‘Loki. Hermanos de sangre’, Ribic en formato asombro

Objeto hecho por y para coleccionistas, la nueva línea de Grandes Tesoros Marvel de Panini, que la editorial arrancara hace un par de meses con ese asombroso primer volumen que fue el ‘Estela Plateada. Parábola’ de Stan Lee y Moebius —título del que ya nos deshicimos en elogios por aquí—, encuentra en esta segunda entrega dedicada al ‘Loki’ de Robert Rodi y Esad Ribic una justificación de un calado considerablemente mayor que la que respaldaba a la que, probablemente, es la mejor historia del surfista cósmico. Dicha afirmación, que no pretende en ningún momento apuntar a los casi inexistentes deméritos del trabajo de Lee y el alter ego de Jean Giraud, sí que pretende poner de relieve los muchos méritos que se agolpan en las portentosas planchas que Ribic cuajó en uno de esos trabajos que, reproducidos al tamaño en el que aparecen aquí, dan el salto de lo asombroso a lo magistralmente maravilloso.

Dado su precio y considerable tamaño, no parece plausible que nadie que no haya leído ‘Loki’ antes de ahora, vaya a adquirir tan descomunal álbum; y, bajo esta tesitura, es bien evidente que el se lleve a casa esta historia fuera de continuidad centrada en el Dios de la Mentira —¿acaso la mejor que haya contado con él como protagonista?— no lo hace para acercarse por vez primera a ella, sino para ignorar hasta cierto punto qué nos cuenta Rodi y centrarse, porque para eso están sus 37x27cm, en el cómo nos los ilustra y pinta el artista croata: al tamaño al que están reproducidas —no quiero ni pensar lo que tiene que ser ponerse delante del ‘Marvels‘ Monster Edition con el que Marvel celebraba el año pasado el 20 aniversario del proyecto de Kurt Busiek y Alex Ross—, no sólo los mil y un detalles que plagan las páginas de Ribic saltan a la vista, es que se pueden apreciar con muchísima mejor precisión la fuerza de sus óleos; el compromiso porque ésta no apisone a la narrativa; la manera en que se vuelca en la expresividad y las muecas del hermano de Thor y, por supuesto, la épica que preña de principio a fin un relato que, intimista y de corte «personal», no puede evitar resonar evidentemente opulento, desabrido, poético y de una fuerte dimensión legendaria.

Preludio de lo que años más tarde desarrollará junto a Jason Aaron en las páginas de ‘Thor’, pero a mayor escala dada la idiosincrasia del proyecto —sería impensable que una serie regular pudiera contar con unas páginas tan trabajadas—, Ribic es la voz más atronadora de un cómic en el que Rodi, mucho antes de que el personaje se hiciera tremendamente popular en las manos de Tom Hiddleston, presenta a un Loki más multifacetado que de costumbre, indagando el guionista en su cuestionable modus operandi y dando ciertos pávulos al origen de su venenosa personalidad. Centrado el protagonismo de la lectura en el hijo de Jottunheim, lo poco que Rodi incide en Thor es para dibujarlo, en contraposición, como un mero mastuerzo hipermusculado que no atiende a razones cuando tiene que hacerlo. Un dibujo del dios del trueno que no se aleja mucho de cómo se le ha mostrado en otras ocasiones pero que aquí, al oponerse tan de frente a la extrema locuacidad de su «hermano», adquiere una dimensión más baturra y descerebrada que sólo parece conocer la violencia como herramienta de comunicación con los demás. Y eso en el reducido puñado de páginas en las que aparece porque, insisto, el 90% de lo que aquí encontramos se centra en conseguir que, hasta cierto punto, empaticemos con Loki y, al hacerlo, nos coloquemos, por una vez, en la piel de uno de los antihéroes de mayor calado del Universo Marvel. Y si ese logro viene a gran tamaño y adornado por unas páginas ante las que suspirar, mejor que mejor, ¿no? ‘Nuff said!!!!

Loki. Hermanos de sangre

  • Autores: Robert Rodi y Esad Ribic
  • Editorial: Panini
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 120 páginas
  • Precio: 35 euros

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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