‘Dr. Uriel’, una vida ejemplar para un tebeo magistral

Si ya a mediados de diciembre hice referencia a ellos debido a los comentarios que vertimos sobre el libro que se había hecho acreedor del premio de la última edición de los FNAC-Salamandra Graphic, hoy, casi tres meses después, hemos de volver a traer a colación este galardón que la conocida cadena de tiendas y la que otrora fuera Sins entido otorgan a proyectos que, gracias a la inyección de dinero que supone ser el elegido, pueden llevarse a cabo y terminar viendo la luz bajo el sello del reptil verde. Y si hemos de hacerlo es debido a que el primer tercio del voluminoso y contundente tomo que hoy os traemos fue el que, en 2013, terminó seleccionado por el jurado del concurso y el que, meses más tarde, llegó a las tiendas especializadas para asombro de aquellos que tuvimos la fortuna de leerlo.

Porque, dejémoslo claro desde el principio, ‘Un médico novato’ de Sento Llobell fue, sin lugar a dudas, uno de los momentos álgidos de las lecturas españolas de hace cuatro años que, si se quedó fuera de la selección de lo mejor de aquellos doce meses no fue debido a demérito alguno por parte de esta crónica de la vida de Pablo Uriel, médico durante la guerra civil y suegro del autor, sino a la feroz competencia con la que hubo de enfrentarse en términos generales y, en particular, con esa OBRA MAESTRA de Paco Roca llamada ‘Los surcos del azar’ con la que tantos lazos compartía esta primera entrega de una trilogía que, me avergüenza confesar, ignoré por puro desconocimiento cuando, en 2015 y 2016, Llobell la continuó de forma completamente autónoma.

Afortunadamente, Astiberri ha estado pronta al quite y, con la “saga” ya cerrada en abril del año pasado, nos traía hace cosa de dos meses este magnífico integral de cerca de 450 páginas que, con la excepcional calidad que caracteriza sus productos, recoge tanto ‘Un médico novato’ como ‘Atrapado en Belchite’ y ‘Vencedor y vencido’, ofreciendo así la posibilidad a aquellos que, como el que esto suscribe no hubieran podido hacerlo, de poder asomarse a la apasionante y apasionada historia completa del Dr.Uriel.

Habrá quien clame, porque siempre hay quien lo clame, que ahora que el cine español parece haberse medio olvidado de la Guerra Civil —su nueva obsesión parece ser el thriller, un género del que no cesan en florecer proyectos a diestro y siniestro en nuestra cinematografía— es el noveno arte quien ha recogido el testigo y se obceca en que no nos olvidemos de esos tres años fundamentales de nuestra historia en los que la piel de toro en la que habitamos se escindió en dos para, después, dar paso a la que de forma más probable será recordada en tiempos venideros como la época más oscura de España. A los que así piensen me permitiría responderles con un par de comentarios.

El primero, que no es nada novedoso que el tebeo español se acerque a la Guerra Civil y que, sin contar las exaltaciones de la misma hechas durante la dictadura de Franco, tan pronto como la democracia abrió luz entre las tinieblas, las viñetas han sido vehículo fundamental para exorcizar los muchos demonios que la muerte del “generalísimo” dejaba al descubierto. ¿Ejemplos? Considerables. Desde el ‘Paracuellos’ de Carlos Giménez, pasando por los varios álbumes que le dedicó Antonio Hernández Palacios —con su asombroso ‘Eloy’ al frente—, o aquel volumen coral que guionizaba Víctor Mora llamado ‘Tormenta sobre España’, hasta llegar, qué sé yo, al ‘Malos tiempos’ de Giménez, a las muchas páginas que quedan a la guerra dedicadas en ese asombroso díptico formado por ‘El arte de volar’ y ‘El ala rota’ de Antonio Altarriba y Kim o a ese ‘Cisco’ que Panini publica de forma inminente. Y estas son de las que me acuerdo a vuelapluma, ni de lejos las únicas.

En segundo lugar, les diría a los que están hastiados de las constantes miradas hacia aquellos años de horror y fratricidios que, no estando obligados a acercarse a ninguno de los relatos situados en aquellos años, vengan en la forma que vengan, harían muy bien en dar cuenta de todos y cada uno de ellos —al menos, de los que se editen en papel con viñetas, que es de lo que aquí nos ocupamos— porque nunca, nunca, se habrá aleccionado lo suficiente a cualesquiera que sea la generación, acerca de los horrores de la guerra, del poder que el miedo ejerce sobre la población convirtiéndola en meros corderos, de los extremos a los que llegamos los humanos cuando queremos humillar a nuestros congéneres y de lo pronto que estamos dispuestos a sacar nuestra versión más oscura y violenta cuando creemos que no habrá consecuencias.

Acerca de todo ello, y bastantes cosas más, versa ‘Dr. Uriel’, una obra marcada por la honestidad y la sencillez y por el deseo de Sento de rendir sentido homenaje, no ya a su suegro, sino a toda la generación de sus padres —mis abuelos—, esos que, como bien indica el título del volumen que cierra la trilogía parafraseando el de la genial cinta de Stanley Kramer sobre los juicios de Nuremberg, daba igual que fueran “vencedores” por la voluntaria o involuntaria asociación al bando nacionalista que siempre serían formarían parte de los millones de “vencidos” por encima de los que la guerra sobrevoló arrancándoles de cuajo su humanidad.

Honestidad y sencillez, sí, pero también una enorme elocuencia, una capacidad asombrosa de narrar sin que haya altibajos a lo largo de tantas y tantas páginas y, sobre todo, una tremenda habilidad para que, toda vez que nos sumergimos en ella, sintamos como nuestra imaginación se traslada a ochenta años en el pasado para vivir con intensidad y en primera persona lo que ‘Dr.Uriel’ despliega. Tanto es así que, como suele pasar con esos títulos que siempre permanecerán en nuestra memoria y a los que acudiremos para ejemplificar el porqué de la grandeza del mundo del arte secuencial, resulta imposible no hacer nuestros a todos y cada uno de los personajes que Sento traza con maestría, importando poco que las décadas que de ellos nos separan supongan una imponente brecha socio cultural entre tan dispares instantes históricos.

La brillante simplicidad gráfica de Sento es herramienta definitiva en la consecución de tal logro, y lo caricaturesco de sus figuras, la franqueza que exuda su blanco y negro y los sutiles matices que emanan del delicado uso del color ayudan sobremanera a que esa sensación de cercanía hacia el pasado no nos abandone hasta la última página. Embarcados pues en este “testimonio minúsculo” que nada tiene de dicha cualidad, no puedo terminar sin apuntar a la superlativa grandeza que rezuma ‘Dr. Uriel’ y, lo decía antes, a la necesidad de que, de cuando en cuando, sigamos encontrando proyectos como éste que nos refresquen la memoria y no permitan que la comodidad de nuestras existencias aplaste sin remedio el sufrimiento que hizo falta para sustentarlas.

De parte de mis abuelos maternos, y de los abuelos de mi esposa: Gracias, Sento.

Dr. Uriel

  • Autores: Sento (Vicent Llobell)
  • Editorial: Astiberri
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 432 páginas
  • Precio: 33,25 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector apasionado. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de adopción. Treintañero para cuarentón. ¡Ah! y escritor compulsivo tanto aquí como en Blog de cine.

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