‘El jugador de ajedrez’, la belleza del horror

Última novela que publicó el literato austríaco Stefan Zweig antes de suicidarse en Petrópolis (Brasil) en 1942 tras conocer noticias de la caída de Singapur y bajo el convencimiento de que el mundo sería arrasado inmisericorde por el ímpetu de las fuerzas del eje, ‘Novela de ajedrez’ —a la que Laurent Seksik y Guillaume Sorel hacían una brevísima acotación visual en la espléndida ‘Los últimos días de Stefan Zweig’— servía al escritor para emitir una nada velada denuncia a la barbarie y las prácticas del nazismo envolviendo su mensaje en un relato en el que la intriga y el milenario juego eran protagonistas principales.

Cambiando su título por ‘El jugador de ajedrez’, David Sala ya nos da una idea previa de cuáles son sus intereses a la hora de trasladar el texto de Zweig a viñetas: sí, la denuncia al nazismo —o a cualquier tipo de régimen del miedo— sigue presente, y las páginas que las recogen, que nos acercan a la vida Mr.B, el enigmático aristócrata vienés que, a bordo de un transatlántico rumbo a Argentina, reta al campeón del mundo a una partida sin igual, sirven, como ya lo hacían las descripciones de Zweig, tanto a alzar la voz en contra del fascismo nacionalsocialista, como de clara oda a lo inquebrantable de la naturaleza humana cuando esta se propone no doblegarse ante nada.

Pero, como decía, el mayor interés de Sala no descansa tanto en ese núcleo central como en los extremos que lo prologan y lo cierran. En ellos, y mediante un virtuosismo narrativo espectacular, que hace que el tempo y el ritmo no sean más que arcilla que modelar a su antojo, el llamativo estilo del artista francés —que, entre otros muchos, a servidor le recuerda al de Jorge González, el artista de ‘Fueye’, pero algo más contenido— juega con las texturas de los fondos a su antojo para, parándose a diseñar trazados de suelos o tapizados de paredes, potenciar el carácter obsesivo de sus antagonistas y hacernos partícipes íntimos de la pulsión que mueve a uno de ellos a llevar al enfrentamiento a un nivel que se aparta por completo de la mera competitividad y se convierte en una suerte de lucha por la supervivencia de su alma.

Quizás su abrupto y anticlimático final —desconozco si la novela será así o no— desentone de todo lo que le precede pero, como defecto, es uno que no empaña lo más mínimo las sobresalientes impresiones que se extraen de un álbum portentoso que nos mantiene en vilo a cada paso de página sin que podamos anticipar en ningún momento cuáles serán los derroteros futuros por los que discurrirá. Y eso, como ya he dicho en infinidad de ocasiones, es motivo personal más que suficiente para guardar en alta estima a ‘El jugador de ajedrez’.

The Fade Out

  • Autores: David Sala
  • Editorial: Astiberri
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 128 páginas
  • Precio: 19,95 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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