‘WildC.A.T.S de Jim Lee’, los 90 de Jim Lee (y II)

La semana pasada —el miércoles pasado, para ser más exactos— servidor cerraba actividad con un extenso artículo en el que se repasaba parte de la trayectoria de Jim Lee durante la década de los 90. En concreto, el comienzo de las letras dedicadas al ‘Heroes Reborn: Los 4 Fantásticos’ que publicaba Panini, recogía la algarabía de Marvel ante el inmenso éxito que supuso el ‘X-Men’ de Chris Claremont y el dibujante; el horror ante la espantada de las mega estrellas que fundaron Image y la posterior invitación de la Casa de las Ideas a esos mismos artistas que se habían largado de la editorial buscando prados más verdes para que se encargaran de ese loco proyecto que fue el ‘Heroes Reborn’ al que hacíamos referencia.

Hoy, una semana más tarde, queremos completar de alguna manera el tramo intermedio de esa cronología acercándonos a lo que supuso la fundación de Image y acotando dicho instante a lo que Lee propuso a sus fans a través de ‘WildC.A.T.S’, una serie que, como casi todo aquello con lo que arrancó Image, bebía de manera descarada del inmenso manantial de arquetipos del que Lee y sus colegas habían participado durante su estancia en Marvel: un rápido vistazo a la oferta inicial de la editorial desvelaba que, con más o menos intensidad, en mayor o menor medida y con más o menos descaro, todos los personajes que Lee, Liefeld, Larsen, McFarlane y Silvestri ponían en pie miraban con ojos cariñosos a diversos puntos de la geografía marvelita, llámese esta Hulk, Spider-man o, por supuesto, los mutantes.

De hecho, tanto se miraron Lee, Liefeld y Silvestri en los hombres y mujeres X que, leídas hoy, ‘WildC.A.T.S’, ‘Youngblood’ y ‘Cyber Force’ dejan claro al ojo experimentado que las ganas del trío de artistas de innovar estaban muy por debajo de sus ansias por vender a toda costa sus colecciones, explicando esto, aunque quizá de forma parcial, porque todas ellas no son más que meras iteraciones más o menos evidentes de cualquiera de las cabeceras que, en los noventa, ya comenzaban a abundar en ese rincón del Universo Marvel que es el microcosmos mutante.

Centrando nuestra atención en exclusiva en ‘WildC.A.T.S’, Lee dio comienzo a su serie protagonizada por un variopinto grupo de operaciones encubiertas en el que había cabida desde un asesino a sueldo letal hasta un enano perteneciente a una raza extraterrestre pasando por remedos de Hulk, Lobezno, Mariposa Mental o Elektra, con una mini de cuatro ejemplares en la que se sentaban ciertas bases del funcionamiento de la agrupación y en la que el trabajo del dibujante a los lápices —con su inseparable Scott Williams a las tintas— era muy, pero que muy deudor de lo que habíamos visto poco tiempo antes en ‘X-Men’. Eso si nos referimos al aspecto visual, porque si lo hacemos al guión, parece que Lee quisiera alzarse como heredero directo de las fórmulas de Claremont, abundando esta primera incursión de lo que se terminará convirtiendo en el universo Wildstorm en variopintas sub-tramas y mucho diálogo que, en el fondo —y en la superficie, para qué vamos a llevarnos a engaño—, no aportan nada.

Los dos desplegables de cuatro páginas a los que hago referencia más abajo.
Mirad qué pies….¡¡ay, los 90!!

Trascendida la misma, y tras un breve hiato, Lee daba arranque a la serie regular y lo hacía, de nuevo en lo gráfico, con un salto de calidad considerable dejándose arropar por una espectacularidad que aumentaba en un 200% con respecto a sus trabajos anteriores —todavía recuerdo de manera vívida lo muy ojiplático que me quedé la primera vez que vi los dos desplegables cuádruples que incluía aquél número 5—. Por si esto fuera poco, dicho ejemplar era la primera parte de otra maniobra directamente heredada de las fórmulas marvelitas, un crossover con el ‘Cyber Force’ de Marc Silvestri que, durante cinco números, trazaría un pasado común entre sus dos versiones de Lobezno —porque, cuidado, donde WildC.A,T.S tenía a Warblade, Cyber Force contaba con Ripclaw— y, en un típico devenir, enfrentaría a ambas agrupaciones para después unirlas contra un enemigo común.

Tras ‘Instinto asesino’, la serie abundará en el pasado de Lord Emp —el enano al que hacía referencia antes—, servirá de escaparate a las primeras páginas de un bisoño Travis Charest y, en otro golpe de efecto maestro, conseguirá a Chris Claremont para que escriba los guiones de un arco argumental de cuatro números que introducirán a un personaje de creación propia del guionista. En ello, en el desarrollo de dicho arco, se irá observando una paulatina dejadez en el trabajo de Lee, que deposita cada vez más responsabilidad a la hora de terminar sus páginas, ya en el entintado de Williams, ya en otros artistas de Wildstorm como Ryan Benjamin o Bret Booth, desapareciendo por completo del mapa, al menos en las tareas visuales, tras un número 13 que dará paso a incontables vaivenes en la cabecera entre los que se contará, por supuesto, el paso de Alan Moore.

El volumen publicado por ECC, que recoge el mismo material que el Absolute publicado por DC al otro lado del charco, se completa con la aportación de Lee al más que cantado cruce que unió los destinos de los X-men y los WildC.A.T.S —un cruce que tuvo lugar en cuatro comic-books dibujados por un inmenso Charest, unos efectivos Lee y Adam Hughes y un olvidable Matt Broome y que seguía a ambas agrupaciones desde la Segunda Guerra Mundial hasta un oscuro futuros situado en ¡2019!—; con el primer número de esa tentativa no cuajada de resucitar el universo Wildstorm antes de que todos sus personajes pasaran a formar parte del universo DC y, por último, con numerosos bocetos e ilustraciones que hacen de este voluminoso tomo una pieza imprescindible para nostálgicos y, por supuesto, para los que, como este redactor, dieron algunos de sus primeros pasos en el noveno arte de la mano de la espectacularidad y los colores infográficos de los cómics de la primera Image.

WildC.A.T.S de Jim Lee

  • Autores: Scott Snyder, John Romita Jr y Declan Shalvey
  • Editorial: ECC
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 608 páginas
  • Precio: 47,02 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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