‘Epílogo’, doble sorpresón

Fue un instante triste cuando, hace un puñado de meses —ahora mismo la memoria no me alcanza a determinar si estamos hablando del año pasado o principios de este— supe que Ricardo Esteban abandonaba Dib-buks. La compañía que había levantado con tremenda ilusión hacía cosa de década y media y a la que quisimos distinguir en la primera edición de nuestros premios con el galardón a la Mejor Editorial española se quedaba sin esa fuerza de la naturaleza imparable que era un editor que, si algo había demostrado a lo largo de esos tres lustros de actividad infatigable, era conseguir que si algo nunca pudiera afirmarse acerca de Dib-buks es que no arriesgaba poniéndose la variedad por montera.

Pero por lo poco que lo conocía —y conozco— tenía la certeza de que no pasaría mucho tiempo antes de volver a saber de él. Y cuál no sería mi sorpresa cuando, hace como tres semanas, recibía en nuestra cuenta de correo un boletín de novedades de un nuevo sello llamado Nuevo Nueve y me encontraba conque el editor jefe de tan inesperada singladura era, huelga decirlo, nuestro estimado Ricardo Esteban. Esa es la primera de la doble sorpresa —bueno, sorpresón— al que alude el título de la reseña.

El segundo término de la misma se circunscribe al nombre que firma ‘Epílogo’, un Pablo Velarde del que servidor sólo tenía una única —y fantástica— referencia, la de su ‘Custodia compartida’, un volumen hilarante que recordaba, y mucho, a Mafalda, y con el que nos partíamos de risa a placer hace un par de años. Más, cuidado, puesto que pretender encontrar argumentos comunes entre ambos títulos más allá de la mano y la imaginación de la que salen es total y completamente imposible.

Parte historia de intriga, parte drama, parte viaje a otra época, parte puesta en valor de las muchas y abismales diferencias generacionales que hubieron de abrirse por narices entre los padres defensores del franquismo y los hijos que vivieron el aperturismo de la transición y abrazaron con denuedo la llegada de la democracia a nuestro país, parte ejercicio que parece servir a Velarde para exorcizar algún demonio personal —aunque los años no casen del todo, no cuesta mucho acercar al protagonista de esta retorcida historia a su creador—, ‘Epílogo’ es un soberbio ejemplo de cómo narrar con calma y sin premura lo que se quiere trasladar al lector.

Partiendo de una estructura de seis viñetas —2 x 3— que ya dejan entrever que no es la rapidez lo que interesa al autor, la alteración a placer de ese esquema, pasándolo a tres viñetas panorámicas o a otras formulaciones que siempre miran en reducir el número de espacios en los que se dispone la acción, hablan muy claro, no sólo de un ritmo preciso, sino de la sólida capacidad del sevillano para, con tan rígido esquema, desenvolverse con suma soltura y dejar que sea la claridad expositiva y narrativa la que rija una deambular por un relato que se salda dando una sonora hostia a los que, como yo, no se vean venir su conclusión, ese epílogo de veinte páginas que nos deja con la mandíbula desencajada y una expresión de estupefacción que suma, y de qué manera, considerables enteros a un volumen que sin él ya consigue superar holgadamente el notable.

Epílogo

  • Autores: Pablo Velarde
  • Editorial: Nuevo Nueve
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 240 páginas
  • Precio: 26,60 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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