‘Moby Dick’, una obsesión

Las mañanas de sábado de mi infancia fueron, sin lugar a dudas, las mañanas de ‘La bola de cristal’. Pero antes de que la Bruja Avería, los electroduendes y las locuras de Olvido Gara y Alaska marcaran para siempre a aquel chaval de entre nueve y trece años —los que tuve mientras el programa se mantuvo en antena—, mis mañanas de sábado habían sido las de ‘Sabadabadá’, el programa de variedades de corte infantil que en su primer año presentó Mayra. Pero no todo él, sino una sección en concreto, era la que me tenía pegado al televisor como, años más tarde, haría ‘El Kiosko’. Me refiero, como no, a ese breve pero intenso espacio de tiempo en que un señor con poblado bigote se disponía a contarnos una historia, da igual la que fuera, armado tan sólo de su característica voz, un papel en blanco y un rotulador negro de punta gruesa. Si fuisteis niños durante los ochenta, es de recibo pensar que sabéis que me estoy refiriendo al insigne José Ramón Sánchez, ese cántabro que hizo que muchos chavales quisiéramos dedicar nuestro futuro —al menos hasta que cambiamos de idea— a ser dibujantes profesionales.

El talento de Sánchez para ir dibujando mientras hablaba y terminar concretando delante de nuestras narices una pequeña obra de arte quedó grabado a fuego en mi memoria junto a otros muchos instantes de aquella mágica programación que la caja tonta emitía en unos años de experimentación constante que, por desgracia, nunca se repetirán —¿quién que viviera en aquellos años no se acuerda de ‘Planeta Imaginario’?—. Nostalgias y batallitas del abuelo al margen, ha sido toda una sorpresa reencontrarme ahora, tres décadas después, con el nombre de José Ramón Sánchez en la portada de un cómic y que ese cómic sea ‘Moby Dick’; una historia de la que ya hemos hablado aquí en dos ocasiones diferentes —la primera, en la adaptación llevada a cabo por Olivier Jouvray y Pierre Alary, la segunda, por la que realizó Chabouté—, que parece mantenerse al margen de modas pasajeras y que, contra todo pronóstico —a fin de cuentas, ¿de cuántas formas se puede adaptar la misma novela?— encuentra renovada vida en los prodigiosos lápices del artista español.

Completa y exclusivamente dibujado con grafito, resulta asombroso abrir ‘Moby Dick’ por cualquier página y aprehenderse del profuso trabajo que Sánchez ejecuta en cada viñeta: cargadas de mil pequeños trazos, de expresivas manchas de tonos grises y de esa cualidad de inmediatez que sólo dan los lápices, las páginas de esta adaptación del inmortal relato de Melville encuentran quizás sus puntos más álgidos en la turbulenta y veraz vida que Sánchez arranca a sus mares, algo que es especialmente sobrecogedor en el tramo final de la aventura, cuando toda la tripulación del Pequod, Ahab en cabeza, se enfrenta a la furia desatada de la legendaria ballena blanca que da nombre a la novela. Completado el volumen con la reproducción de los óleos que sirvieron al artista como primer contacto con la novela —se encargó de ilustrarla allá por 2001—, y con textos tremendamente ilustrativos acerca de su obsesión por el texto original, dejemos muy claro para cerrar esta entrada que, si alguna vez os ha apasionado ‘Moby Dick’ no podéis dejar pasar la oportunidad de haceros con esta superlativa interpretación gráfica que ha sido el primer tebeo de José Ramón Sánchez.

Moby Dick

  • Autores: José Ramón Sánchez
  • Editorial: Evolution Comics & Valnera Gráfica
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 176 páginas
  • Precio: 22,80 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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2 Comentarios

  1. ¿José Ramón Sánchez era cántabro??? Y yo, cántabro de pro, sin saberlo :-O. De hecho, hace un par de días, (coincidencias de la vida) hablaba con mi mujer a mis hijos de los programas que veíamos desde pequeños, y recordábamos a este hombre (no nos acordábamos de su nombre), Verónica Mengot y Pepe Soplillo contando una historia de esta manera.

    Gracias por la pista. Esta noche enseño el vídeo en casa :-).

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