‘Metabarón volumen 1: Wilhelm-100, el Tecnoalmirante ‘, la epopeya continua

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Con una trayectoria que les había llevado a ser dos figuras muy reconocidas dentro del mundo del cómic, los caminos de Alejandro Jodorowsky y Juan Giménez nunca se habían cruzado hasta que en 1993 el escritor —actor, filósofo, dramaturgo, poeta, director de cine, guionista de cómics, instructor del tarot, mimo, psicoterapeuta y psicomago…¡menudo currículo!— se propuso recuperar un personaje que había creado años antes junto a Moebius en la serie ‘El Incal’: el Metabarón. En dicha serie —sobre la que a estas alturas huelga afirmar que fue y es puntal dentro de la ciencia-ficción de los ochenta y una de las mejores en las que se vió implicado el gran dibujante francés—, el Metabarón era un mercenario enviado para asesinar al protagonista.

Pero Jodorowsky vio enseguida el potencial que un hombre educado para ser el asesino perfecto podría tener. Y así es como nacía ‘La casta de los Metabarones’, una serie que se publicó originalmente a lo largo de diez años y que abarca a cinco generaciones de una familia. Puesta por Jodorowsky en boca de un robot siervo del último de su casta, la saga de los Castaka arranca en el primero de ellos, Othon el tatarabuelo; avanzando después, y en cada uno de los ocho volúmenes en que se dividía originalmente, a través de Honorata (la tatarabuela); Agnar (el bisabuelo); Oda (la bisabuela); Cabeza de Hierro (el abuelo); Doña Vicenta Gabriela de Rokha (la abuela); Aghora (el padre-madre) para llegar así a Sin Nombre, el último metabarón.

Preñada de la verborrea que tanto ha caracterizado siempre al escritor chileno, el halo de culebrón televisivo impregna de forma indeleble la mayor parte del relato, algo que Jodorowsky esconde de forma hábil tras el velo de saga intergaláctica con todo lo que ellas suelen incluir: combates a muerte entre seres superpoderosos, batallas espaciales entre millares de naves, intrigas políticas para hacerse con el control del universo, amores desaforados a primer golpe de vista, traiciones entre amantes de esas que nunca se perdonan… y todo ello bajo la clara influencia de títulos como ‘La guerra de las galaxias’ o el ‘Dune’ de Herbert.

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Ahora bien, si hay algo que separaba de forma decisiva a ‘La casta de los Metabarones’ de cualquier otro título de ciencia-ficción épica eso era el dibujo de un Juan Giménez que asombra en todas y cada una de las más de quinientas páginas en las que se alarga la narración. Curtido en el género desde principios de los ochenta, cuando Giménez llega a los Metabarones está en el pináculo de su carrera, algo que demuestran sobradamente las portentosas caracterizaciones de todos los protagonistas, los asombrosos diseños de maquinaria y vestuario —con inspiraciones que llegan hasta tocar el milenario arte de vestir japonés— y la espectacularidad con la que cuaja todas y cada una de las criaturas y escenarios que Jodorowsky es capaz de inventar en un trabajo que es una maravilla visual.

Presente desde entonces en historias sueltas aquí y allá —en el blog de Travis Charest se pueden ver las alucinantes 29 planchas que el poco prolífico artista estadounidense completó para ‘Las armas del Metabarón’, un volumen completado hasta sus 64 páginas por Janjetov que fue publicado en nuestro país por Planeta DeAgostini— el pasado mes de Octubre era el elegido por Les Humanoîdes Associes para publicar el primer álbum de una nueva saga centrada en el último, enigmático y silencioso miembro de los Castaka que, basada en unas líneas generales trazadas por Jodorowsky, es puesta en manos de un Jerry Frissen que parece haber aprendido muy bien las lecciones del maestro chileno por lo mucho que se mimetiza con el estilo de éste, cargando los diálogos de la típica jerga que ya leímos en su momento en la saga original.

Para goce de los que ya pensamos cuando las vimos que su artífice sería el heredero idóneo de Giménez si alguna vez la historia de los Metabarones encontrara continuidad, Valentin Secher, el autor de las espectaculares páginas de ‘Khaal’, es el artista elegido sobre el que recae la responsabilidad de hacernos «olvidar» al dibujante argentino. Y aunque dicha hazaña sea imposible, lo cierto es que las páginas pintadas de Secher son de una calidad extrema, y consiguen volver a trasladar similares sensaciones a las que este redactor recuerda haber tenido cuando se acercó por primera vez, tantos años atrás, al fascinante universo imaginado por los dos autores sudamericanos.

Con tales argumentos por delante, que este primer álbum de la nueva encarnación de ‘Metabarón’ hará las delicias de los amantes de la ciencia-ficción hiperviolenta que tan bien caracterizó a su predecesora es tan obvio como que ya esperamos impacientes el desembarco de la segunda entrega que completará el primer ciclo y de la tercera, publicada hace cuatro días en Francia, que abrirá más posibilidades al infinito cosmos por el que el Metabúnker viaja.

Metabarón volumen 1: Wilhelm-100, el Tecnoalmirante

  • Autores: Alejandro Jodorowsky, Jerry Frissen y Valentin Secher
  • Editorial: Yermo ediciones
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 56 páginas
  • Precio: 15,20 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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