‘Joe el bárbaro’, una GRAN metáfora

Joe el barbaro

Hace pocos días, cuando repasábamos los dos primeros volúmenes de la ‘JLA’ de Grant Morrison nos referíamos a ellos como uno de los primeros pasos en firme que, después de ‘Arkham Asylum’ dio el guionista para alcanzar el estatus de merecida estrella del noveno arte que hoy ostenta. Hoy, en referencia a ‘Joe el bárbaro’, lo que habría que afirmar es que es ésta una obra que nace precisamente de la consecuencia de ese asentamiento que comenzaba a mediados de los noventa y que, cuando se publican los ocho números que componen la singular y fabulosa miniserie que hoy nos ocupa, ya ha pasado por los escalones fundamentales que apuntalan hoy la fama del escocés. Trascendida pues su estancia en Marvel y los ‘New X-Men’, y de vuelta al redil de DC, Morrison ya había ofrecido en la Distinguida Competencia muestras sobradas de su inmenso talento —entre ellas, la magistral ‘All-Star Superman’, cuando llega a las páginas de ‘Joe el bárbaro’.

El presente cómic, inscrito en el ámbito de Vertigo, encierra una obra completamente original que rehusa apoyarse en la zona de confort que ofrece el amplio repertorio de personajes de la casa para disertar sobre los problemas de la adolescencia, cómo copar con la pérdida de un ser querido y de ese momento en que la infancia comienza a quedar atrás y la imaginación que en ella había sido nuestro mejor aliado, es relegada de forma paulatina a los rincones más oscuros de nuestra personalidad en aras de acelerar ese proceso de madurez al que tendremos acceso en la adolescencia. Y todo ello es puesto en juego por Morrison a través del protagonista, un niño de 13 años llamado Joe Manson, enfermo de diabetes que, sólo en una casa que su madre y él están a punto de perder a no ser que ocurra un milagro, abrirá la puerta de forma inconsciente a un mundo paralelo al nuestro habitado por su rata y por los juguetes que pululan por el suelo de su dormitorio; un mundo en el que él es una especie de elegido llamado a acabar con el poder oscuro que se cierne sobre sus habitantes.

A través de dicha premisa de partida, Morrison va tratando con la metáfora y el doble sentido por bandera una aventura alucinante plagada de diálogos imposibles que no siempre tienen que tener sentido pero que, de alguna manera, va dejando impresa en el lector la clara sensación de que todo lo que se va leyendo tiene su precisa traslación al mundo real. Un mundo real del que vemos breves fogonazos aquí y allá, siempre limitados a la casa de Joe, y que hacen avanzar la trama a cada intervención. De hecho, es en el arranque de la historia, y en la visualización que Sean Murphy hace de la casa en la que el protagonista «vive» sus aventuras imaginarias donde podemos comenzar a apreciar la potencia de lo que el arte del estadounidense va a ofrecernos: dejando muy atrás el recuerdo de aquél primer encuentro que con él supusieron las páginas de ‘Off Road’ —un título editado en nuestro país por Dib-buks— la imaginación visual de Murphy, su forma de angular el «objetivo», de planificar la acción y de componer la página son de un nivel asombroso que, indefectiblemente, coloca a ‘Joe el bárbaro’ como una de las más completas lecturas que se han podido hacer nacidas de Vertigo. Habida cuenta de lo mucho que hemos podido leer en la rama adulta de DC, afirmar lo anterior no es, como suele decirse, moco de pavo.

Joe el bárbaro

  • Autores: Grant Morrison & Sean Murphy
  • Editorial: ECC
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 224 páginas
  • Precio: 20,90 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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