‘Tao Long’, choque de dragones

Sé que estoy abusando. Lo sé. Sé que debería utilizar este espacio para hablar de algo más que títulos que no hubieran salido de las interminables fuentes de Kickstarter y que tendría que empezar a mirar hacia los muchos juegos que encuentran su lugar en nuestra ludoteca gracias al esfuerzo de las editoriales “regulares”; pero, ¿qué le voy a hacer si lo que he sacado últimamente a mesa son las últimas cosas que me han llegado de KS? Prometo enmendarme, claro, aunque no será esta semana. Mis disculpas.

Empresa sita en nuestro país —con las ventajas que ello conlleva en cuanto a gastos de envío y rapidez de la entrega— gestionada por un italo-peruano que vive a caballo entre Roma y Sevilla, Thundergryph Games es una editorial que, con cuatro proyectos en la cartera —tres de ellos ya cerrados, uno a cuatro días de hacerlo— ha sabido labrarse un nombre en este mundillo gracias a la extrema calidad de producción de los títulos que han publicado y el considerable esfuerzo puesto en que, en términos de diseño, sus juegos sean objetos dignos de ser expuestos: es algo que ya se vio con ‘Overseers’, primera campaña que Thundergryph lanzó en Kickstarter coincidiendo con el comienzo del verano de 2016, y que se saldó con un producto bonito a rabiar sobre el que se palpaba el enorme mimo puesto en que todo quedara confeccionado con la más alta prestancia.

Pero lo que podíamos observar en aquél título abstracto de temática oriental ha quedado superado por lo que nos ofrece ‘Tao Long’, un juego que responde a la misma descripción que su inmediato predecesor en la compañía —esto es, juego abstracto de temática oriental— y que, antes de entrar en disquisiciones acerca de su validez como entretenimiento lúdico, es de lo más espectacular y cuidado que hemos visto últimamente. Bien es cierto que servidor optó por la opción Deluxe en lugar de la “retailer” y que, además, metió un poco más de dinero para hacerse con el hermoso pañuelo rojo que podéis ver en las fotos, pero eso no quita para que los componentes regulares de ‘Tao Long’ y, por supuesto, aquellos que son exclusivos de la edición de lujo, hablen a voces de lo cuidado del conjunto.

Bajo un diseño minimalista y de una belleza incuestionable —si sois de los que babeáis ante la iconografía nipona, preparaos—, los contadores de cartón de la edición normal son sustituidos por piezas de madera que potencian mucho más la presencia de los dragones, portales y villas, quedando todos inmersos en una caja exquisitamente ilustrada que, de nuevo en el caso de la versión de lujo, viene con cierre magnético y una funda con la misma ilustración que la regular. El otro cambio sustancial con respecto a ésta es el tablero, que en lugar de ser de cartón se sustituye por uno de neopreno impreso. Práctica cada vez más usual por lo duradero del material, el montaje del tapete sobre el pañuelo rojo hace que uno tenga ganas de jugar nada más verlo…aunque no tenga ni la más remota idea de qué diantres va.

Según nos cuentan las instrucciones, ‘Tao Long’ es un antiguo juego en el que se representan las luchas de dos dragones que controlan a la humanidad y que se enfrentan cada cien años para determinar quien de ellos será el que controle nuestros designios durante la siguiente centuria. Esta ambientación adquiere cuerpo en un tablero dividido en dos zonas, la del Ba Gua, en la que iremos determinando mediante un curioso mecanismo de coger y soltar qué acción podemos ejecutar, y la de la Tierra, donde los dos dragones se irán moviendo con la esperanza de ir reduciendo los puntos de vida del otro hasta terminar con él y alzarse vencedor de la liza.

La enjundia de ‘Tao Long’ está, sin duda, en el Ba Gua: círculo en el que se encuentran fuerzas opuestas, es aquí donde va toda la parte estratégica de cada partida y dónde más se pueden ralentizar los turnos hasta obliterar por completo la supuesta duración de 20′ que proponen las instrucciones. Ya os podéis olvidar de tan breve minutaje, las varias veces que he probado el juego, el tiempo mínimo que hemos estado mi compañero de turno y yo ha sido de una hora. ¿Supone eso un valor a restar a la puntuación global del juego? En absoluto. ¿Podría haber estado mejor indicada en la caja? Por supuesto.

Como decía, en el Ba Gua se enfrentan ocho opuestos, Agua y Fuego, Lago y Montaña, Cielo y Tierra y Viento y Trueno y cada uno de ellos otorga al jugador un tipo de movimiento que normalmente —a excepción de las acciones de Agua y Fuego— estará limitado por la orientación horizontal o vertical de la cabeza de nuestro dragón. La forma de acceder a dichos movimientos es tomar todas las “piedras” —los contadores negros y blancos— de un mismo lugar y, en sentido contrario a las agujas del reloj, ir soltando de una en una; la posición en la que dejemos la última, será la que nos dicte qué acción podemos llevar a cabo. Como podréis imaginar, el devanarse los sesos con las posibilidades que cada movimiento abre, no para nuestra ventaja, sino para fastididar al adversario, es lo que apuntaba antes como mayor atractivo y elemento que más puede bajar el ritmo de juego.

Con las acciones de Agua y Fuego como únicas que nos permiten atacar —la otra forma de ir eliminando puntos de vida es que nuestra cabeza acabe después de un movimiento de manera adyacente al dragón oponente, en cuyo caso estaríamos dándole un mordisco—, utilizando para ello los elementos que cada una representan, y teniendo que decidir cada vez que las usamos, si ir acumulando puntos de vida —el agua es vida si está en nuestro contador, y bonus de ataque si está en el centro— o amasando puntos de fuego; es la rapidez de la traslación de las acciones al margen derecho del tablero lo que sirve para equilibrar en parte la agilidad del turno.

Si ya con las bases que os hemos trasladado, ‘Tao Long’ sería uno de esos juegos que, como el ajedrez, va dominándose y adquiriendo más velocidad conforme se practica, la oferta de modos opcionales y de elementos que se pueden añadir al tablero que nos propone el manual, aumenta sobremanera la regujabilidad, esa característica de tan suma relevancia en cualquier juego de mesa que se precie y que muchos diseñadores olvidan en aras de otros asuntos menos importantes: portales y villas facilitan y dificultan respectivamente el movimiento por el tablero, y fichas como las del conejito rosa, la del tigre, o la moneda que hace que el sentido de rotación sobre el Ba Gua se invierta, convierten a ‘Tao Long’ en una propuesta llena de posibilidades, quizá no infinitas, pero sí las suficientes como para llenar muchísimas horas de afición. Algo que sitúa a este magnífico título de Thundergryph Games como uno de los mejores abstractos a los que este redactor le ha “echado el guante”.

Por cierto, no será esta la última vez que hablemos durante 2018 de la editorial enclavada en pleno corazón de Sevilla ya que los otros dos títulos que comentaba al comienzo, ‘Dead Man’s Dooblons’ y ‘Spirits of the Forest’ llegarán a manos de los mecenas a lo largo del año; el primero, en breves semanas; el segundo, supuestamente —ya se sabe cómo funcionan los inevitables retrasos de los proyectos de KS— durante el mes de julio. Seguiremos informando.

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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