‘El guantelete del infinito’, trascender lo épico

Construido a fuego lento durante diez años y a través de 18 producciones, el UMC conocerá mañana la que, por su alcance y más que probable tono mega-épico, está llamada a ser joya de la corona de la vertiente cinematográfica del universo marvelita. No nos extrañaría nada, pues, que ‘Avengers: Infinity War’ tardara muy poco en plantarle cara en la taquilla a ‘Black Panther’ y le arrebatara a la cinta el título de cinta de superhéroes más taquillera de la historia —amén de robarle, de paso, el privilegiado tercer puesto que la cinta de Ryan Coogler ha alcanzado entre las de mayor recaudación en Estados Unidos superando a ‘Titanic’—. Obvio es que, aprovechando tal coyuntura, nos asomemos hoy a la historia que, publicada a principios de la década de los noventa, se encuentra —al menos en parte— detrás de todo lo que condensarán esos casi 150 minutos de metraje que, si nada lo impide, servidor podrá ver mañana en un pase previo para, así, poderos ofrecer impresiones sobre tan esperado evento fílmico la misma jornada de su estreno mundial.

Dejando la cinta dirigida por los hermanos Russo de lado, y volcando nuestra atención en el cómic, retomemos las dos primeras líneas que, hace un par de meses, deseché como adecuadas para abrir mis impresiones sobre ‘El renacimiento de Thanos’ y, a partir de ellas, demos paso a todo lo que Panini recoge en los dos volúmenes que hoy son objeto de nuestro tiempo:

El lanzamiento de ‘El guantelete del infinito’ fue más o menos coetáneo con el planteamiento en firme de servidor de comenzar a tomarse en serio esto de los cómics. Publicados sus seis números a lo largo de 1991, su edición en castellano por parte de Planeta DeAgostini a través de su sello Fórum tuvo lugar entre mayo de 1992 y marzo de 1993, apareciendo los seis prestigios —aquél formato tan extendido durante los noventa, hoy en desuso— con una cadencia bimestral que, como digo, coincidió con mi total rendición a esto de coleccionar cómics…por más que, y es muy intenso el recuerdo, no me enterara de la misa la mitad en aquella lejana primera lectura por mi vasto desconocimiento de todo lo que Jim Starlin metía en tan poblada historia.

Mentiría si dijera que, desde entonces, nunca me había vuelto a acercar a ‘El guantelete del infinito’, pero creo de recibo aclarar que la última vez que lo hice fue hace cosa de una década y que, por aquél entonces, pasaba por un momento de desencanto con el mundo de los tebeos de superhéroes que no ayudó en nada a mejorar mi desigual apreciación hacia la saga ideada por Starlin y plasmada en viñetas por Ron Lim y George Pérez. Así las cosas, es muy de agradecer que, igualmente aprovechando el estreno de ‘Infinity War’, Panini haya lanzado esta ‘Colección Jim Starlin’, permitiéndome, no sólo releer la historia central, sino la primera antesala que fue la citada ‘El renacimiento…’ y un prólogo, el que hoy forma parte de esta entrada, que es una auténtica gozada.

Lo es, en primera instancia, por lo variado del trabajo de Starlin, por tener ideas locas como que los primeros números que aquí se recopilan giren en torno a la búsqueda de un empleo por parte de Estela Plateada (sic); porque el guionista le tiene tan bien tomado el pulso a la colección que incluso se puede permitir el lujo de que su personaje central ni aparezca; porque todo el entramado en mundo gema es de un ingenio sin par; porque la forma en que prepara el terreno con Thanos hacia lo que desembocará en ‘El guantelete del infinito’, hace del titán loco un personaje de una dimensión inabarcable y, por supuesto, porque el trabajo de Ron Lim, tan efectivo como lo que leyéramos en ‘El renacimiento…’ sigue asombrando a este incrédulo que nunca supo ver en él más que un artista de «relleno».

Sí así fue durante mucho tiempo, es debido a la particular tirria que le tomé al artista cuando, ya en ‘El guantelete…’, asistí impotente a la sustitución del inmenso George Pérez por sus lápices —que, cuidado, funcionan como un reloj suizo—. Claro está que entonces desconocía las circunstancias que desembocaron en tal decisión editorial, y pensaba que Marvel había quitado al neoyorquino en favor de Lim por motivos que nada tenían que ver con la realidad que tan bien nos traslada la introducción del volumen de Panini escrita por Eneko Ruiz: liado como estaba por aquellos años con ‘Wonder Woman’, Pérez fue incapaz de perpetuar su presencia en ‘El guantelete…’ más allá de un cuarto ejemplar que ya dibujaría alimón con Lim a un nivel de calidad, eso sí, muy por debajo de sus estándares o, sin ir tan lejos, de lo que nos había ofrecido con los dos primeros números de la miniserie.

Una miniserie que lidia con el ansia de Thanos por que su amada Muerte reconozca su valía y que enfrenta a la práctica totalidad del universo Marvel —del que queda después de que se cepille con un chasquido de dedos al 50% de la población universal—, entes cósmicos incluidos, con el ser todopoderoso en el que se ha convertido el villano gracias al poder conferido por las gemas del infinito. Aportando aún más calado al personaje —al hilo de Thanos, me encanta la reflexión que sobre él hace Isaac Sánchez ‘Loulogio’ en este vídeoStarlin construye un relato al que el apelativo épico se le queda bien corto: calificar como tal a la escala de lo que aquí vemos, a la forma en que todo se desarrolla y a la manera en que se resuelve el entramado sería una injusticia para con una lectura que, no sólo no ha envejecido con el tiempo sino que, a título personal, ha encontrado renovadas fuerzas para posicionarse como uno de los eventos más imprescindibles de cuantos muchos vieron la luz a lo largo de los noventa. Ahí queda eso.

El guantelete del infinito. Prólogo

  • Autores: Jim Starlin y Ron Lim
  • Editorial: Panini
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 266 páginas
  • Precio: 18,95 euros en Amazon

El guantelete del infinito

  • Autores: Jim Starlin, George Pérez y Ron Lim
  • Editorial: Panini
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 285 páginas
  • Precio: 18,95 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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