‘Caperucita Roja’, ampliar fronteras

Portada_Caperucita Roja

Como quiera que uno es padre y que pretende que su hija herede —me conformaría con que lo hiciera sólo en parte— mi desaforada pasión por los cómics, desde que naciera hace cuatro años estoy muy pendiente de todos aquellos lanzamientos que incorporar a mi nutrida tebeoteca para que, de aquí a poco, le sirvan de vehículo introductorio a este fascinante mundo que es el del noveno arte. Dentro de las cada vez más variadas opciones que encontramos en nuestro mercado editorial para poder llevar a cabo tan ilusionante tarea, una de las líneas que más se sigue explorando es la de acercarse a cuentos de “toda la vida” desde perspectivas novedosas que estimulen la imaginación de los más pequeños —y, por qué no, la de los mayores— mediante aproximaciones a los personajes de siempre desde puntos de vista que pueden llegar a ser radicalmente diferentes.

Es precisamente en éstos últimos en donde podemos enmarcar a ‘Caperucita Roja’, una nueva declaración de principios por parte de Dib-buks que sirve para volver a constatar el hecho de que las ideas que bullen en la cabeza de Ricardo Esteban y sus chicos no paran de desembocar en algunos de los mejores títulos que podemos ver publicados en castellano a lo largo del año. Mejores y más arriesgados cabría precisar de cara a este inclasificable desplegable que, utilizando los mecanismos propios de la narrativa secuencial, ofrece en cada una de sus dos caras todo un novedoso acercamiento a las obras de Perrault y los hermanos Grimm centradas en el microcosmos de esa niña con caperuza encarnada que, junto a su abuela, lleva sucumbiendo varios siglos al apetito insaciable de un lobo muy feroz.

Caperucita Roja-interior

En la “cara A”, la más atípica de las dos —que ya es decir—, Lola Moral y Sergio García nos aproximan, no al cuento en sí, sino a sus personajes y entorno a través de descripciones que, narradas por boca de la niña protagonista, nos permiten conocer más de su casa, de la receta de la tarta de la abuela, de la entrañable señora, del leñador y, por supuesto, del lobo. Estructurado de forma que los textos de apoyo superiores —de una cercanía espléndida— sirvan de cabecera de las ilustraciones de García, son éstas las que hipnotizan de forma inmediata al lector: de engañosa sencillez, la belleza compositiva de las seis imágenes que conforman este anverso de ‘Caperucita Roja’ es apreciable tanto en la singularidad de cada una de ellas —me quedo con la de los lobos— como en una mirada que abarque la totalidad de las mismas desplegadas en toda su magnificencia.

De hecho, si ya funcionan a la perfección en la otra cara, cuando damos la vuelta a la concertina y nos asomamos al cuento en sí, lo que nos encontramos es, a falta de mejores epítetos, de una cualidad “enmarcable” sublime: sobre la silueta de un lobo, prescindiendo por completo de la viñeta en su acepción más tradicional, y con una fluidez narrativa ESPECTACULAR, el arte de Sergio García, con sus grises, negros, blancos y tonalidades de rojos, cuenta sin necesidad de palabras y de una forma que sólo puede ser calificada como magistral ese relato que tanto y de tantas formas diferentes llevamos escuchando toda nuestra vida. Un relato que adquiere aquí nuevos matices y que demuestra sin despeinarse que a los clásicos siempre les quedará mucho recorrido mientras haya talentos dispuestos a reinventarlos. Sin lugar a dudas, uno de los mejores —y más económicos— regalos que pueden hacerse de cara a las inminentes festividades navideñas.

Caperucita Roja

  • Autores: Lola Moral & Sergio García
  • Editorial: Dib-buks
  • Encuadernación: Rústica
  • Páginas: Concertina de siete cuerpos
  • Precio: 10 euros

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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