Breccia: el tormento, la furia y el éxtasis

Obviedad inicial. Necesaria, pero obviedad a fin de cuentas: Alberto Breccia era un GENIO del noveno arte, una auténtica fuerza de la naturaleza narrativa y gráfica como pocas ha habido en la historia del medio y una que, además, está tremendamente pegada al terrible momento histórico que le tocó vivir y que, de manera indefectible, marcó a fuego su personalidad y, por ende, la de un arte que no ha conocido igual en la narrativa secuencial. Ese momento histórico, el de las dictaduras que fueron sucediéndose en su Argentina adoptiva desde la Década Infame a comienzos de los años 30, hasta el Proceso de Reorganización Nacional de Videla, que acabaría en 1983, fue caldo de cultivo para que Breccia, y otros coetáneos suyos, ofrecieran al mundo títulos que hoy se consideran auténticos puntales de la historia del tebeo mundial, llámense éstos ‘El Eternauta‘, llámense, por supuesto, ese descomunal proyecto llamado ‘Mort Cinder‘ que unió a Breccia y H. G. Oesterheld y que nunca cesará de sorprendernos por más que nos acerquemos a él.

Trascendidas esas décadas de convulsión y terror que marcaron al uruguayo, el Breccia que encontramos en las páginas de los tres volúmenes que hoy os traemos es un artista que, aún en pleno estado de inquietud y búsqueda de nuevas soluciones con las que sorprender a los lectores, utiliza la página como vehículo de suma exploración en el que toda técnica y todo recurso tiene cabida mucho más allá del lápiz y la tinta: conservando de manera plena la arrebatadora personalidad que había caracterizado sus trabajos anteriores, el Breccia que encontramos en ‘Un tal Daneri‘, en ‘Había otra vez…el lado oscuro de los cuentos infantiles‘ y en ‘El corazón delator y otros relatos extraordinarios de E.A.Poe‘ es un artista consumado que, liberado de toda atadura de convencionalismos —si bien llamar convencional a lo que había hecho con anterioridad es un eufemismo como una catedral— destina todos y cada uno de sus esfuerzos a llevar un paso más allá a un medio por el que sentía auténtica y desaforada pasión.

Pasión era también la que sudaba Carlos Trillo por el noveno arte y, en ese terreno compartido, los dos álbumes que publica ECC son enormes ejemplos de la versatilidad que el guionista argentino siempre tuvo como máxima —sólo hay que asomarse a sus MAGISTRALES colaboraciones con Horacio Altuna en ‘Las puertitas del señor López‘ o ‘El último recreo‘ para apercibirse de tal cualidad—: ya sea manejando con inmensa soltura los engranajes de un género negro que se atavía de nuevas tonalidades de oscuridad gracias a su mala baba; ya sea paseándose por retorcidas y aún más metafóricas versiones de los cuentos de siempre, los guiones de Trillo, en perfecta y precisa sincronía con las ilustraciones de Breccia, son de esos que te se te meten por debajo de la piel, que incomodan a tus tripas y que te agarran por las gónadas para retorcerlas a placer. Y, aún así, por toda tortura a la que te someten, es imposible no sentir una total admiración por la manera en la que el argentino juntaba letras y palabras, ya fuera para recorrer las sombrías y tétricas calles del barrio bonaerense de Mataderos y dibujar en él un sombrío y tétrico detective en la que supuso su primera colaboración con Breccia; ya para reinventar Caperucita, la Bella Durmiente o Cenicienta en unas claves contemporáneas que, alejándose al galope de las dulcificadas versiones Disney, daban una vuelta de tuerca a narraciones que nunca habían encontrado tan pervertidas y locuaces miradas.

Y si de locuacidad hay que hablar, ¿qué decir de un Breccia que de uno a otro proyecto se viste con ropajes completamente diferentes? Pues casi lo mismo que habría que afirmar si hubiéramos de comparar cualquiera de ellos dos con ‘El corazón delator’ que sirve a Astiberri para recopilar las diversas incursiones que el artista hizo en solitario sobre el terror gótico de Edgar Allan Poe: que con la plancha en blanco como lienzo, los collages, las texturas, los juegos de repetición, las manchas de tinta, el control del ritmo narrativo —hasta llevarlo al paroxismo con la historia que abre el álbum de la editorial bilbaína— y las mil y una experimentaciones a las que, atónitos, podemos asomarnos, es bien evidente que claro que calificar a Breccia de MAESTRO es, quizás, quedarse a considerable distancia del apelativo que habría que otorgar a una figura tan determinante en el arte secuencial.

Tres álbumes, dos autores y una única conclusión: lo IMPRESCINDIBLE que resulta para cualquier amante del tebeo asomarse cuanto antes a cualquiera de ellos —preferiblemente a todos ellos, claro está—. Es imposible medir la influencia que Breccia ha ejercido en generaciones posteriores de artistas del medio, como también lo es tratar de ponderar cuál de sus trabajos, en lo estrictamente gráfico, es mejor que otro: tendremos nuestros favoritos, claro está —servidor nunca dejará de beber los vientos por las planchas de ‘Mort Cinder‘—, pero cada viñeta, cada figura, cada fondo y cada composición de página que salía de la mano del uruguayo exudaban tanto conocimiento y tanto genio que cualquier tebeófilo que nunca se haya asomado a ellas debería tener dicha aproximación como vergonzosa asignatura pendiente. Astiberri y ECC, ECC y Astiberri nos lo ponen en bandeja para saldar tan lamentable deuda, ¿de verdad vais a dejar pasar la oportunidad?

Un tal Daneri

  • Autores: Carlos Trillo y Alberto Breccia
  • Editorial: ECC Ediciones
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 72 páginas
  • Precio: 14,20 euros en Amazon

Había Otra vez… El Lado Oscuro De Los Cuentos infantiles

  • Autores: Carlos Trillo y Alberto Breccia
  • Editorial: ECC Ediciones
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 64 páginas
  • Precio: 14,20 euros en Amazon

El corazón delator y otros relatos extraordinarios de E. A. Poe

  • Autores: Alberto Breccia
  • Editorial: Astiberri
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 96 páginas
  • Precio: 19 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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