‘El humano’, el tándem INFALIBLE

Diagnósticos‘ fue, a todas luces, una de las lecturas más fascinantes, asombrosas y diferentes a las que nos pudimos asomar a lo largo de 2016. Lo que Diego Agrimbau y Lucas Varela postulaban en su acercamiento a seis enfermedades raras que alteran el estado cognitivo de los que las padecen, daba pie a los argentinos a plantear una lectura que se paseaba sin temor por terrenos oníricos y paisajes de pesadilla, trasladándonos a la incómoda y asombrosa posición de aquellos que sufren afasia, sinestesia o claustrofobia, por citar los tres ejemplos más conocidos del sexteto que vertebraba el volumen publicado por La Cúpula.

Desde entonces, desde ese instante afortunado en que pudimos dar cuenta de tan asombroso álbum, muchos han sido los instantes en que servidor ha deseado que Agrimbau y Varela volvieran a juntar talentos y nos regalaran de nuevo lo que fuera que quisieran plantearse. Y hete aquí que, cuatro años más tarde, volvemos a encontrarnos con el tándem en ‘El humano‘, un relato de ciencia-ficción que, partiendo de postulados que en cierto modo evocan a los que utilizaba Pierre Boullez en ‘El planeta de los simios‘, se posiciona ya, cuando todavía no hemos llegado a la mitad de este 2020 que tan recordado será por la humanidad, como una de las mejores lecturas que hemos podido hacer este año y, por supuesto, como indiscutible favorita para llegar a diciembre y, quizás, hacerse con algún puesto en los Premios Fancueva.

Logros futuros al margen, ‘El humano’ sirve a Agrimbau —del que hablamos hace dos días largo y tendido a colación de ese otro maravilloso relato de ciencia-ficción que es ‘Cieloalto‘— para explorar esa faceta del género que, partiendo de visiones de futuros muy lejanos —tan lejanos como medio millón de años— sirven para reflexionar sobre nuestro yo actual. Pero el argentino no se acomoda en que dichas reflexiones se circunscriban de manera estricta a nuestra posición como humanidad en este instante del s.XXI, sino que va más allá e intenta diseccionar la esencia misma del ser humano en un discurso que macla con tremendo tino disquisiciones existencialistas y religiosas, planteando al lector meterse en la piel de dos figuras a priori completamente antitéticas: la de un androide y, enfrentado a él, la del humano que da título al volumen, un científico que, arrojado al futuro por propia voluntad, aterriza en una Tierra en la que todo rastro de nuestra especie ha quedado borrado dejando paso a bestias homínidas.

Habiéndose acercado hasta ahí a lo que Boullez planteaba en ese relato que de manera tan asombrosa nos acercó Franklin J.Schaffner en cine —y que tan maravillosa trilogía nos ha dejado en el séptimo arte recientemente—, Agrimbau comienza no obstante a dejar atrás cualquier parecido razonable que pudiera haber con él y deja que su idea crezca a través de cinco capítulos que muestran la progresiva degradación de la psique del protagonista cuando descubra que, en contra de lo que se había planeado inicialmente como parte del experimento que lo arrojó al futuro —porque fue eso, un experimento y no un azaroso evento como planteaba la cinta protagonizada por Charlton Heston—, sólo tiene la compañía de los androides que él mismo diseño junto a su mujer tantos siglos atrás.

Conforme la lectura avanza, Agrimbau se apoya sobremanera en la sobresaliente forma que tiene Varela de interpretar las directrices del guión, dotando a ‘El humano’ de cualidades que lo acercan, no podía ser de otra forma, al magistral trabajo que el dibujante llevo a cabo en solitario en ese enorme álbum que es ‘El día más largo del futuro‘: quizás algo menos elocuente en el discurso gráfico que el que le era necesario enhebrar en un tebeo que carecía de palabras que complementaran el discurrir de la acción, pero igual de preclaro en lo que a la elegante sencillez de su trazo o la eficacia y limpieza de su narrativa se refieren, lo limitado de la paleta de colores que Varela elige, haciendo descansar el conjunto de forma mayoritaria en escalas de gris y rojo, aumentan sobremanera la efectividad del discurso que ‘El humano’ intenta trasladar al lector al aludir, sobre todo con el rojo, a lo primario que habita en parte de lo que postula Agrimbau.

Esa parte, en la que se explora con ahínco como hasta la mejor de las intenciones quedan corrompidas por nuestra natural ansia de poder y de creernos el centro del cosmos, queda enmarcada por todo un rosario de reflexiones adlátere que potencian lo que uno puede sacar de ‘El humano’. Unas reflexiones que hacen que, por unos momentos, nos miremos desde fuera y que, ferozmente críticas con los instintos más básicos que mueven a nuestra especie, no podrían haber llegado en un instante histórico más adecuado que la extraordinaria situación de confinamiento que nos ha tocado vivir debido al COVID-19.

El humano

  • Autores: Diego Agrimbau y Lucas Varela
  • Editorial: La Cúpula
  • Encuadernación: Rústica con solapas
  • Páginas: 168 páginas
  • Precio: 23,75 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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