‘El murciélago sale a por birras’, cachondeo confinado

Destila tanto cachondeo y tanta capacidad para reirse de uno mismo —y, por qué no, es tan buen reclamo publicitario—, que no es que no me pueda resistir a incluirlo, es que no me da la real gana no hacerlo y, para empezar esta entrada, he creído que lo mejor que podía hacer es echarme a un lado e incluir, tal cuál, las líneas que sirven a Álvaro Ortiz para describir tanto este tebeo que ha hecho desde el confinamiento y que ha ido publicando en la red durante el mismo, como a él mismo —ambos textos figuran en sendas solapas de la edición en papel que ¡Caramba! tanto se ha apresurado a compartir con los románticos de la tinta impresa.

El Murciélago.

Lleva años velando por la ciudá después de que unos malos matasen a sus padres tras salir de ver Jumanji en el cine.

En los 40 se pegaba con gánsteres, en los 60 como iban todos drogaos pues mucha psicodelia, y en los 80 se hizo gótico de ver tanta peli de Tim Burton.

Actualmente pues yo qué sé, crisis de mediana edad y esas mierdas.

El Autor

Álvaro Ortiz iba para novelista gráfico serio y respetable que hablaba de cosas profundas como la amistad (Cenizas, 2012); La creación literaria (Murderabilia, 2014) o lo ínfimo y lo infinito (Rituales, 2015); y aunque también hizo un cómic para el museo Thyssen-Bornemisza (Dos holandeses en Nápoles, 2016); pues luego se cruzaron en su camino una pandemia y un murciélago y a ver como coño remonta esto.

Con ese doble marco de referencia, se hacen muy evidente las ganas de gamberrear que se encuentran en el sustrato base del que se alimenta una propuesta desopilante y que se las apaña para ser, al tiempo, completamente respetuosa con la esencia misma del personaje creado por Bob Kane e increíblemente irrespetuoso con todos los valores que el protector de Gotham ha mantenido como parte de su idiosincrasia desde que viera la luz hace ochenta años. ¿Que cómo lo consigue? Ah, no. Eso no os lo voy a decir, que le quitaría toda la gracia a las 128 páginas en las que Ortiz desbarra dando pábulos a cualquier idea que se le cruza por la cabeza, por descabellada que ésta sea.

Y todo partiendo de una premisa de lo más simple. La que queda apuntada en el título del volumen: el murciélago está hasta las narices del confinamiento y se salta la cuarentena para pillar unas birras. Lo que le sucede en esa aciaga noche es algo que queda entre él, las drogas, la gata, un inesperado trío, el bigotes —cierto comisario algo molesto—, Rubén, su enervante pupilo y Alfredo, el mayordomo eternamente preocupado por su bienestar. ¡Ah! Y el Supermotivao, que también aparece por ahí para darle un poquito de cera a cierta película de Snyder.

En fin, lo dicho, que parece mentira que con un tono tan descaradamente irreverente y con un dibujo que se resuelve con cuatro trazos —perfectamente reconocibles como 100% Ortiz, cuidado—, ‘El murciélago sale a por birras’ sea una lectura que, afortunadamente, siempre tendremos asociada a este extraordinario periodo de nuestras vidas en el que nuestros hogares volvieron a convertirse en el verdadero centro de nuestras vidas.

El murciélago sale a por birras

  • Autores: Álvaro Ortiz
  • Editorial: ¡Caramba!
  • Encuadernación: Rústica con solapas
  • Páginas: 128 páginas
  • Precio: 9,50 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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