‘La bella durmiente’, el cuento de siempre para la gente de ahora

Confiamos en que, según cabría pensar por el número “1” que aparecía en su lomo, a lo largo de 2018 los talentos de Antonio Altarriba y Sergio García Sánchez vuelvan a unirse para configurar otra lectura de talante tan imprescindible como lo fue, a mediados de 2016, la primera entrega de ‘Cuerpos del delito’, ese volumen de historias ilustradas entrelazadas de manera soberbia que, con unos magníficos dibujos del artista granadino, sorprendía y extasiaba en su recorrido y asombraba cuando, a la finalización de la lectura, encontrábamos un sobre cerrado en el que Dibbuks incluía un póster desplegable impreso a dos caras en el que García, demostrando que hay pocos nombres cómo él que dominen en el territorio español la composición de una narración sin palabras, utilizaba una de las caras para, con la silueta de un cadáver, resumir de manera gráfica todo el volumen mientras que, por la otra, nos daba toda una lección magistral —dejando ver su faceta de profesor— acerca de cómo había ideado y ejecutado la fabulosa faz opuesta.

Ante tal despliegue de talento, no nos quedaba otra opción que incluir a ‘Cuerpos del delito’ en la selección de lo Mejor del Cómic en Español que realizábamos al finales del pasado año. Ahora bien, que García nos dejara con “las patas colgando” no era nada nuevo cuando sólo había que asomarse a su anterior colaboración con Dibbuks para aprehenderse del talentazo que gasta el artista andaluz. Es más, es la adaptación que él y Lola Moral llevaban a cabo de ‘Caperucita Roja’ allá por 2015, directo antecedente de la soberbia propuesta que hoy os traemos con este ‘La bella durmiente’: estructurada en una concertina desplegable de ocho cuerpos, la modernización del clásico de Perrault y los hermanos Grimm que los autores nos brindaban hace algo menos de tres años entrega el testigo a esta actualización del también cuento tradicional cuyas más famosas versiones debemos, ya en forma escrita a los citados escritores clásicos ya en formato cine al largometraje de Disney.

De hecho, cabría pensar que es éste último el que Moral y García han tenido en mente a la hora de configurar una nueva y rompedora versión de la princesa que cae en un profundo sueño de cien años para despertar con el primer beso de amor por cuanto, al ser la más acaramelada de todas, es la que se sitúa en las antípodas de ésta en la que Talía —el nombre que deciden darle a la protagonista— es una inconformista que no está dispuesta a dejarse llevar al huerto por el primer caballerete de armadura reluciente que se presente en su castillo. No. Talía es una chica moderna, autodeterminada y progresista que quiere elegir a su hombre y no ser un mero objeto a reclamar.

Tan feminista discurso, muy acorde con estos tiempos, queda engalanado, como ya pasara con Caperucita, con unas ilustraciones ante las caer rendido: mi primera recomendación, antes de intentar acometer la lectura, es que toméis la concertina en vuestras manos, os vayáis a la mesa del comedor, la despejéis de todo ornamento y despleguéis en toda su gloria el metro y noventa y cuatro centímetros que alcanzan, sumados, los ocho cuerpos de ‘La bella durmiente’. ¡Ah, casi se me olvida!. Hacedlo sentados, no os vaya a dar un vahído ante la belleza plástica que tendréis ante vuestros ojos. Toda vez hayáis repetido el proceso por la otra cara —de nuevo, sentados— será el momento de replegar las páginas y dejarse entretener por las líneas de un cuento que, insisto, nunca ha estado tan condenadamente bien dibujado. Y eso que, entre las incontables versiones que de él se han hecho, se cuenta la de mi adorado Stephen Cartwright. ¿Cómo? ¿Que quién es Stephen Cartwright? No es este el momento de responder a esa pregunta, pero espero poder hacerlo en breve con un pequeño artículo dedicado a tan ilustre británico.

La bella durmientes

  • Autores: Lola Moral & Sergio García Sánchez
  • Editorial: Dibbuks
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: Concertina de 8 cuerpos
  • Precio: 13,30 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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