‘Vaiana’, imparable

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Segunda producción que nos llega de Disney en 2016, ‘Vaiana’ (‘Moana’, Ron Clemens y John Musker, 2016) es la nueva apuesta de la compañía por insuflar renovada vida en el mundo de sus princesas de la misma manera que ya lo hiciera hace tres años con ‘Frozen: el reino de hielo’ (‘Frozen’, Chris Buck y Jennifer Lee, 2013), esto es, intentando dotar a sus heroínas de una personalidad que las aparte del modelo que asentó el universo de las Princesas Disney —ya sabemos, Blancanieves, Cenicienta, la Bella Durmiente y compañía— y modernice el obsoleto concepto de la mujer débil que, en última instancia, necesita de un príncipe que venga a rescatarla. Como decía, ‘Frozen’ fue un enorme paso en este sentido, pero uno que no terminó de establecerse en términos decisivos por cuanto, si bien Elsa no contaba con ningún interés romántico, no pasaba lo mismo con Anna, a la que sí se le asignaba la presencia de Kristoff.

‘Vaiana’ sí que avanza sobremanera en esa evolución del rol de las princesas Disney y consigue, por primera vez en la historia de la casa de Mickey Mouse, ofrecer a un personaje que huye de su rol de “princesita” —y no es una mera impresión, es que hay una conversación en un momento dado de la acción en la que la protagonista así lo afirma— y que sea una heroína de verdad, de las que no se frena ante nada ni nadie y de las que, de acuerdo, cuenta con la ayuda de un hombre, pero ni es su interés romántico ni, en realidad, juega un papel decisivo en la resolución del apabullante y magnífico clímax que cierra la acción.

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Añadiendo a tan fundamental hecho en la historia de la compañía —uno que, insisto, no es más que la evolución lógica sobre unos patrones que se quedaron anticuados hace décadas— una pléyade de logros que ahora pasaremos a enumerar de forma más o menos detallada, centremos nuestro discurso de forma breve en señalar a lo único que no funciona en la hora y tres cuartos de metraje y que, sinceramente, logró empujarme a empellones de la cinta. Afortunadamente, trascendido dicho momento, ‘Vaiana’ recupera de forma súbita el interés y vuelve a enganchar sin remisión al respetable, pero el número musical que tiene por protagonista a un crustáceo gigante es tan prescindible comparado con el resto de canciones que aparecen durante el filme, que uno se pregunta por qué diantres nadie se dio cuenta a tiempo y lo eliminó de raíz.

Hasta su aparición, ‘Vaiana’ ha conquistado de forma rauda y veloz nuestros corazones gracias a la honesta descripción que se hace de su protagonista, de la abuela de la misma y de ese torrente de carisma que es el semidiós Maui al que pone voz en la versión original el inconmensurable Dwayne Johnson. Alternando acción y humor a raudales —mención especial merece el pollo y lo mucho que también se aparta del típico alivio cómico animal de las producciones Disney— merecen sonoros aplausos en ese primer tramo de la acción pre-aparición del crustáceo, el momento en que Vaiana recuerda el pasado de su pueblo acompañado por una de las mejores tres canciones de la cinta; el equivalente al ‘Let it Go’ de ‘Frozen’ que es la espectacular ‘How Far I’ll Go’ y, por supuesto, el ataque de los Kakamora, homenaje visual y musical incluido —aunque la partitura de Mark Mancina no sea gran cosa, la verdad— a la última entrega de ‘Mad Max: furia en la carretera’ (‘Mad Max: Fury’, George Miller, 2015).

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Interrumpida en su imparable avanzar, el resuello que ‘Vaiana’ recupera tras la visita al reino de los monstruos —que, cuidado, número musical aparte, es genial— la lleva a alcanzar cotas de una emoción espectacular y de una perfección en la animación que se encuentra a años luz de lo que cualquier competidora de la compañía pueda lograr con la excepción de Dreamworks, única capaz de equiparar sus logros técnicos a los de la eterna reina de las producciones de “dibujitos”: con el agua como hito que más llega a dejarnos con la mandíbula descolgada, no se puede mencionar lo asombroso de la componente visual de ‘Vaiana’ y dejar de hacer referencia al diseño de personajes —lo de Maui es sencillamente BRUTAL—, a los escenarios “naturales” en los que se mueve la trama o, por supuesto, a lo que la cinta nos tiene reservado en su clímax, una resolución que trae de forma inmediata a la memoria a lo que Disney puso en pie en el segmento de ‘La suite del pájaro de fuego’ con el que finalizaba ‘Fantasía 2000’ (id, VVDD, 1999).

Decía al comienzo del párrafo anterior que ‘Vaiana’ alcanza en su tercer y último acto unas cotas de emoción espectacular, y si eso es así es debido a la fuerza con la que la historia de esta gran heroína nos golpea en esos instantes en los que vislumbramos la total y completa independencia que sus actos tienen de cualquier anclaje al pasado de la compañía y también, como no, a la carga poética que guarda el mensaje de conservación de la naturaleza que se encuentra en el sustrato base del relato enhebrado a doce manos por un equipo de seis guionistas encabezados por los míticos Ron Clemens y John Musker, quienes, responsables asimismo de la soberbia dirección del filme, consiguen dejar muy atrás a la sirenita que cimentó su trayectoria dentro de la productora hace casi tres décadas. Y antes de que lo preguntéis, no, ‘Vaiana’ no está por delante de la inmensa ‘Zootrópolis’ (‘Zootopia’, Byron Howard y Rich Moore, 2016) pero, considerando lo muy diferente de ambas producciones, creo que compararlas importa bien poco.

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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