‘Hicotea’, MARAVILLA

Cuando hay que hacerlo, hay que hacerlo. Y si es necesario comenzar una entrada afirmando con contundencia y sin ningún tipo de circunlonquios que hablar de ‘Hicotea’ es hacerlo de uno de los mejores tebeos que nos hemos «echado a la cara» en 2019 y que —sin duda posible— será de esos que tengan que formar parte de nuestra selección cuando el año toque a su fin; pues se comienza así y, por lo menos, os quitamos a algunos el peso de encima de tener que leeros toda la reseña para entresacar de ella aquello que podría llegar a empujaros a adquirir tan bellísimo álbum. Es más, es que si con las pequeñas muestras del trabajo de Lorena Álvarez aquí incluidas no os sentís ya irremisiblemente atraídos hacia ‘Hicotea’, quizá os podáis ahorrar la lectura de lo que queda de artículo por cuanto, si ya nos hemos volcado en cantar sus alabanzas en este primer párrafo, mucho más lo vamos a hacer en los que tengan que venir.

‘Luces nocturnas’ llegó inadvertida hace dos años y consiguió, de un plumazo, conquistar dos corazones de mi hogar: el de mi hija, que por aquél entonces contaba con cinco años y, por supuesto, el mío, que a sus 41 tacos se rendía ante la tremenda evidencia de que lo que Lorena Álvarez ponía en juego no estaba al alcance, no ya del común de los mortales, sino del común de los nombres dedicados a este mundillo del noveno arte. Sus virtudes, sus muchas virtudes, comenzaban en la manera en que la artista colombiana era capaz de desmontar prejuicios en las miradas adultas más torvas, seguían en destilar sin esfuerzo un mensaje tremendamente vital acerca del poder de la imaginación, pasaban en hacer que una niña se sintiera reforzada y en que un adulto volviera a ser niño y tomaban forma, así, como si nada, en unas páginas de una belleza sublime.

Que todas estas cualidades —y algunas más de las que ya hablamos en su momento— fueran las que caracterizaban a una ópera prima, ya era, en sí mismo, un logro considerable que, quizás, sólo quizás, podía ser fruto de una azarosa combinación de casualidades. Que sigan presentes incólumes en ‘Hicotea’, segunda parte de las aventuras de Sandy, ya no puede atribuirse a los hados y sí al inmenso talento que la guionista y dibujante vuelve a desplegar en unas planchas portentosas, preñadas de un colorido, una ternura, un candor y un fuerza tales, que dejarse enamorar por ellas es tan sencillo como respirar.

Pero, cuidado, lejos de acomodarse en repetir hazaña y capturar de nuevo para las páginas de esta segunda parte los mismos valores que encontrábamos en la primera, Álvarez le da un pequeño empujoncito a sus intereses y a las reflexiones que se derivan de la lectura y, al margen de insistir en la incuestionable relevancia de la imaginación como parte de nuestras vidas, tengamos la edad que tengamos, ahonda en connotaciones de defensa del medioambiente que no hacen, por supuesto, sino enriquecer todo lo que en la lectura subyace: incluido con total naturalidad y de manera que, de nuevo, se salven distancias generacionales para que una niña pueda captarlo en (casi) toda su dimensión, la conciencia ecológica de ‘Hicotea’ es de las que, por su sencillez y falta de pretensiones llega directa y desnuda para golpear con fuerza al que la recibe, dejando a la postre un poso que ya quisieran para sí sesudos y complejos estudios llenos de datos y más datos.

Y si ese viaje entre lo imaginativo y lo ecológico deviene en apasionante es, sin lugar a dudas, porque el ropaje del que se atavía es de un lujo indescriptible: todo lo que compete a la pátina visual de ‘Hicotea’ raya a unos niveles casi sobrenaturales, y desde el trazo al color, pasando por el entintado, la composición, la narrativa o el tempo, todo habla de una autora que está llamada —bueno, que ya ha sido llamada, recordemos las dos nominaciones a los Eisner que se granjeó con ‘Luces nocturnas’— a llegar muy lejos en el mundo de la viñeta. Arriba os hemos dejado una de las páginas que forman parte de este álbum, y creedme cuando os digo que, por muy bonita que os pueda parecer, por mucha hermosura que podáis hallar en ella, no es nada comparada con algunas de las planchas dobles con las que la colombiana casi nos reta a no dejarnos vencer por nuestras emociones más básicas y romper a llorar ante tanta belleza.

Sólo restan por decir algunas de esas obviedades que tan bien nos vienen para cerrar una entrada: que si ya sabéis lo que tenéis que hacer cuanto antes; que si menuda es la anticipación con la que esperamos el tercer volumen…y, quizás en un ámbito aún más obvio, que estamos ante una OBRA MAESTRA, un cómic hecho con un cariño sin par que rezuma mimo por los cuatro costados y que contagia a quien lo tome entre sus manos de esos «bonitos» sentimientos descubriéndole, a la sazón, todo un mundo mágico del que formar parte. Sinceramente, no se puede pedir más.

Hicotea

  • Autores: Lorena Álvarez
  • Editorial: Astiberri
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 56 páginas
  • Precio: 12,35 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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