‘Wonder Woman’, correcto cambio de rumbo

Desde que ‘El hombre de acero’ (‘Man of Steel’, Zack Snyder, 2013) se estrenara hace cuatro años y DC comenzara con ella a barajar la posibilidad de construir su Universo Cinematográfico a la manera que Marvel lo llevaba haciendo desde 2008, incontables han sido las críticas que le han llovido a la casa de Batman y Superman por la manera en la que arrancaban una singladura en la gran pantalla que, no sólo llegaba tarde, sino que encontraba en la cinta protagonizada por el último hijo de Krypton un lamentable ejemplo de como comenzar con muy mal pie: descolorida, larga y tan absurda por momentos que uno no sabía si reír o llorar, la producción comandada por Snyder se estableció no obstante como el primer peldaño de una escalera que seguiría avanzando —que no subiendo— con ‘Batman vs. Superman: el amanecer de la justicia’ (‘Batman vs. Superman: Dawn of Justice’, Zack Snyder, 2016).

Aún peor que su predecesora, e igual de descolorida que ésta —¿por qué una fotografía tan poco colorista?— el encuentro del hombre murciélago y el superhombre se saldaba con un espectáculo incoherente del que sólo se podían salvar, al igual que en ‘El hombre de acero’, instantes puntuales que no justificaban de ninguna manera la incomodidad de tener que estar sentados 151 minutos de proyección en los que la gravedad y la seriedad eran la tónica reinante de un conjunto que, ni era tan grave, ni podía ser tomado tan en serio como sus responsables parecían pedir a gritos. Y cuidado, que si creíamos que con tamaño descalabro DC había tocado fondo, todavía quedaba por llegar la tercera en discordia, ese esperpento hecho cine que fue ‘Escuadrón Suicida’ (‘Suicide Squad’, David Ayer, 2016).

Sobre la cinta protagonizada, entre otros, por Will Smith, ya me explayé a placer en el enlace que podéis encontrar al final del párrafo anterior, y creo que lo único que habría que añadir respecto a ella es que, vista en su versión extendida, demuestra que lo que se quedó en la sala de montaje era aún más prescindible que lo que terminó en el montaje final —tres cuartos podríamos decir del ‘Director’s Cut’ de ‘Batman vs. Superman’, de tres horas interminables como ellas solas—. Así las cosas, las esperanzas de que ‘Wonder Woman’ (id, Patty Jenkins, 2017) fuera a ser capaz de levantar el vuelo, separarse de la terna anterior y ser, por fin, una cinta que valiera la pena ver y que rescatara a DC del cenagal en el que ella sola se había metido eran, como poco, exiguas. Una vez vista…¿qué queréis que os diga?…pues que no andábamos muy desencaminados los que pensábamos que, por mucho que los avances pudieran apuntar a lo contrario y que Geoff Johns hubiera metido algo de mano en el producto final, la cinta protagonizada por Gal Gadot iba a ofrecernos un espectáculo asombroso.

Resulta curioso a la par que sorprendente que, ante el irregular despliegue que ostentan los 141 minutos de proyección —¿dónde habrán quedado las películas de dos horas? ¿dónde?—, así lo esté considerando una considerable porción de la crítica especializada, y que “todo el mundo” se esté deshaciendo en elogios ante un filme que arrastra no pocos problemas en su tramo inicial, que sufre un severo bajón de ritmo tras la que, sin duda, es la mejor secuencia vista hasta ahora en una película DC —de las nuevas, cuidado, no estoy tocando nada de lo que llegó antes de ‘El hombre de acero’— y que, a la postre, deja sensaciones muy agridulces que no sirven para preparar el terreno de la mejor manera posible para el desembarco en noviembre de la ‘Liga de la Justicia’ (‘Justice League’, Zack Snyder, 2017).

Gadot y Pine, lo mejor de la cinta

Como no todo es negativo en ‘Wonder Woman’, sirvan las siguientes líneas para dar un somero repaso a lo que SÍ funciona en la cinta dirigida por Patty Jenkins. Para empezar, su colorido, que abandona ajadas fotografías pretéritas y abraza toda la paleta de tonos y brillos posibles para hacer de ella, sobre todo en todo el tramo inicial en Themyscira, lo que pedía a gritos el universo cinematográfico de DC: podrá parecer una tontería el que destaque en primer lugar el trabajo de Matthew Jensen, pero si sois de los que como yo sufristeis en silencio esa tendencia a la monocromía que se observaba en los dos títulos de Snyder, el que aquí se abrace de forma desaforada la saturación, es un cambio muy apreciable.

En terrenos que juegan de forma mucho más efectiva que el mero hecho fotográfico, dos son los aspectos de ‘Wonder Woman’ que más convencieron a este redactor el pasado viernes: la química entre Gal Gadot y Chris Pine y esa secuencia intermedia de la que hablaba antes. Centrándonos primero en los dos intérpretes, el desparpajo de Pine —que no es más que una continuación algo contenida de su James Tiberius Kirk en la saga trekker— y la inocencia algo engañosa de Gadot —los mejores instantes humorísticos los roba la actriz israelita— se combinan de forma espléndida, y el trabajo de Allan Heinberg en el guión para con ellos dos nos deja los mejores momentos de la acción.

Ahora bien, todo queda empequeñecido por el empuje y la asombrosa fuerza que dimanan de los ¿quince minutos? sobre los que se prolonga la intervención de Diana en esa tierra de nadie que aguarda tras una trinchera de la Primera Guerra Mundial: rodada con sumo brío, claridad y una contundencia que ya quisiera para sí el resto de metraje, la set-piece central deja al espectador con el aliento tan contenido que éste se olvida momentáneamente de la hora y cuarto que el filme ha invertido en llegar hasta allí. Desafortunadamente, dicha pérdida transitoria de la memoria es sólo eso, pasajera, pues muy pronto se las apaña el discurso de la película para perder de nuevo nuestro interés.

Navegar por la mediocridad

Recuperado de forma puntual en un clímax final con un giro de esos capaces de arruinarlo todo dependiendo del talante del espectador —y de sus tragaderas— hay no obstante en ‘Wonder Woman’ mucho y muy diverso que dista bastante de colmar expectactivas o, simplemente, trabajar en aras de conseguir un resultado que se aleje de la modestia que empaña todo el conjunto. De entre todo eso que NO funciona, cuatro son terrenos en los que las aventuras de la mujer maravilla transitan de la luz a las tinieblas: la dirección de Patty Jenkins, lo muy irregular del guión, lo despersonalizado y anodino del trabajo de Rupert Gregson-Williams en los pentagramas y la labor de un equipo de efectos visuales que hacen sonrojarse en no pocas ocasiones.

Aprendiendo muy bien las lecciones impartidas por Snyder, no ya en las dos cintas del Universo DC ya estrenadas, sino a lo largo de su filmografía, Jenkins no es capaz de ofrecer ideas nuevas que se alejen del abuso de la cámara lenta en las secuencias de acción —por mucho que pueda llegar a “molar” el recurso en la citada set-piece central—, quedando el resto del metraje sujeto a un estilo sin personalidad que parece contentarse con la corrección en lugar de investigar hacia la brillantez; un mal éste que aqueja de la misma manera el insulso score compuesto por el pequeño de los Gregson-Williams, orquestando el músico una partitura que sirve de ruido de fondo —molesto durante buena parte de la acción— y que sólo brilla con autoridad en los instantes en los que hace aparición el tema escrito por Hans Zimmer para ‘Batman vs Superman’.

Si del libreto y de Allan Heinberg hemos de hablar, tenemos que hacer estación obligatoria en lo esquelético de todos los personajes salvo Diana y Steve Trevor, en esos villanos de chiste —lamentable lo de la doctora Veneno interpretada (¿o habría que decir sobreactuada?) por Elena Anaya—, en las constantes incongruencias que tan fácilmente se pueden detectar a lo largo de la proyección y en el hecho de que, queriendo abarcar mucho, el responsable de la maravillosa ‘Los jóvenes Vengadores’, termine “apretando muy poco” y sea la desgana la sensación que transmite, más que ninguna otra, el discurrir del filme.

¿Y esos efectos visuales? Hay un instante, que no citaré de forma específica, en que tuve que contener la carcajada por lo ridículo que me pareció y por lo mucho que me recordó a ese Legolas subiendo escalones de piedra que se derrumban bajo sus pies: transparencias que gritan “¡aquí estamos!”, humanos animados por ordenador que no se alejan mucho de lo que veíamos hace casi dos décadas en las cintas punteras en el campo de los trucajes digitales, caballos que parecen de cartón piedra, paisajes que en su búsqueda del realismo son más irreales que Disney conseguía, por ejemplo, con ‘Vaiana’ (‘Moana’, Jon Musker y Ron Clemens, 2016)…argumentos todos que no parecen estar hablando de una superproducción de 150 millones de dólares de presupuesto y que, por mucho que uno no quiera, sacan de los denodados intentos de zambullirse sin preocupación en las aguas de la cinta.

Y para finalizar…las inevitables comparaciones

Derivados de esos muy positivos comentarios que han rodeado a la cinta desde su estreno, que la han colocado en el número uno de la taquilla estadounidense y que han clamado a los cuatro vientos que ‘Wonder Woman’ era la mejor película del Universo DC, creo de recibo finalizar esta entrada aportando mi granito de arena a este particular. Y para no extenderme mucho más, lo haré de forma concisa, con preguntas claras y respuestas breves:

¿Es ‘Wonder Woman’ la mejor película del Universo DC? NO, si se considera a parte de éste el Superman de Donner o la trilogía de Batman de Nolan

Vale, reformulemos ¿es ‘Wonder Woman’ la mejor película del Universo DC desde ‘El hombre de acero’? , sin duda…pero dado el nivel de las anteriores, tampoco es decir mucho.

¿Aporta algo que el público en general no pudiera intuir por las pinceladas dadas sobre el personaje en ‘Batman vs Superman’? NO

¿Sirve para que el personaje quede mejor definido de cara a ‘Liga de la Justicia’? NO

¿Podría haber sido más corta? , le sobra más de media hora de metraje, así, sin despeinarse.

¿Es recomendable verla en VO? ABSOLUTAMENTE, el doblaje de las Amazonas es como para cortarse las venas a pellizcos.

¿Hay esperanzas para el Universo Cinematográfico de DC? Ni idea, de adivino tengo poco, habrá que esperar a noviembre y ver si la cinta grupal hunde por completo la franquicia o la levanta de una puñetera vez por todas; porque, seamos francos, HAY GANAS.

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Sergio Benítez @fancueva

Lector apasionado. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de adopción. Treintañero para cuarentón. ¡Ah! y escritor compulsivo tanto aquí como en Blog de cine.

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