‘Taluva’, disculpe, está usted aplastando mi asentamiento

Desde que ‘Carcassonne’ se convirtiera, a principios de siglo, en el juego de mesa que todo el mundo recomendaba, tenía y jugaba hasta el hastío, las propuestas que parten de la mecánica de colocación de losetas que tan popular hizo el premiado título de Klaus-Jürge Wrede han sido una constante de la industria, hasta el punto que hoy, casi dos décadas después de su aparición, aquél entretenidísimo rato que se pasaba uno «reconstruyendo» la ciudad francesa —aliñado, cómo no, por las mil expansiones que Hans Im Glück ha ido publicando durante este tiempo— ha quedado tan relegado al olvido que seguro que alguien podría pensar que ‘Carcassonne’ es un clásico obsoleto.

No seré yo el que afirme tal cosa cuando es más que probable que dentro de poco menos de un año, este pionero en ir cogiendo piezas de un puzzle sin forma predefinida vuelva a mi mesa por ser el vehículo idóneo para que mi pequeña de el salto de sus actuales ratos lúdicos con títulos de HABA a asuntos más serios. Mientras eso ocurre o no, y retomando el discurso —soy único para que desbarrar—, incontables son los juegos que, de forma única, o como parte de un todo más complejo y rico, han incorporado la colocación de losetas a su idiosincrasia, intentando, con mayor o menor fortuna, innovar sobre el tejido de lo que planteó Wrede. Muchos serían los ejemplos que ahora podría sacar aquí a colación, pero por no alargar de forma innecesaria la entrada, centrémonos en lo que de original tiene ‘Taluva’ con respecto a ‘Carcassonne’ y qué hace de la caja editada por Ferti y diseñada por Marcel-André Casasola Merkle un ejemplo de juego a seguir.

Estamos muy acostumbrados a ver cajas cuya huella de carbono excede, con mucho, lo que sería estrictamente necesario —por mucho que adore al autor, lo que Uwe Rosenberg mete en sus «cajotes» es un atentado contra la naturaleza…y es el primer ejemplo que se me ha venido a la cabeza—. Otras como las de la línea ‘Tiny Epic…’ de Scott Almes, cuentan con la premisa de diseño de minimizar su huella. Y después tenemos títulos como ‘Taluva’, cuya caja formato «Rosenberg» —por las dimensiones— contiene los elementos mínimos con los que plantear un juego que va creciendo ante nuestra mirada: 48 losetas y los componentes de madera de cada jugador —a saber, veinte cabañas, dos torres y tres templos— es lo único que cabe encontrar al retirar la tapa de la caja.

Con dichos elementos, el planteamiento de ‘Taluva’ es bien simple, ya que en el plano horizontal esta todo dicho en lo que a colocación de losetas se refiere, ¿por qué no elevarlo a la tercera dimensión? Bajo dicha idea, se desarrolla un juego que nos traslada a una ficticia isla del Pacífico sur sometida a una actividad volcánica inaudita que provoca que un crecimiento constante de la masa de tierra tanto en extensión como en altura. Esto se traduce en que en cada loseta que debemos colocar, compuesta de tres hexágonos, uno de ellos sea un volcán y los otros dos, uno o dos tipos de terrenos diferentes de los cinco que distingue el juego, a saber: lago, playa, claro, jungla, terreno rocoso.

El objetivo de ‘Taluva’ es que, al desencadenarse el final del juego —cosa que pasa cuando se acaban las losetas— seamos el que más templos ha construido en ese tablero improvisado que van construyendo los trozos de isla. Para ello, y haciendo gala de la misma simplicidad que ostentan sus componentes, los turnos se resuelven en cuestión de segundos: colocamos una loseta siguiendo unas reglas que se explican en menos de un minuto y ponemos una de nuestras tres construcciones dependiendo de si se cumplen los requisitos que dos de ellas, templos y torres, necesitan. Obviamente, es en la colocación de los triples hexágonos, en el hecho de que podemos disponerlos en altura sobre otros ya preexistentes y en que, al hacerlo, podemos arrasar con asentamientos de nuestros oponentes —o propios— donde reside el carácter novedoso de ‘Taluva’.

Pero, como suele pasar con los buenos juegos, la simplicidad de diseño y de reglas no está reñida con la dificultad estratégica y, llegado el momento, cuando en la mesa ya hay una considerable cantidad de losetas y de piezas de madera, dónde colocar la siguiente para optimizar la jugada, fastidiando a tus compañeros al tiempo que obtenemos el máximo beneficio, deja la puerta abierta a que nos devanemos los sesos mientras los demás juegan para, normal, observar muchas veces con desesperación como nuestras mejores estrategias mentales son obliteradas por el movimiento que ha hecho el jugador que tenemos a nuestra derecha.

Filler con espíritu de algo más, resulta llamativo que Ferti apostara muy fuerte por ‘Taluva’ al rehacer el diseño previo de 2006 de Hans Im Glück o Rio Grande. Un diseño que en el caso de la edición que veis en las fotos que acompañan esta entrada se reduce a una nueva ilustración de portada y poco más, pero que en la correspondiente de lujo contaba con losetas más grandes, construcciones más grandes y varias expansiones o, si ya se te iba la cabeza y decidías dejarte los cuartos en el Kickstarter que se financió entre finales de 2014 y principios de 2015 —había un pledge de ¡¡¡$645!!!—, podías optar a esto; una locura de todo punto innecesaria para un juego que funciona, y funciona muy bien, con lo «poco» que ya viene en la edición que se puede encontrar en cualquier tienda online.

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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