡Ah! y escritor compulsivo tanto aquí como en Blog de cine.

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