‘El día más largo del futuro’, sin palabras

Una constante impresión de sorpresa y una superlativa admiración fueron dos de las muchas sensaciones que ‘Diagnósticos’ provocó en este redactor hasta tal punto que me vi impelido sin remedio a incluir al volumen de Diego Agrimbau y Lucas Varela entre la selección de lo mejor que nos había dejado el tebeo en español durante 2016: la genialidad gráfica del álbum, el constante reto al lector y el perpetuo juego con los mecanismos del arte secuencial con que los autores caracterizaban 84 páginas de auténtico genio, colocaban a aquellos capítulos sobre enfermedades que alteran la percepción de la realidad en una posición envidiable dentro de la vasta oferta que nos llegó el pasado año en formato impreso, situando a sus dos artífices en el futuro punto de mira personal. Dicho de otra manera, no iba a dejar pasar la oportunidad de hacerme con lo que fuera que Agrimbau y Varela, juntos o por separado, tuvieran a bien regalarnos a los lectores a partir de entonces.

En solitario, sin palabras y eligiendo un género por el que tengo especial predilección, ha sido como Varela ha elegido presentarse ante nosotros este 2017 de la mano de ‘El día más largo del futuro’, una obra que, si bien no llega a los límites de pura genialidad que el argentino gastaba en ‘Diagnósticos’ —ante todo, porque la historia no lo requiere—, es la demostración definitiva de que el talento gráfico que desplegaba en ésta no era fruto de la casualidad, cuajando en este muy peculiar y brillante volumen una lectura soberbia en la que en ningún momento se echan de meno ni textos de apoyo ni bocadillos de diálogo, un hecho éste que afirma con contundencia, acaso más que cualquier otra disquisición, de lo inusual, sólido y ejemplar en un artista que, desde ya, forma parte de mis dibujantes favoritos.

Como reza el título, la acción que recogen las 140 páginas de ‘El día más largo del futuro’ se sitúa en un tiempo todavía por venir en el que dos mega-corporaciones controlan los destinos de la humanidad, enfrentándose con uñas y dientes y recurriendo a cualquier estratagema que se ponga a tiro para evitar que la otra se haga con más clientes. La última con la que una de ellas ha dado es hacer uso de la tecnología extraterrestre que, rescatada de un OVNI que se ha estrellado en la Tierra, consiste en un simple pero mortífero maletín. Puesto en manos de un oficinista soñador, el objeto no es más que el catalizador del que Varela echa mano para, a través de una narrativa de precisión asombrosa, ofrecer ciertas reflexiones acerca de, por supuesto, el preocupante papel de las corporaciones en nuestra vida diaria así como de la necesidad de imaginar para no dejar que el trabajo nos convierta en meras máquinas, algo que acerca a la lectura a ese clásico inconmesurable del cine que es el ‘Tiempos modernos’ de Charles Chaplin.

La limpieza y pulcritud con la que Varela acomete tal tarea se concreta en unas planchas fascinantes en su minimalismo y maravillosas en su talante hipnótico, y quisiera creer que en ellas se dejan notar las influencias tanto de Chris Ware como Seth, dos artistas cuya obra parece latir en el portentoso corazón que impulsa tan soberbia lectura. Varela no necesita valerse de palabras para hacer que su obra sea inteligible y conseguir que al que se sienta al otro lado de las páginas no le quepa duda alguna acerca de qué está abordando y cuáles son los significados de aquello que tiene ante sus ojos. Con tal logro por bandera, a quién deja sin palabras es a un lector que, asombrado y maravillado, cae tan rendido a los pies de lo que aquí descubre que no debería extrañarse si, al terminarlo, siente la imperiosa necesidad de volver al principio y repetir experiencia. Y eso, amigos, es algo que no sucede muy a menudo.

El día más largo del futuro

  • Autores: Lucas Varela
  • Editorial: La Cúpula
  • Encuadernación: Rústica con solapas
  • Páginas: 140 páginas
  • Precio: 19,48 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector apasionado. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de adopción. Treintañero para cuarentón. ¡Ah! y escritor compulsivo tanto aquí como en Blog de cine.

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