‘Spirou y Fantasio. Integral 1950-1952’, hacer historia

Son muchas las razones que convergen sobre este segundo integral que Dibbuks publica recogiendo el trabajo del legendario André Franquin para con ‘Spirou y Fantasio’, y que nos empujan a afirmar sin resquicio para la duda, que este volumen hace historia y es HISTORIA viva del noveno arte. En primer lugar, y sin tener nada que ver con lo que muestran las páginas sino más bien con el volumen en sí, que los lectores españoles tengamos por fin la oportunidad de asomarnos a una edición como mandan los cánones de unos álbumes que hasta ahora nunca habían conocido una reproducción en condiciones en nuestra lengua es algo que los que llevamos siguiendo al famoso botones desde que éramos unos enanos nunca podremos agradecer suficiente a los chicos de la editorial madrileña.

Complementado con material extra en la forma de curiosas anotaciones sobre cada una de las tres aventuras que aquí se nos ofrecen —un material acaso menos profuso que el que acompañaba al arranque de la etapa de Franquin al frente del personaje— el segundo motivo por el que este volumen es y hace historia se refiere de manera directa a la espectacular y asombrosa evolución que vemos aquí en el estilo del artista belga, no ya en comparación con lo que nos habíamos encontrado en el primer integral —que también— sino de álbum a álbum y casi de página a página.

Tanto es así, que no es exagerado afirmar que, cuando Franquin cierra este segundo integral con las planchas correspondientes a ‘Los ladrones del Marsupilami’, está a pocos pasos de llegar al cénit de una trayectoria que se mantendrá en lo más alto durante algo más de dos décadas. No en vano, en el tercer recopilatorio tendremos la ventura de volvernos a asomar —esta vez a todo color— a las páginas de ‘La máscara’, cuya edición en blanco y negro por parte de Dibbuks ya cubrimos de forma más que intensiva hace tres años por estas líneas.

Pero, como decíamos, lo que aquí contemplamos es un estilo en perpetua búsqueda y constante experimentación que, poco a poco, va asentando las características que marcarán a fuego, no sólo a su artista, sino a un personaje que, desde entonces, nunca ha querido desprenderse de la determinante influencia que sobre él ejerció Franquin: con un control cada vez mayor sobre la figura humana —comparar la gracilidad de cualquiera de estas planchas con aquellas cargadas de bisoñez que veíamos en el primer integral es garantía de asombro— quizá donde más nos maravilla el belga es en una narrativa ágil y prodigiosa que se consolida a pasos de gigante y, por supuesto, en la compulsión cada vez mayor por cargar de infinitos detalles unas viñetas a las que es imposible calificar de algo menos que portentosas.

Un epíteto éste, el de portentoso, que da pie al tercer y definitivo motivo del que dimana el talante histórico que arropa a ‘Hay un brujo en Champignac’, a ‘Spirou y los herederos’ y a la citada ‘Los ladrones del Marsupilami’: lo fundamental que son las dos primeras aventuras en la historia del personaje y, por extensión, en la del tebeo francobelga. Y es que es en éstas páginas donde Franquin nos introduce a una serie de personajes y localizaciones que, con el tiempo, se convertirán en puntales inequívocos a los que volverán, tanto él como todos los autores que continuarán su labor al frente de la cabecera.

Aquí es donde conoceremos al conde de Champignac —o marqués, o barón o el título nobiliario que le quiera asignar ese gran demagogo que es el alcalde de la localidad ficticia—, un científico llamado Pacôme que con el tiempo irá perdiendo el porte que aquí el asigna Franquin y que tan de cabeza traerá en el futuro a nuestros héroes. Pero, incluso más importante que él, es en estás páginas donde el dibujante nos presenta a esa criatura que todos quisimos tener de mascota cuando éramos unos enanos. Me refiero, cómo no, al Marsupilami, un animal imposible que muchas veces es más humano que los propios humanos de la serie y que se convertirá, no ya en adición fundamental a la formación permanente de la colección, sino en un icono tan incuestionable del noveno arte universal como ya lo eran Spirou y su inseparable Fantasio.

Historia, queridos lectores, H.I.S.T.O.R.I.A

Spirou y Fantasio. Integral 1950-1952

  • Autores: André Franquin
  • Editorial: Dibbuks
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 208 páginas
  • Precio: 28,02 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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