‘Laura Dean me ha vuelto a dejar’, enamorarse

Portada de Laura Dean me ha vuelto a dejar

Nos hemos enamorado. Hasta los huesos. Ha sido abrir sus páginas y sentir un flechazo intenso, mariposas en el estómago, cosquilleos en los dedos y todas los síntomas que suelen asociarse al proceso químico que se opera en nuestro cerebro cuando nos vemos obligados a caer rendidos ante alguien o, como es el caso, algo. Nos hemos enamorado. Y no es la primera vez que lo hacemos este año de un tebeo publicado por La Cúpula. Ya lo hicimos, hace unos meses, cuando el primer volumen de ‘Un rayo de sol’ nos cogió completamente por sorpresa y nos dejó en vilo durante poco más de los treinta días que tardamos en poder dar cuenta de su segunda y maravillosa parte.

Nos hemos enamorado. Y resulta cuanto menos curioso que lo hayamos hecho, como ya nos pasara con el proyecto de Tillie Walden, de un tebeo que, eso sí, desprovisto de cualquier argumentación de ciencia-ficción, nos habla de la libertad y del amor en sus definiciones menos ortodoxas arcaicas, introduciendo conceptos que, para alguien heterosexual de manual como el que esto suscribe, son tan ajenos y, por qué no decirlo, tan raros, que se ha visto obligado a interrumpir la lectura a los pocos compases para intentar, buscando la información pertinente, tener las ideas claras a la hora de entender lo que Mariko Tamaki nos cuenta en esta tragicomedia romántica con alma LGTB y resonancias universales.

Nos hemos enamorado. Y creo que la primera razón de dicho enamoramiento es precisamente que un tebeo sobre los problemas de una adolescente de 16 años cuya novia no para de cortar con ella, sumiéndola en un constante dudar sobre sí misma, sepa trascender las fronteras de la comunidad LGTB con la contundencia de la que ‘Laura Dean me ha vuelto a dejar’ hace gala y se alce indiscutible como un espléndido y lúcido tratado sobre las relaciones de pareja, así sin calificar, o, por supuesto, sobre ese turbulento y hormonado periodo de nuestras vidas que es la adolescencia tardía, cuando ya nos faltan pocos pasos para cruzar el umbral ideológico de los 18—fantástico el diálogo al respecto de dicha edad que tienen la protagonista y su mejor amiga—, pero nuestro cuerpo y, más importante, nuestras ansias, ya se sienten muy adultas y preparadas para aceptar las responsabilidades y ventajas que conlleva entrar en el mundo de nuestros padres, ese en el que hemos crecido pero que siempre nos ha sido tan ajeno. El planteamiento de Tamaki para conseguir ese espíritu de universalidad que echa abajo todas y cada una de tus cínicas defensas y tus ridículos prejuicios es una sencillez arrebatadora de principio a fin sembrada en lo tridimensional de todos y cada uno de los personajes y con frutos que abarcan un amplio espectro de valores pero, sobre todo, de emociones.

Nos hemos enamorado, y Freddy Riley ha sido claro objetivo de ese amor: la joven que sufre los desaires de una clarísima relación tóxica de la que no sabe salir —hay ocasiones en las que uno le gritaría a una página en cuestión para ver si «cayera la breva» y Freddy viera lo que tiene delante— es trazada por la guionista como una niña sensible, buena y, sobre todo, superada por la indiferencia y los aires de superioridad que gasta la Laura Dean que da nombre a la obra. Y así descrita, no tenemos otra que sentir una tremenda empatía por ella, porque su sufrimiento es, en parte, el mismo que hemos podido sentir nosotros en algún momento de nuestras vidas cuando nos han rechazado o nos hemos topado de frente con el desengaño amoroso.

Nos hemos enamorado. Y lo hemos hecho de la cabeza a los pies, de los pies a la cabeza, aunque sea un amor inusual por razones que ahora comentaré, del dibujo de Rosemary Valero-O’Connell y de este estreno en la novela gráfica con la que la artista americano-española se presenta al que esto suscribe —quizás alguno de vosotros leyera su trabajo para ‘Academia Gotham’, pero por aquí no fue el caso—: de trazo afable y ondulado influido notablemente por ciertos parámetros derivados del manga, lo que más nos sorprende del encanto que rezuman las páginas de la artista, más allá de su curioso uso del color —al margen de los grises, sólo es el rosa pálido el que mancha, de forma aparentemente anárquica, las planchas del volumen—, es que la total ausencia de fondos en un muy alto porcentaje de la lectura no altere en absoluto nuestra percepción acerca de lo espléndido de su configuración final. Dicho de otra forma, en cualquier otro caso, esa flagrante ausencia de «escenarios» hubiera sido argumento clave para echar por tierra parte —o incluso todo— del esfuerzo de la dibujante; pero aquí se torna en inesperada virtud que concita, al unísono con el guión de Tamaki, todo un rosario de emociones a flor de piel.

Nos hemos enamorado de ‘Laura Dean me ha vuelto a dejar’. ¿A qué esperas tú para hacerlo?

Laura Dean me ha vuelto a dejar

  • Autores: Mariko Tamaki y Rosemary Valero-O’Connell
  • Editorial: La Cúpula
  • Encuadernación: Rústica con solapas
  • Páginas: 290 páginas
  • Precio: 28,02 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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