‘Érase una vez dos princesas’, un cuento LGTBI

Leía no hace mucho en Twitter, cuando La Cúpula anunciaba la salida de ‘Érase una vez dos princesas’, a alguien que se preguntaba que cuál había sido el momento en que la editorial barcelonesa había pasado de ser la casa de los cómics indies más recalcitrantes al hogar de los cómics más cuquis del lugar. No exento de mucha razón, lo elocuente y muy simpático del comentario se basa en un puñado de títulos cada vez más considerable que la editorial ha ido publicando en los últimos años: ‘La sociedad de los dragones de té’, ‘En un rayo de sol’, ‘Laura Dean me ha vuelto a dejar’, ‘El beso número 8’, ‘Bahía Acuicornio’, ‘Pepino. Héroe de leyenda’ o este ‘Érase una vez dos princesas’ son ejemplos más que llamativos de esta nueva tendencia de la casa que, si algo se merece —y se ha merecido ya con creces a lo largo de este 2019— es nuestro más sincero aplauso y el reconocimiento que llegará dentro de pocas semanas hacia alguno de los volúmenes que acabamos de citar.

De lectura rápida, el nuevo trabajo de Katie O’Neill, responsable de dos de los tebeos anteriormente nombrados, tiene un claro objetivo en mente. Uno que ya se observaba en la sutil forma de tratar a los personajes de ‘Bahía Acuicornio’ y que aquí abandona las medias tintas y abraza por completo un mensaje que aleja a este cuento de las fórmulas preestablecidas con las que hemos crecido incontables generaciones. Ya sabéis, esa de princesa que cae perdidamente enamorada de príncipe que la tiene que salvar de las garras de algún malvado o malvada que o la quiere para sí o la envidia por su belleza y bondad. Aquí hay princesas, sí, dos para ser exactos; y hay príncipe, por supuesto, pero es un cobardica redomado; hay reina malvada también, que no quiere que su bondadosa hermana acceda al trono; y también hay criaturas fantásticas que comparten protagonismo con los humanos. Vamos, que tenemos todos los elementos que conforman un cuento habitualmente pero dispuestos por O’Neill de tal manera, que su clarísima intención es construir un nuevo paradigma que se aleje raudo de la concepción heterosexual de las narraciones tradicionales. Y a fe mía que lo consigue.

Con su tono desenfadado y alocado, la simpatía desbordante que impregna todo el conjunto, el muy agradable estilo gráfico tan característico de la artista —y que tantas barreras logra derribar—, la historia de Amira y Sadie no podría estar más lejos de las de Blancanieves, Cenicienta o Aurora. Recogiendo el testigo de todas ellas —y de todas esas incontables princesas que Disney nos ha vendido desde siempre…hasta que, por fin, parece haber dejado de hacerlo de un tiempo a esta parte— y actualizando patrones y fórmulas sin grandes aspavientos, la demoledora sencillez con la que O’Neill esgrime su mensaje de libertad y de no encastrado de la identidad sexual a dos moldes rígidos y únicos, convierte a este escueto volumen en una lectura que, a mi humilde entender, resulta más que recomendable para poner en manos de nuestros hijos y que, a través de ella, reforcemos ciertos conceptos que son inexcusables en este mundo y esta sociedad en la que nos ha tocado vivir.

Érase una vez dos princesas

  • Autores: Katie O’Neill
  • Editorial: La Cúpula
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 64 páginas
  • Precio: 14,90 euros

Etiquetas

Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

Compartir este Artículo en

Deja un Comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.