‘Sunny’, dando voz a los niños perdidos

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Un niño sentado al volante de un Sunny 1200 averiado. Se llama Junsuke, tiene las mejillas coloradas y la nariz cubierta de mocos. A su lado está Haruo, un niño que llama la atención por tener el pelo totalmente blanco, que esconde su sentimiento de desamparo bajo una capa de hostilidad preadolescente. Los dos le están explicando a Sei, el recién llegado, lo que significa para ellos ese Sunny escacharrado. “Esta es nuestra base. Los adultos no pueden entrar. Cierra los ojos así y piensa en un sitio al que te gustaría ir. Podemos ir a cualquier sitio que quieras”. De este modo, la imaginación se convierte en la vía de escape de estos niños que viven en un hogar de acogida porque sus padres no pueden ocuparse de ellos. Ahí tenemos el ejemplo de Kenji, uno de los mayores, cuyo padre es un borrachuzo desdentado que solo piensa en su hijo cuando necesita dinero. A bordo de ese viejo automóvil, los niños pueden soñar despiertos con toda clase de aventuras y encontrar un refugio frente a un mundo que les ha dado la espalda. Y es que, tal y como dice la joven Megumu en un pasaje de este manga: “Si me atropella un coche, me caigo al río y me muero, nadie me encontrará. Porque nadie se preocupa realmente por los niños sin padres”.

Además de vía de escape, el viejo Sunny 1200 funciona como hilo conductor para orquestar las historias de estos personajes, que se van alternando el protagonismo de unos capítulos a otros. Niños desfavorecidos a los que se les ha arrebatado un pedazo de la infancia, pero que se resisten a cruzar definitivamente al mundo de los adultos. Niños independientes, aunque también vulnerables, que viven unas historias en apariencia desenfadas, pero con un poso más hondo que emociona al lector durante la lectura. Niños que en muchos sentidos recuerdan a los de ‘Tekkonkinkreet’ —otro manga de Taiyo Matsumoto que fue publicado hace unos años en España por Glénat—, con la salvedad de que en ‘Sunny’ se sustituye ese tono aventurero y cinematográfico por otro más costumbrista, reposado y, eso sí, igual de intenso en muchos de sus pasajes.

En lo que respecta al acabado gráfico, Matsumoto sigue combinando el dinamismo y la inmediatez del manga con una estética y una sensibilidad más propias del cómic europeo. Mientras que en ‘Tekkonkinkreet’ podían rastrearse influencias de autores como Bilal y Moebius, el trazo suelto y espontáneo de ‘Sunny’ me recuerda más al de Baru, especialmente al de obras como ‘Los años Sputnik’. Aún nos quedan cinco tomos por delante para completar la totalidad de ‘Sunny’, así que está por ver qué tal evolucionan los personajes y las situaciones. Pero hasta el momento no puedo sino recomendar su lectura a todos los amantes de los slices of life en los que aparentemente no ocurre nada, pero que en el fondo nos están contando muchas cosas sobre el mundo que nos rodea.

Sunny núm. 01

  • Autor: Taiyo Matsumoto
  • Editorial: ECC Ediciones
  • Encuadernación: Rústica con sobrecubiertas
  • Páginas: 216
  • Precio: 12,95 euros

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Jaime Valero @jvalerolife

Nací en el año de las inquietantes profecías literarias de Orwell. No traje ningún tebeo bajo el brazo pero en cuanto alcancé el uso de la razón el cómic se convirtió en una de mis máximas prioridades. Combino las viñetas y bocadillos con otras muchas pasiones delirantes e intento que todas ellas convivan en mi carrera como periodista y traductor. Mi cuartel general se encuentra radicado en Madrid.

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