‘Tzolk’in’, entre engranajes anda el juego

En este mundo que se mueve a la velocidad del rayo, seis años son ya, de facto, una eternidad. Pensadlo bien. Si hubierais de hacer memoria y estrujaros el cerebro para recordar qué hitos fueron los que marcaron nuestras aficiones en 2012, ¿podríais hacerlo sin la ayuda de San Google? Porque servidor, al margen de tener muy claro que aquel fue el año de ‘Los Vengadores’, no sería capaz de sacar a la palestra ejemplos de cuáles fueron los mejores cómics, las mejores series o, ya que estamos en ello, los mejores juegos de mesa que se publicaron durante aquellos doce lejanos meses.

Afortunadamente, no es necesario exprimir neuronas de manera innecesaria —mejor dedicarlas a seguir consumiendo todo lo que se nos ofrece ahora y a almacenar lo poco que recordaremos dentro de otro lustro, ¿no?— y una rápida consulta a la BGG y a otros puntos cardinales de la red de redes nos devuelve suficiente información como para poder nombrar los que consideramos los tres mejores juegos que fueron editados en 2012. A saber: ‘Lords of Waterdeep’, ‘Seasons’ y, por supuesto, el ‘Tzolk’in’ que fue hace un par de semanas objeto de una nueva edición en castellano por parte de Devir —a la anterior, publicada por Zacatrus!, corresponde el vídeo de ‘Dentro de la caja’ que os incluimos al final de esta entrada.

Girar para ganar

Diseñado por Simone Luciani y Daniele Tascini, autores que, juntos o por separado, nos han traído grandes propuestas lúdicas como ‘Los viajes de Marco Polo’, ‘Lorenzo el Magnífico’ o ‘Gran Hotel Austria’, ‘Tzolk’in’ es un eurogame de colocación de trabajadores que, si por algo destaca a primera vista es por la genialidad detrás del mecanismo que controla donde podemos ir situando a los peones. Unos peones que representan a los habitantes de una de las cinco tribus maya originales, los que ocuparon los núcleos de Palenque, Uxmal, Tikal, Yaxchilán y Chichén Itzá, asentamientos que en el tablero quedan representando por unos engranajes dentados inspirados en el calendario maya.

Como es de recibo pensar, el fuerte arraigo de la temática es una de las propiedades que brilla con más relumbre de un juego muy rico en estrategias que, como buen euro —y en las últimas semanas os hemos traído algún que otro ejemplo de lo mejor que este tipo de juegos es capaz de ofrecer—, no se lo pone nada fácil a los jugadores a la hora de poder hacer todo lo que ellos quisieran, y la optimización de las diversas jugadas se hace tan fundamental como saber leer lo que tus oponentes van a hacer antes que tú para que, al llegarte el turno, no te quedes bloqueado porque el compañero anterior a ti acaba de pisarte aquello que querías hacer.

En lo que a funcionamiento de los turnos se refiere, ‘Tzolk’in’ no podría ser más directo y sencillo: o colocamos uno o más de nuestros peones en alguna de las diversas posiciones que nos ofrecen los engranajes —siempre en la más baja disponible— pagando el coste asociado a dicha posición y al ordinal que corresponda al peón que hemos posicionado en este turno; o retiramos uno o más de nuestros trabajadores y, al hacerlo, ejecutamos la acción correspondiente que, dependiendo de la rueda, pueden ir desde recolectar maíz o madera, hasta pagar tributo a los dioses en forma de una calavera de cristal, pasando por recabar otros recursos como madera, piedra u oro; avanzar en las diversas tecnologías —agricultura, extracción de recursos, arquitectura o teología—; subir peldaños en alguno de los tres templos dedicados a las deidades mayas o intercambiar recursos por varias ventajas.

‘Tzolk’in’ es un juego de temática muy bien implementada y tremendamente vivo en el que la capacidad de adaptación estratégica de los que se sientan a la mesa resulta fundamental para garantizar la victoria

Caracterizado cada engranaje por una cualidad fundamental para el desarrollo de nuestra tribu —los pastos de Palenque son fuente de alimentos; las montañas de Yaxchilan de minerales; Tikal es el núcleo arquitectónico y tecnológico del que echaremos mano para construir edificios y monumentos fundamentales para lograr puntos de victoria; Uxmal es el centro comercial y Chichén Itzá la residencia de los dioses en la Tierra— lo que hace más apasionante a ‘Tzolk’in’ es el que, al finalizar cada turno, hayamos de girar una posición el disco central y que, de esta manera, las estrategias se vuelvan un ente vivo y adaptado a las posibles necesidades de cambio a las que nos obliguen nuestros contrincantes.

‘Tzolk’in’, bonito y regujable hasta decir basta

Si sólo hubiéramos de atender a lo innovador de dicho mecanismo —que servidor, hasta donde recuerda, no ha visto en ningún otro juego de mesa— ‘Tzolk’in’ ya sería uno de esos juegos que recomendaríamos a ciegas a quien quiera introducirse en los entresijos del mundo “euro”, pero lo cierto es que la creación de Tascini y Luciani atesora mucho más que un simple girar de engranajes para colocarse muy alto en nuestra clasificación personal de lo mejor que nos ha dado el “género” en esta década, y las muchas vías estratégicas que se abren ante nosotros nada más empezar la partida, que nunca llegan a cerrarse por mucho que elijamos una de ellas al comienzo, inciden de pleno en esa cualidad de entelequia viva de la que hablaba en el párrafo anterior.

Sumad a eso un diseño gráfico espectacular y muy pensado para hacer al juego completamente independiente del idioma mediante una iconografía clara y concisa, y lo que tenemos, sin lugar a dudas, es un título sobresaliente, de esos con los que sorprender a los que siguen pensando que esto de los juegos de mesa es algo circunscrito al ‘Monopoly’ o el ‘Risk’ y con los que, ya lo decía antes, tentar a aquellos que todavía, por la razón que sea, no haya querido bucear por el vasto mar de posibilidades que ofrecen los eurogames. Decididamente, mi tipo favorito de juegos.

Dentro de la caja

Aclaro aquí que, salvo por el logotipo, el contenido de ‘Tzolk’in’ es exactamente el mismo en la edición de Devir y en la de Zacatrus! de la que os dejamos el siguiente dentro de la caja.

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Sergio Benítez @fancueva

Lector apasionado. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de adopción. Treintañero para cuarentón. ¡Ah! y escritor compulsivo tanto aquí como en Blog de cine.

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