‘La verdadera historia de FUTURÓPOLIS’, el nacimiento de una institución

Recuerdo con total claridad la primera visita que hice, hace ya casi treinta años, a una librería especializada en tebeos: proveniente de lo que suele denominarse «de provincias», mis contactos y compras iniciales dentro del mundillo habían sido, como creo haber comentado alguna vez, a través de kioscos, papelerías o, llegado el momento, en una adenda a la oferta comercial de su establecimiento que la propietaria de mi videoclub habitual decidió llevar a cabo. Pero todo aquello era tremendamente insuficiente para la inquietud de aquél adolescente que sabía de la existencia de templos dedicados en exclusiva a la adoración del noveno arte. No fue hasta una visita a Sevilla por motivos médicos que, tras salir de un copioso almuerzo del Corte Inglés de la Plaza del Duque, servidor tuvo la oportunidad de adentrarse en las estancias de Rumbo Sur, librería que, muy al hilo de lo que nos cuenta Florence Cestac en ‘La verdadera historia de FUTURÓPOLIS‘, también se abrió camino en el mundillo editorial con una revista bastante conocida en la capital hispalense.

Como decía, aquella primera visita a un establecimiento en el que sólo había tebeos allí donde alcanzaba la vista sirvió de ceremonia de inicio a mi mudanza a la ciudad a orillas del Guadalquivir y, por supuesto, al descubrimiento pleno de todo lo que la narrativa secuencial tenía para ofrecerme. Un descubrimiento al que después se sumarían, no sólo el resto de tiendas sevillanas sino aquellas que, con nombres conocidos en el mundo entero, servirían de lugar de peregrinaje en mis traslados a Londres, Nueva York o, por supuesto, París. Y aunque para mi primer viaje a la ciudad de la luz el establecimiento de Futurópolis ya hacía tiempo que había desaparecido, no así la presencia de un sello que, de manera modesta y muy alejado del ruido que hacen Dargaud o Dupuis, puede afirmar con orgullo el haber dado cobijo, en algún momento de su trayectoria, a autores de la talla de Étienne Davodeau, Enki Bilal, Gipi, Jean Pierre Gibrat, Jacques Tardi, Fabien Vehlman o a nuestros Ricard Efa y Nadar por citar a un escueto puñado de un listado de auténtico infarto.

Miembro fundador del grupo que se hará cargo de la librería de la que partirá todo, Cestac es una anfitriona de honor para acercar al lector, mediante unas páginas cargadas de simpatía, buen rollo y desparpajo, a los muchos disgustos y menos alegrías que supuso la puesta en pie de Futurópolis a unos improvisados empresarios que aprendieron a amar el medio a fuerza de convivir con él las 24 horas del día. A lo largo del volumen, Cestac alterna los mil y un recuerdos asociados con el arranque de aquella aventura en la que se embarcaron varios jovenzuelos con las incontables e hilarantes que más tocan de cerca al lector, aquellas vividas entre las cuatro paredes de la tienda y con las que más de uno se sentirá plenamente identificado. Dicha capacidad para conectar con el lector es la mejor cualidad de un libro que se consume con inusitada avidez, que, de manera franca y honesta, nos habla de las muchas dificultades que, incluso en un mercado como el francés, entraña el levantar y, sobre todo, mantener, una editorial de tebeos y que, bajo el dicharachero trazo de Cestac, nos conquista sin esfuerzo y añade su granito de arena al bagaje que, sobre este mundillo, seguimos intentando nutrir con cada nueva lectura.

La verdadera historia de FUTURÓPOLIS

  • Autores: Florence Cestac
  • Editorial: Dolmen
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 104 páginas
  • Precio: 18 euros

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