‘El hombre de acero vol.1’, clásico incontestable

A lo largo de los años hay títulos en la vida de un lector de cómics que se convierten en referentes, y no siempre porque sean trabajos de una calidad incuestionable o, directamente, alguno de esos pilares fundamentales que todo amante del noveno arte debería leer al menos una vez. No. Hay instantes en los que, sea por la circunstancia que sea, un tebeo concreto, llámese grapa, tomo, álbum o incluso etapa, llega a nosotros en el momento adecuado y, gracias a una primera impresión inolvidable y a sucesivas relecturas dispersas en el tiempo, se convierte en uno de esos cómics que NUNCA nos cansamos de leer. Los seis números que conforman la miniserie de ‘El hombre de acero‘ de John Byrne sería de esos cómics sino fuera porque a la enorme relevancia a título personal que tiene esa media docena con la que DC reinició al último hijo de Krypton tras ‘Crisis en las Tierras Infinitas‘, se une el hecho de que, en mi humilde opinión, estamos ante una de las tres mejores historias que ha visto la luz en la cabecera regular del héroe de rojo y azul.

Los avatares que llevaron a su aparición son ya tan conocidos como parte inherente de la historia del tebeo de superhéroes y la revitalización que John Byrne consiguió a través de unas páginas que son celebración constante de la idiosincrasia más alegre y jovial del mundo de los seres con superpoderes sigue hoy, treinta y cinco años después de su aparición, dejándome maravillado cuando vuelvo a asomarme a páginas como la de más abajo, una de las imágenes más icónicas de Superman, o a otras muchas de las que conforman esos primeros seis números que, sabedor de su impertérrita relevancia, ECC vuelve a recopilar en un volumen de tamaño «bolsillo» al mismo tiempo que DC hace lo propio al otro lado del Atlántico con unos tomos tamaño comic-book en cartoné que, en principio, iban a ser Omnibus.

Disquisiciones vacuas de formato aparte —que sí, que hubiera sido el primero en picar con los Omnibus, pero los HC que están publicando bien valen ser incorporados a la tebeoteca—, leyendo lo que Byrne fue capaz de condensar en esas poco más de 130 páginas en las que se resume la quintaesencia del personaje inventado por Jerry Siegel y Joe Shuster 50 años atrás, uno no puede sino continuar asombrándose ante lo efectivo de los guiones del artista, ante la manera en la que redefine ciertos tropos del personaje que, hoy, son considerados ley si de Superman hay que hablar y, sobre todo, ante la suma elegancia y fluidez de un trazo que, por aquél entonces, se encontraba en lo más alto de la producción del artífice de algunas de las mejores planchas que han hollado la superficie de los mutantes o la primera familia de Marvel. Dejando atrás su prolongada estancia en La Casa de las Ideas, Byrne arrancaba aquí una relación con DC que no podía tener mejor cimiento que el que, en tan sólo esos maravillosos seis números, establecía con gracilidad y soltura el marco de referencia que habría de servir al Hombre de Acero en los lustros por venir.

Tal es el impacto que tendrá esta miniserie —cuyo título, seminal como pocos, será reutilizado por Brian Michael Bendis en su desembarco en DC— que la editorial confiará en Byrne para que siga manejando a su antojo al personaje y su universo durante dos largos años en los que, como bien representan las páginas del grueso volumen publicado por ECC, el artista será el responsable de dos de las tres colecciones que, en plena efervescencia del superhombre por excelencia, llegarán a ver la luz al cabo del mes: así, mientras él escribe y dibuja ‘Superman‘ y ‘Action Comics‘, Marv Wolfman y Jerry Ordway —junto a algún que otro artista «invitado»— hacen lo propio en las páginas de ‘Las aventuras de Superman‘, incluidas en este volumen que hoy comentamos, igual que en sus contrapartidas yanquis, por lo constante del cruce de las dos primeras con ella.

Trascendido pues lo que Byrne nos introduce y reimagina en ‘El hombre de acero’, un vistazo rápido a las páginas de las dos series en las que dejará su impronta para la posteridad —insistimos en que, llegados a este punto de su carrera, cabría apuntar que lo que el dibujante lleva a cabo aquí podría ser perfectamente el culmen de una trayectoria que, después, comenzaría un lento proceso de decaimiento, sobre todo en términos gráficos— revela la increíble doble capacidad del británico para diseñar personajes y narrar como pocos coetáneos suyos. Unido a ello, Byrne se empecina en perpetuar el espíritu de alegría y celebración de la esencia superheróica de la que hablábamos antes, y su Clark Kent/Superman se enfrenta a villanos ya conocidos o a nuevas némesis que, gracias a él se convertirán en sólidas y recurrentes caras del Universo DC.

Auxiliado en su labor por las detallistas y minuciosas tintas de Dick Giordano y Karl Kesel, Byrne lleva a Superman en estas páginas a una altura que, lamentablemente, el personaje no conocerá en tiempos venideros. Sí, algún instante afortunado habrá como el revuelo de su muerte o, y aquí creo que ando algo solo en mi valoración, lo que Bendis ha llevado a cabo en ‘Superman’ —que a este redactor a convencido muchísimo más que lo discreto de ‘Action Comics’—, pero en los treinta y tres años que han transcurrido desde que el artista abandonara las dos cabeceras por fuertes discrepancias con el rumbo que DC imponía, nadie ha conseguido levantar el vuelo con Kal-El como él. Por algo hemos decidido titular la reseña con ese «CLÁSICO INCONTESTABLE».

El hombre de acero vol.1

  • Autores: John Byrne, Marv Wolfman, Jerry Ordway et al.
  • Editorial: ECC Ediciones
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 576 páginas
  • Precio: 46,50 euros

Artículos destacados

Deja un comentario

Si continúas usando este sitio, aceptas el uso de cookies. Más información

Los ajustes de cookies en esta web están configurados para «permitir las cookies» y ofrecerte la mejor experiencia de navegación posible. Si sigues usando esta web sin cambiar tus ajustes de cookies o haces clic en «Aceptar», estarás dando tu consentimiento a esto.

Cerrar