‘DC Black Label. All-Star Superman’, OM

Replica tardía al Universo Ultimate de su eterna competidora, DC pronto comenzaba a marcar pautas muy diferentes para las colecciones que en un futuro pudieran llegar a acogerse al sello «All-Star». Para empezar, y de la misma manera que su contrapartida marvelita, las historias desarrolladas bajo el proyecto, se situarían fuera de la lastrante continuidad de los personajes, permitiendo a los autores plantear aquello que consideraran necesario para con el relato a plasmar en viñetas.

A partir de este punto, único en común con las muchas series aparecidas con el distintivo Ultimate, All-Star comienza a adquirir una personalidad propia que, al menos para un servidor, es bastante más atractiva que aquella de la idea acuñada en su momento por Joe Quesada y el inefable Bill Jemas. De hecho, todas las diferencias que se quieran plantear entre ambas líneas editoriales quedan constreñidas a un único apartado: las historias de este abandonado proyecto de DC tenían vocación de autoconclusivas y su desarrollo, de haber llegado a algo más que las dos cabeceras que aparecieron, era en formato de números limitados.

Con el ‘All-Star Batman and Robin the Boy Wonder‘ como primer —y desafortunadamente inacabado— ejemplo de lo que DC pretendía publicar, será ‘All-Star Superman‘ la que de la campanada gracias al esfuerzo de un equipo cuyos trabajos hasta la fecha sólo podían calificarse de geniales para arriba: desde su primera colaboración en ‘Flex Mentallo‘ hasta este Superman, el tándem formado por Grant Morrison y Frank Quitely nos había regalado la magnífica ‘JLA: Earth 2‘, la estupenda ‘New X-Men‘ —aunque aquí no todo es del dibujante, lamentablemente— y la MAGISTRAL ‘We3‘.

La sinergia que podíamos observar en todos y cada uno de los tebeos anteriores es la que va a servir como perfecto caldo de cultivo para que, una vez finalizada su intervención en el superhéroe más emblemático de la historia del cómic podamos afirmar, casi sin miedo a equivocarnos, que ‘All-Star Superman’ es la MEJOR historia jamás escrita sobre el Hombre de Acero. Ello no quiere decir que sea un cómic perfecto —que casi lo es— sino que es el MÁS perfecto de cuantos se han escrito a lo largo de los setenta años de historia del kriptoniano, situándose por encima de las otras dos que hasta ahora ocupaban dicho puesto en mi particular panteón: el ‘It’s a Bird‘ de Steven Seagle y Teddy Kristiansen, y la maravillosa ‘Secret Identity’ de Kurt Busiek y Stuart Immonen.

Libre de las ataduras que la continuidad de una serie mensual plantea, Morrison y Quitely crean una historia contada de forma simple con elementos complejos —aunque nunca complicados— que se van diseminando a lo largo de doce fantásticos números y que van funcionando a diferentes niveles: desde la ciencia ficción a la fantasía pasando por la mitología o el carácter superheróico, incidiendo Morrison en este último de forma especial al mostrarnos que la determinación de Superman tiene poco que ver con sus grandes poderes e invulnerabilidad física, y mucho con su fe ciega en el bien inherente a la humanidad y en cuán lejos está dispuesto a llegar a sacrificarse por su mundo adoptivo, incluso hasta el último aliento y latido de su corazón.

Tributo respetuoso hacia todo lo que se ha escrito del personaje por tantos y tantos autores antes que él, Morrison plantea ‘All-Star Superman’ como un repaso concienzudo y preciso a todos aquellos elementos y personajes que a lo largo de los años han ido definidiendo al icono «decero» de una forma u otra.

Preñadas de la febril imaginación que el guionista ha demostrado en la práctica totalidad de sus trabajos, las versiones de los personajes que han rodeado a Superman adquieren una nueva e impresionante vida bajo la pluma del escritor inglés, tanto si estos son de los principales —es genial la sutileza con la que cambia a Lois—, como si son de los secundarios que tantas veces hemos visto desatendidos, o incluso aquellos que son de nueva creación —fantástico ese Quintum—. Es sobre todo con los segundos, una pléyade de personajes a cada cuál mejor definido, donde Morrison pone mayor énfasis a la hora de separarlos sustancialmente de sus fuentes, destacando en este sentido las variaciones de Mxyzptlk o Zibarro —que en la versión del escocés resulta ser el único ente inteligente en el planeta Bizarro.

Pero si lo que hace con los personajes es genial, más lo es el empeño puesto en que cada número quede sembrado de multitud de referencias, llamativas o casi inapreciables, acerca de mil y un detalles que durante los años de existencia del personaje hemos podido ver los lectores. Sin ningún orden de preferencia en particular, sirvan los siguientes como ejemplo de lo que Morrison ha trabajado el decorado sobre el que se desarrolla esta pieza clave en la historia del personaje: la fortaleza de la soledad —una versión limpia y gargantuesca de la Batcueva— y su nueva llave; las mascotas que Superman guarda en ella —ese come-soles—; la variación de Doomsday con la que debe luchar un hombre de acero afectado por la kriptonita negra; la forma de introducir los poderes cuando está disfrazado de Clark; el uso final que se le da a los Kandorianos; todo lo concerniente a la acción que transcurre en el planeta Bizarro; la Tierra Q, un mundo en miniatura creado por Superman que evoluciona en pocas horas y que guarda un emotivo homenaje final para con Joe Shuster y Jerry Siegel; la entrañable aparición de Krypto y los juegos con su dueño…

Y detrás de cada gesto, cada detalle, cada nueva visión de un personaje clásico, cada pose de Superman…detrás de todos los conceptos imposibles que Morrison quiere imaginar, ahí esta la maestría de un Frank Quitely INCOMENSURABLE. Bien es cierto que a lo largo de la lectura el británico, ya sea por premura, ya sea por una decisión consciente, define a Superman/Clark de muy diferentes formas, pero es un detalle que no resta ni un ápice de grandeza a la titánica labor con la que se carga el dibujante durante las más de trescientas páginas que abarca la historia. Aunque cada página sería digna de un análisis pormenorizado, no habría sitio en vuestra paciencia —ni en la mía— para poder desgranar aquí lo que Quitely lleva a cabo.

Es preferible quizás quedarse con la clara impresión de que —incluso comparado con las asombrosas lecciones que daría poco después en ‘Jupiter’s Legacy‘— este es el MEJOR trabajo que el inglés ha llevado a cabo hasta la fecha, y buena prueba de ellos son algunas de las icónicas páginas que quedan diseminadas a lo largo y ancho de la lectura: la doble que muestra a un majestuoso Superman volando con el sol de fondo; aquella en la que él y Lois se funden en un apasionado beso; la que culmina el sexto número, con el superhombre arrodillado ante la tumba de Jonathan Kent, aquella en la que aparece sentado meditando en la fortaleza de la soledad o, por supuesto, la majestuosa antepenúltima plancha, de una épica capaz de dejar en pañales a lo que se le ponga por delante.

No se me ocurre mejor forma de finalizar esta reseña que citando a Mark Waid, que en la introducción del segundo volumen recopilatorio americano afirmaba «Realmente He Leído Cada Historia de Superman y Nunca Una Mejor«. Estoy de acuerdo al 100%. Sin reservas.

DC Black Label. All-Star Superman

  • Autores: Grant Morrison y Frank Quitely
  • Editorial: ECC Ediciones
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 328 páginas
  • Precio: 36 euros

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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2 Comentarios

  1. Inconmensurable, grandiosa, tierra, emocionante. Todo lo que se diga es poco. Mi primer superhéroe fue Superman por las películas y aquí me pude reconciliar con él. El más grande en su mejor encarnación.

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