‘La tumba de los Champignac’, 100% Franquin, 100% Spirou

Son tantas y tan diversas las veces que he hablado por estas mismas líneas de la determinante influencia de André Franquin sobre la completa trayectoria de Spirou toda vez que se despidió del personaje, que no volveré a repetirme en esta ocasión por cuanto basta con acercarse a alguna de las muchas reseñas que hemos hecho ya sobre material del legendario botones para encontrar, sí o sí, el nombre del artista belga. Es más, creo que, a estas alturas, afirmar que lo mejor que ha conocido el personaje desde que su máximo valedor lo abandonara allá por 1968 se ha ganado tal calificativo por seguir, en mayor o menor medida, patrones argumentales y gráficos impuestos por el maestro, es algo que queda más que evidenciado por la lectura de la grandiosa etapa de Tome & Janry o, ya que estamos, la de ‘La tumba de los Champignac’ que hoy nos ocupa.

Entretenida a rabiar, esta primera toma de contacto con el personaje por parte de Yann, el que después será guionista de la dupla formada por ‘El botones de verde caqui’ y ‘La mujer leopardo’, se salda con una aventura mucho más cercana al espíritu clásico del personaje que al talante innovador que aportará el escritor posteriormente al situar al inquieto botones en la Bélgica ocupada de la Segunda Guerra Mundial y en los años inmediatamente posteriores a ésta: alejado pues de la componente realista que impregnaba, aunque fuera en parte, sendas historias, lo que encontramos en ‘La tumba de los Champignac’ entronca de forma íntima con el tipo de historias vivarachas, llenas de giros inesperados y de recovecos para la comedia que tan bien caracterizó la etapa de Franquin.

En un relato que les llevará a las cimas del Nepal que, al mismo tiempo, explorará el pasado lejano del dicharachero Pacôme, el conde de Champignac y en la que tendrá también un papel fundamental esa periodista metomentodo que es Seccotine, el álbum publicado por Dibbuks es de esos que se lee de una sentada y sin que casi de tiempo a apercibirse del paso del mismo: siempre atento a garantizar la máxima diversión posible, Yann no repara en echar mano de recursos que, renovados lo mínimo sobre sus patrones originales, huelan y sepan a clásico, algo que también hace en parte el dibujante Fabrice Tarrin despegándose lo suficiente del estilo del maestro belga para no poder ser tachado de plagiador. La suma de ambos talentos es, como digo, un álbum tan digno en su individualidad y contemporáneo en su temporalidad como continuista y clásico en ambos términos; una dualidad que no ha de ser tenida en consideración desde lo peyorativo y sí bajo una óptica que valore en lo que cabe saber rescatar de manera tan eficaz una voz que, cincuenta años después, sigue siendo inigualable.

La tumba de los Champignac

  • Autores: Fabrice Tarrin & Yann
  • Editorial: Dibbuks
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 64 páginas
  • Precio: 15,20 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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