Degas y Gauguin, la inmortalidad en un pincel

Bastantes son las entradas que hemos dedicado a esta modalidad de «programa doble» que tanto juego no está dando de un tiempo a esta parte. Y aunque son numerosas, creo que nunca los dos títulos que hemos traído —siempre que hayan pertenecido a propuestas diferentes, claro— a este espacio han tenido tanto en común y a la par de diferente como ‘Degas. La danza de la soledad‘ y ‘Gaugin. El otro mundo‘, álbumes que publican Norma y ECC y que, curiosa, y de muy obvia manera, orientan sus esfuerzos a recorrer las figuras de los dos universales pintores franceses que coetáneos, dejaron una impronta determinante en el arte pictórico del s.XIX. Una que sirvió, en cada caso, para definir, primero, el movimiento impresionista en el caso de Degas y, segundo, el posimpresionista en el caso de Gauguin.

Analizadas con un rigor asombroso por parte de Salva Rubio como guionista de la primera y Fabrizio Dori como autor completo en la segunda, tanto uno u otro álbum nos acercan a las figuras de dos artistas que no sólo se salían de lo normal cuando se acercaban a un lienzo, sino que transitaron por existencias atribuladas que, no cabe duda, sirvieron para caracterizar de manera indefectible su forma de plasmar la realidad en la tela. En el caso de Degas, Rubio nos presenta a un personaje solitario, algo huraño y muy rebelde que, decidido a convertirse en la voz de una época y a no dejarse arrastrar por la corriente de otros impresionistas como Manet —con el que tendrá una relación de admiración-odio sobre la que se hace bastante hincapié en la lectura— conseguiría su objetivo luchando, sobre todo, contra su propia personalidad, arrastrada en no pocas ocasiones por una notoria incapacidad para producir, incluso cuando el éxito le llegó de manera arrolladora.

Si de Gauguin tenemos que hablar, y en contraposición a lo que Rubio lleva a cabo en ‘Degas’, por lo que Dori opta es por construir una semblanza universal del «pintor de la Polinesia» a través de la localidad de una etapa concreta de su vida, aquella en la que, dejándolo todo atrás y comprometiendo sobremanera la economía familiar, el parisino se mudó a la Polinesia francesa para, dejándose conquistar de lleno por el misterioso misticismo de aquella región, dar con unas formas revolucionarias que, alejadas de lo que sus contemporáneos impresionistas hacían en el viejo mundo, llenaban el lienzo de unos colores rotundos y audaces, una cualidad ésta que también puede aplicarse a los desnudos por los que casi siempre es más reconocido.

La intensidad que ambos álbumes dedican desde el guión a cubrir las vidas de Edgar Degas y Paul Gauguin ya consigue hacer de la lectura de cualquiera de ellos una gozada para el que se acerque a ellos pero, aún más, para los que estén familiarizados con el recorrido vital de dos personajes históricos tan puntales en la historia del arte. Ahora bien, si apasionante resulta el discurso de dicha vertiente de ‘Degas. La danza de la soledad’ y ‘Gauguin. El otro mundo’, lo que encontramos de manos de Ricard Efa y Fabrizio Dori, en calidad ahora de dibujante, supera con mucho dicho epíteto para encumbrar a ambos títulos como dos de las lecturas más visualmente ARROLLADORAS de este 2021: parte de esa cualidad descansa, no cabe duda, en la manera en que el español y el italiano son capaces de hacer suyas las claves de personalidad pictórica de los dos inmortales franceses y de, afortunadamente, saber cómo trascender la mera copia de un estilo para reinterpretarlo y trasladarlo a otra disciplina completamente diferente a la de un «cuadro».

El que ambos logren de la manera que lo hacen rayar a la descomunal altura que rayan no debería extrañar a nadie cuando, en el caso de nuestro Efa, ya habíamos asistido a la camaleónica capacidad de adaptación del catalán en ‘Monet. Nómada de la luz—que también firmaba a los guiones Salva Rubio— y de lo maravilloso de sus formas en cualquiera de las obras que, como ‘Django. Mano de fuego‘, lo colocan como uno de nuestros artistas nacionales favoritos. Pero es que, si de Dori tenemos que hablar, ‘Un dios vagabundo’ era suficiente argumento para garantizar que nos lanzáramos de cabeza a zambullirnos en la fascinación que despiertan las planchas del italiano: tanto en un álbum como en el otro, lo que los dos artistas hacen, como decíamos, es que sus viñetas se sientan plenamente «degasianas» y «gauguianas» sin que, en ninguna ocasión, tengan que echar mano de la burda treta de copiar el muy identificable estilo de los pintores.

Echando mano, eso sí, de pequeños guiños a la obra pictórica de ambos, ninguno de los dos artistas es capaz de ocultar la fascinación que en ellos despierta la obra de su «homenajeado» y así nos lo hacen saber con apariciones, ora sutiles, ora contundentes —genial la página completa que Efa dedica a la revolucionaria «Pequeña bailarina de catorce años» de Degas—, de los más reconocibles lienzos de los franceses. El resultado, en ambos casos es, primero, de una perfecta comunión con la historia que se cuenta y, segundo, de una trascendencia que logra alzarse por encima de aquella en no pocos instantes para dejar impresa en nuestra retina viñetas y planchas de una maestría singular. Sin lugar a dudas, dos títulos de obligada incorporación a la tebeoteca de cualquier amante de lo mejor que el tebeo europeo es capaz de ofrecer.

Degas. La danza de la soledad

  • Autores: Salva Rubio y Ricard Efa
  • Editorial: Norma Editorial
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 116 páginas
  • Precio: 24 euros
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Gauguin. El otro mundo

  • Autores: Fabrizio Dori
  • Editorial: ECC ediciones
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 144 páginas
  • Precio: 25 euros
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Gauguin: El otro mundo
  • Dori, Fabrizio (Author)

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