‘Franquin. La máscara (1954)’, GRANDEZA

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Desde el momento en que Dib-buks anunció que se había hecho con los derechos de publicación de Spirou en España, lo que servidor esperaba con ansiedad, más allá de las aventuras nuevas e inéditas del personaje o la anhelada edición de la espectacular etapa de Tomé y Janry al frente del personaje, era poder corroborar que dentro de los planes de Ricardo Esteban y sus colaboradores estaba el recuperar como Dios manda la estancia del artista que, sin ser el creador del inquieto botones, siempre será reconocido como el autor que más hizo por elevarlo a la categoría de leyenda del mundo del cómic. Me refiero, cómo no, a Franquin. Con multitud de dispares encarnaciones en castellano a lo largo de los años, que las dos décadas que el artista belga pasó enhebrando las mejores historias que hayan visto la luz sobre Spirou, Fantasio y compañía tuvieran como edición definitiva la que Planeta DeAgostini aireó hace algo más de dos lustros en blanco y negro es algo a lo que hay que poner remedio cuanto antes.

Desafortunadamente —desafortunadamente en parte, todo hay que decirlo— no estamos aquí hoy para poder comenzar a desgranar las maravillas de esos ansiados integrales, sino para dar cuenta de un álbum que, como toda buena sorpresa —y esta ha sido de las que se escriben con mayúsculas— era de todo menos esperado. Y lo era no ya por que sea un volumen que sólo recoge una de las muchas aventuras que Franquin escribió y dibujó para el personaje cuando se incorporó a la serie en 1946, que también, sino por lo especial de lo que podemos encontrar en sus 112 asombrosas páginas; unas páginas que quedan contenidas en uno de los tomos más bonitos que servidor recuerda haber tenido entre sus manos.

De hecho, me vais a permitir que pierda unas cuantas líneas en recrearme en describiros la edición: de 27cm de ancho por 25cm de alto, el cartoné naranja con impresiones planas en negro que es el volumen queda envuelto en unas guardas de cartulina blanca mate con idénticas impresiones en contenido y color salvo por la reserva en relieve y tonos anaranjados que se hace para la ilustración en portada. Un conjunto exterior exquisito que anuncia lo mejor para cuando se abre la cubierta y descubrimos que la impresión, de una nitidez asombrosa, se ha hecho sobre un papel blanco y también mate de muy alto gramaje —me atrevería a decir que, al menos, es de 150gr— con cada página recogiendo entre cuatro y seis viñetas de uno de los relatos de Spirou que cabría denominar como INDISPENSABLES.

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Y si engalanar nuestras estanterías con una edición de este calibre no fuera motivación suficiente para la adquisición inmediata de ‘La máscara’ por cuanto uno podría pensar que, total, “es la misma aventura que ya tengo en otro formato”, ahí viene a terminar de convencer a escépticos el que todas y cada una de las páginas que conforman esta historia de falso culpable a lo Hitchcock con Fantasio como centro de atención, vengan comentadas de forma exhaustiva y brillante por Hughes Dayez, uno de los mayores expertos —sino el mayor— que existe sobre el mundo del botones, su amigo el inventor y periodista y la ardilla que los sigue a todas partes.

Apuntando en cada pie de página a las circunstancias en las que ésta se creo, al contenido de lo que podemos ver en ella o al muchas veces sorprendente análisis que se hace de los recursos narrativos de Franquin —lo de la perspectiva a ras de suelo o las muchas explicaciones de las angulaciones y elecciones de puntos de vista son detalles apasionantes— las palabras de Dayez no hacen sino trabajar sobremanera en conseguir que las sobresalientes impresiones que uno se lleva de un relato fresco por el que el tiempo no ha pasado terminen por trastocarse en magistrales apreciaciones acerca de un tomo que es, de principio a fin, una doble gozada.

Doble gozada que, huelga decir, se deriva tanto del trabajo de Dayez como de la historia y dibujos de un artista que con sólo ocho años en la serie ya ha alcanzado una cima de la que nunca se bajará: sólo hay que comparar los titubeos iniciales que caracterizan sus primeros momentos en Spirou en 1946 con lo magistral de éstas planchas para apercibirse de que cuando nos sentamos hoy delante de ‘La máscara’, tantas décadas después de su primera publicación, lo estamos haciendo sin lugar a dudas ante una de las más grandes muestras de genio en todos los sentidos que nos ha dejado la historia del noveno arte. Una afirmación que os podrá parecer exagerada —sobre todo considerando la vastedad de éste mundillo en el que nos movemos de forma mayoritaria en Fancueva— pero que se queda a cierta distancia de poder empezar a definir con propiedad lo que aquí hay contenido.

Otra reseña en Fancueva | ‘Franquin. La Máscara’, una joyita para coleccionistas de Spirou

Franquin. La máscara (1954)

  • Autores: André Franquin
  • Editorial: Dib-buks
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 112 páginas
  • Precio: 23,75 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector apasionado. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de adopción. Treintañero para cuarentón. ¡Ah! y escritor compulsivo tanto aquí como en Blog de cine.

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