‘Peak Oil’, adiós al oro negro

Como comentaba en la entrada de los Premios Fancueva que dio cierre al 2017, es nuestra firme intención que este 2018 vea en estas líneas virtuales una presencia constante de los juegos de mesa a través, al menos, de una reseña semanal. Intentaremos que sean más, porque somos muy conscientes de que sólo con una aparición semanal será casi imposible dar salida a todo lo que vea mesa en los doce meses que acaban de empezar, pero no quiero prometer nada que después, por circunstancias ajenas a mi voluntad, no pueda cumplir. Más dejémonos de preámbulos y zambullámonos de lleno en el mar de negocios sucios, inversiones cuestionables y juegos por el dinero que nos planteaban los chicos de la española Two Tomatoes con su Kickstarter de ‘Peak Oil’.

Diseñado por Tobias Gohrbandt y Heiko Günther, y definido en la portada como un “juego de crisis y beneficio”, ya dediqué unas muy sucintas palabras a ‘Peak Oil’ en el último párrafo de la entrada dedicada a los Mejores Juegos de Mesa de 2017 por cuanto me parecía que no citarlo era dejar coja la selección de títulos que más me habían gustado de los publicados durante el pasado año. Las razones para ello son variadas, pero pasan por la que considero mejor virtud de la propuesta de Two Tomatoes: lo novedoso de sus mecánicas y lo muy interesante que resulta la forma de planificar las acciones durante el transcurso de la partida.

En el ‘Pico Petrolero’ —el momento de un futuro no muy lejano en que el valioso oro negro se agotará y habremos de recurrir a fuentes de energía alternativas— nos ponemos en la piel del presidente de una compañía petrolera que, sabedor de la proximidad de ese inexorable instante en el que habrá que prescindir del combustible fósil, tiene que tratar de equilibrar la extracción del preciado líquido para, con los beneficios obtenidos por su venta, conseguir apropiarse de las nuevas tecnologías que, en forma de start-ups, determinarán el movimiento del mundo. En ese intento habrá que utilizar acciones que queden dentro de la legalidad y otras que no lo sean tanto, haciendo frente al tiempo a crisis de relaciones públicas en las que se nos complicarán sobremanera las cosas.

Todo ello queda inmerso en un juego de elegante diseño que, como decía algo más arriba, me ha convencido sobremanera por sus mecánicas. Primero, por la simplicidad de las mismas; después, por la forma en la que van combinándose para generar muchas posibles estrategias que puedan conducir a la victoria. La primera cualidad, su simplicidad, queda puesta de manifiesto por lo fácil que es, a priori, jugar un turno: comenzamos siempre haciendo una acción, después movemos al agente que hizo dicha acción y, para finalizar el turno, movemos a un segundo agente que, y aquí viene el primer punto a favor de las mecánicas, será el que determine qué acción haremos en nuestro siguiente turno.

Pero cuidado, aunque pueda parecer simple dadas las cinco zonas de acción que el tablero nos propone, hemos de tener en cuenta que nuestro agente —o agentes— sólo podrán realizar las dos que nos ofrecen cuatro de las mismas si se encuentran en mayoría en dicha zona, pudiendo acceder a una de ellas, y sólo a una, si están en situación de empate. Si ese es el caso, si tenemos al mismo número de agentes en una zona, el juego nos obligará a sacar un barril a ciegas de una bolsa, desencadenándose una de las citadas crisis de relaciones públicas —que, de no poder anular, nos restará puntos de victoria al final de la partida— si dicho barril es de color rojo o amarillo.

Garantizada de esta manera la interacción entre los jugadores —aunque tenga muchos títulos en mi ludoteca de esos que podríamos denominar solitario multijugador, me gustan más los juegos que generan pequeñas y divertidas cuitas entre los que nos sentamos a la mesa—, y con la quinta zona de juego, la más amplia, dedicada a mover y amasar el petróleo generado por la explotación de alguno de los cinco centros distribuidos por el planeta, no es ‘Peak Oil’ uno de esos juegos en resulte beneficioso tratar de equilibrar las diferentes formas de obtener puntos de victoria, sino más bien uno en el que hay que plantearse desde muy temprano por cuál de las diversas estrategias que se nos ofrece nos vamos a decantar e ir “a muerte” por ella. No digo que, de no hacerlo así, vuestras opciones de alzaros con el mayor número de puntos se minimicen, pero sí que, en las dos partidas que le hemos jugado, han sido los que han apostado por centrarse en las start-up o los que han tratado de exprimir al máximo la venta de petróleo y la adquisición de cartas de pozos, los que han terminado reclamando, para frustración de los demás, la anhelada y esquiva victoria.

Su duración media, lo variado de su planteamiento, el atractivo y minimalista diseño, el desconocimiento de qué pasará cuando metemos la mano en la bolsa de barriles y si seremos capaces o no de zafarnos de los efectos, cada vez más nefastos, de los diferentes niveles de cartas de crisis de relaciones públicas y la curiosa manera en que se va determinando qué start-ups son las más rentables y las que más puntos nos darán al final de la partida, hacen de ‘Peak Oil’ una propuesta muy refrescante a tener en cuenta por más que, me consta, no sea fácil de encontrar en los canales de venta “normales”.

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Sergio Benítez @fancueva

Lector apasionado. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de adopción. Treintañero para cuarentón. ¡Ah! y escritor compulsivo tanto aquí como en Blog de cine.

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