‘Diagnósticos’, doctorado en narrativa

Diagnosticos

Por separado, sus nombres han quedado asociados a tres de las lecturas más estimulantes y brillantes que nos ha dejado el tebeo hispano en lo que llevamos de siglo. De una parte, tenemos al guionista Diego Agrimbau, un escritor argentino al que los amantes de la ciencia-ficción le debemos los dos álbumes de ‘Último Sur’ —ambos publicados por Norma y ambos de lectura más que obligada— y esa enorme sorpresa llamada ‘Planeta Extra’ que se alzó vencedora en el I Premio Internacional del Cómic de Planeta DeAgostini que la editorial concedió allá por 2009. De la otra, a un compatriota suyo llamado Lucas Varela que, junto a Carlos Trillo y de la mano de Dib-buks nos dejaba completamente anonadados con sus capacidades gráficas en la soberbia ‘La herencia del coronel’. Separados, dos genios del noveno arte. Juntos, dos genios que han dado a luz una de las mejores lecturas de 2016. Porque ‘Diagnósticos’ es, de partida y sin reservas, uno de los tebeos que de forma más taxativa ha retado a este redactor en los ocho meses largos que llevamos de un año que no cesa en dejarnos sorpresas de toda índole en un mundo, el de los cómics, del que gracias a productos como éste que hoy os traemos, es una gozada formar parte.

Bajo el pretexto de dar forma visual a seis enfermedades que tienen que ver con cómo percibimos el mundo que nos rodea —Agnosia, claustrofobia, sinestesia, afasia, akinetopsia y prosopagnosia— no hay atisbo de unidad a nivel de guión en el conjunto que conforma ‘Diagnósticos’. Es más, diríase que la intención de Agrimbau es completamente opuesta a aquella de la que echaban mano Frederick Peeters o Paco Roca en ‘Píldoras azules’ o ‘Arrugas’: no existe aquí, al menos no de partida —otra cosa es lo que en última instancia trasladan las páginas del álbum— una vocación aleccionadora sobre las enfermedades de que se habla, ni se trata de humanizar las mismas acercando su realidad desmitificada a los lectores que las desconocieran. Antes bien, Agrimbau echa mano de ellas, como podía haberlo hecho de otras, para cubrir junto a Varela la pulsión de explorar los límites de la narrativa secuencial, y a fe mía que lo hacen…y de qué manera.

Como quiera que cada doce páginas —ocho de historia, una con una sucinta ilustración central de cierre y las tres que, a modo de prólogo, definen la enfermedad de turno y concretan, como si de una “mariquitina” se tratara a la protagonista femenina que sufre el mal— ‘Diagnósticos’ se reinventa por completo tanto en lo que se refiere a Agrimbau como, sobre todo, en lo que respecta a Lucas Varela, creo de recibo dedicar seis breves párrafos a precisar lo que uno puede esperar de la lectura de este fabuloso volumen y así poder dar una idea más aproximada de por qué se sitúa, como apuntaba al comienzo, en tan elevado rango. Dejando ya claro que la calidad de lo que escribe Agrimbau en todos y cada uno de los episodios es incuestionable, me vais a permitir que las líneas que encontraréis a continuación se centren de forma mayoritaria en la componente visual, fascinante hasta extremos inusuales.

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1. Agnosia: la incapacidad para reconocer los objetos por sus cualidades es la que, de forma angustiosa, abre una lectura que nos presenta a Eva, una chica que se somete a un tratamiento experimental para paliar los efectos de la enfermedad. Tratando de ponerse en la piel de la afectada, Varela imagina un mundo surrealista nacido de las peores pesadillas de Dalí o el Bosco que, en la última viñeta, encuentra concisa explicación, dejando al lector con una sensación de desasosiego que, de una forma u otra, mantendremos el resto de las 84 páginas.

2. Claustrofobia: cambiando por completo de estilo y paleta de colores —en la agnosia eran los térreos, aquí el protagonismo lo tienen el gris, el negro y el rojo— es en esta ocasión de mano de Soledad de quienes los autores se sirven para acercarnos al miedo a los espacios cerrados. Jugando a placer con la página para crear con ella efectos visuales de perspectiva y dando así un efecto tridimensional alucinante al conjunto, el concepto metalingüista de fondo que trasciende de tan opresivo acercamiento a la claustrofobia es, sin lugar a dudas, uno de los mayores hitos que coronan los autores en ‘Diagnósticos’.

3. Sinestesia: oir imágenes o ver sonidos es el mal que Lola, una colaboradora de la policía, ha convertido en un talento para arrojar luz sobre ciertos crímenes de difícil resolución. De nuevo con el negro, el gris y el rojo de protagonistas, la personalidad noir en la que se mueve la sinestesia se entremezcla con ciertas dosis de ciencia-ficción para dar como resultado un relato al que, como los mejores ejemplos del género policíaco, resulta imposible anticiparse, manteniéndonos los autores inquietos de principio a fin.

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4. Afasia: trastorno del lenguaje que impide formar mensajes verbales de forma correcta, es en las ocho páginas que conforman afasia donde Agrimbau y Varela vuelven, como ya hicieran en claustrofobia, a indagar de forma más abundante en la exploración de esas fronteras de la narrativa secuencial de las que hablaba antes. Aquí, en lugar de jugar con la estructura de la página y de la composición de las viñetas, lo que hacen los argentinos es contar una historia sin diálogos en la que se echa mano de todo tipo de elementos para dar voz a Miranda. Y cuando digo todo tipo de elementos, me refiero a que la voz de la joven forma parte desde carteles publicitarios a revistas, pasando por un extensísimo etcétera en el que hay cabida para productos de higiene personal, la taza del desayuno, un condón abierto o la pizarra de un aula. En todas ellas vamos viendo relatada la angustia por la que discurre la existencia de la protagonista hasta llevarla al brote que cierra de forma espeluznante la narración.

5. Akinetopsia: dañado el lóbulo temporal de Ryoko tras un intento fallido de suicidio, su percepción del movimiento es alterada y utilizada de forma brillante por Varela para trazar unas viñetas dinámicas que juegan con diferentes planos temporales a fin de trasladarnos aquello que imposibilita la correcta vida de la protagonista. El recurso, que se asemeja por momentos a aquellas viñetas 3D de algunos tebeos de antaño observadas sin las gafas pertinentes —o no tan de antaño, sólo hace falta acercarse al ‘Joyners’ de David Marquez para saber de qué hablo— es, en última instancia, una muestra más del talento de Varela para aproximarse de forma asombrosa a algo que la mera palabra tendría complicado poder definir con la elocuencia que se hace aquí.

6. Prosopagnosia:g una invasión extraterrestre es la excusa que Agrimbau utiliza para servir como base al acercamiento a una dolencia que incapacita al enfermo a reconocer la identidad de un rostro, sea el que sea. El cinismo del que hace gala el relato, sustituyendo las caras de los protagonistas por esos Emojis que de un tiempo a esta parte sirven para comunicar en nuestras “conversaciones” vía Whatsapp estados de ánimo o la intención de un mensaje en concreto, revela la carga de crítica de fondo de un relato que arremete contra la despersonalización a la que este mundo globalizado parece querer someternos.

Insisto una vez más: ‘Diagnósticos’ es la prueba palpable de que la exploración de los recursos del noveno arte es un proceso vivo de infinitas posibilidades que, con talento por detrás, puede dar como resultado lecturas que, como la que hoy os hemos traído, se propongan “volarnos la cabeza”. Que lo consigue, y lo hace de una forma que sólo puede ser calificada como MAGISTRAL, es lo que nos llevaba, líneas arriba, a situar al trabajo de Agrimbau y Varela como uno de los más importantes que tendremos la oportunidad de leer durante 2016.

Diagnósticos

  • Autores: Diego Agrimbau & Lucas Varela
  • Editorial: La Cúpula
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 84 páginas
  • Precio: 17,96 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector apasionado. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de adopción. Treintañero para cuarentón. ¡Ah! y escritor compulsivo tanto aquí como en Blog de cine.

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