Fuera Borda: insuperable programa doble

Como coleccionista, y más aún como lector que tiempo ha trascendió el mero gusto por la lectura a secas de un tebeo y comenzó a querer más, a necesitar saber más de lo que las viñetas por sí solas contaban, no puedo estar más agradecido por aquello que ofrecen los dos volúmenes que hoy nos acompañan, dos propuestas de la colección Fuera Borda de Dolmen que, a imagen y semejanza de sus contrapartidas francesas, acompañan las geniales creaciones de Jean Roba y Willy Lambil con páginas y más páginas de cómo llegaron a nacer tanto ‘Bill y Bolita’ como ‘Pobre Lampil’ en un hecho que, al igual que llevamos viendo desde el primer integral de ‘Spirou y Fantasio‘, eleva considerablemente la ya sobresaliente valoración que uno podría hacer de cualquiera de los dos títulos y sitúa a ambos volúmenes, sin lugar a incertidumbres, en la categoría de IMPRESCINDIBLES.

En esas páginas previas, documentadas hasta el hastío y enhebradas de forma que quien esté interesado por la historia quede inevitablemente atrapado en ellas, encontramos los amantes del noveno arte mucho conocimiento que echar a nuestra mochila para seguir llenándola, no sólo de personajillos simpáticos o de historias inolvidables, sino de miradas al otro lado de la página; miradas que, cargadas de humanidad, de grandes gestas y de pequeños gestos, son el perfecto preludio a lo que vendrá después, complementando la ficción del niño y su perro y del autor en perpetuo apuro con lo que hubo detrás, aquello que, indefectiblemente, llevó a sus autores a dar con esa idea y no otra, con ese chiste y no otro.

Porque, si hay un denominador común muy significativo de entre los varios que cabría señalar para con ‘Bill y Bolita’ y ‘Pobre Lampil’ eso es el que tanto Roba como Lambil basen la enorme y constante efectividad de sus creaciones en nada menos que mirar su entorno inmediato, entresacando del mismo aquello susceptible de ser exagerado, puesto en valor gracias a la narrativa secuencial y plasmado en unas viñetas que, provocando siempre la risa —cuando no la más estentórea carcajada— dejan entrever de manera constante donde acaba la realidad y empieza la puesta en escena: con su propio hijo y su cocker como protagonistas en el caso de ‘Bill y Bolita’, o él mismo y sus muchas inseguridades puestos en el ojo del huracán si a ‘Pobre Lampil’ nos referimos, tanto Roba como Lambil hacen grandes a sus criaturas gracias a esa perpetua capacidad de ambos artistas de arrastrar al lector a su juego y, una vez que nos tienen atrapados, seguir enganchándonos con las mil y una propuestas que, a lo largo de las décadas —en el caso de Roba, años en el caso de Lambil— servirán para elevar a la categoría de leyenda al primero y de lectura imprescindible al segundo.

Por dedicarle unas líneas exclusivas a cada uno y dejar de lado momentáneamente las disquisiciones en paralelo, he de traer a colación que, aunque ha sido mi primer contacto con las páginas de ‘Bill y Bolita’, ni mucho menos han supuesto estas la primera vez que me encontraba con los míticos personajes de Roba, más que nada porque, en un viaje que hice hace veintisiete años a Lyon, tuve la oportunidad de chocarme con ambos cuando un primo segundo, en cuya casa me quedé un par de semanas, adoraba a ese niño y a su perro y tenía, en sus estanterías, todo tipo de merchandising de dos enternecedores e hilarantes caracteres. Unos personajes que, bebiendo sin querer ocultarlo del no menos legendario Daniel el Travieso de Hank Ketcham, y aún asumiendo que lo que el autor estadounidense hacía con una única viñeta era MAGIA, supera a mi parecer al pequeño terremoto yanqui poniéndole a sus planchas muchísimo corazón y un talento gráfico que, partiendo de la clara influencia de André Franquin, no tarda mucho —y es algo que puede verse en las páginas de este primer integral— en tomar una dirección menos angulosa y más afable que la del genio belga, algo que termina por convertir a las páginas de ‘Bill y Bolita’ en una auténtica DELICIA.

La sombra del dibujante que llevó a tan elevadas cotas a Spirou que cualquier nueva aventura del personaje siempre termina comparándose con él aún después de cincuenta años desde que lo abandonara para explorar otros terrenos, también sobrevuela, aunque de forma menos inquieta y evidente, las páginas de un Willy Lambil que, cuando llega aquí, después de haber hecho historia con ‘Casacas Azules‘ —también recogida por Dolmen en varios volúmenes de la colección Fuera Borda—, tiene tal armamento narrativo a sus espaldas en términos de dominio del tempo, de la secuenciación y de cómo estructurar el gag, que casi cabría comparar las andanzas de su alter ego, un dibujante de tebeos con un mal de ojo constante, con las siempre hilarantes desventuras de Gastón el Gafe, otra mítica creación de Franquin.

No puedo terminar sin dar nuestra más franca enhorabuena a Dolmen por estar rescatando de manera tan sistemática material que, más o menos conocido a este lado de los Pirineos, cuenta con legiones de seguidores en su país natal. Un material que, en estas hermosas ediciones que la editorial mallorquí lleva años poniendo en circulación, abre la posibilidad al lector español de, como es mi caso, rescatar poco a poco pequeños retazos de su infancia —la nostalgia, poderosa aliada es—, o, como será el caso de muchos asomarse o asomar a otros —esos peques de la casa— a unas páginas a las que la cualidad de inmortalidad tiempo ha se les quedó algo ajustada. Gracias, Dolmen por este regalo que nos hacéis tantas veces al año. Por favor, continuad muchos años más.

Pobre Lampil 1973-1982

  • Autores: Willy Lambil y Raoul Cauvin
  • Editorial: Dolmen
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 176 páginas
  • Precio: 29.95 euros

Bill y Bolita 1959-1963

  • Autores: Jean Roba
  • Editorial: Dolmen
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 264 páginas
  • Precio: 34,95 euros

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