Mascarade, el juego de engaño que dejó obsoleto a Ciudadelas

Mascarade de Bruno Faidutti (Asmodee)

Mascarade es un juego de cartas de Bruno Faidutti que recupera algunos de los ingredientes más interesantes de Ciudadelas, sin duda el título más popular de este conocido diseñador francés, y los sazona con una pizca de Coup para dar lugar al que probablemente termine siendo uno de los grandes éxitos de 2013. Se trata de un juego de engaño rápido y divertido con unas reglas sencillas a rabiar que lo hacen ideal para esas reuniones multitudinarias de amigos jugones y no tan jugones:

Cada jugador recibe seis monedas de oro y una carta de personaje boca arriba para que todos puedan verla. El objetivo es ser el primero en conseguir una fortuna de trece monedas y se empieza por darle la vuelta a todas las cartas. Desde ese momento tendrás que confiar en tu memoria para recordar no solo las cartas de los demás sino también la tuya propia, pudiendo realizar en cada turno tan solo una de estas tres posibles acciones:

El faroleo, la memoria y también la estrategia juegan un papel más importante que la suerte

  • Intercambiar o no tu carta con la de otro jugador. Cogemos la carta de otro jugador y la colocamos junto con la nuestra debajo de la mesa sin mirarlas, intercambiándolas (o no) en secreto para quedarnos con una y darle la restante al otro jugador mientras nos mira con cara de “¿Qué demonios has hecho? ¿Sigo siendo quien era o me has pegado el cambiazo pedazo de @#%$&?”.
  • Mirar tu carta en secreto. La única opción si estás muy perdido y, lo que es peor, los otros jugadores lo saben.
  • Anunciar tu personaje para utilizar su poder.

Por supuesto, como buen juego de faroleo, no tienes porqué ser realmente un personaje para anunciar que vas a utilizar su poder, pero si otro jugador protesta afirmando que él es en realidad ese personaje entonces todos los implicados muestran sus cartas. El que tuviese la carta del personaje en cuestión podrá realizar su acción incluso aunque no fuese su turno, mientras que todos los demás pagarán una multa de una moneda de oro al Palacio de Justicia.

Algunos personajes como el Rey o la Reina nos permiten ganar dinero directamente de la banca mientras que otros como la Bruja o el Obispo roban al jugador más rico. El Espía puede mirar su carta y la de otro jugador antes de intercambiarlas (o no); el Juez se lleva todas las multas que hayan sido pagadas al Palacio de Justicia hasta ese momento; y el Inquisidor señala a otro jugador obligándole a tratar de adivinar su propio personaje, revelar su carta y pagarle cuatro monedas en caso de fracasar. Así hasta 13 personajes diferentes.

Mascarade de Bruno Faidutti (Asmodee)

Como podréis imaginar, después de unas pocas rondas nadie puede estar realmente seguro ni de la carta que tiene enfrente suya, y aquí es donde el juego brilla con particular intensidad premiando a quienes sepan tirarse los faroles adecuados en el momento oportuno y deducir lo que están tratando de hacer los demás. Mascarade funciona tan bien por los mismos motivos por los que lo hacía Ciudadelas, distritos aparte: todo gira alrededor de las cartas de personajes o como asegura Faidutti, de los propios jugadores.

Cuando diseñé Mascarade, intenté que los jugadores no se escondieran tras las reglas o las cartas. Quería que en Mascarade, al igual que ocurre en el Ciudadelas o en el Póker, cada uno jugara más con los demás jugadores que con las cartas. Y creo que lo he conseguido.

Yo también lo creo, y voy más allá… Lo logra con más éxito que el propio Ciudadelas y otros títulos en la misma línea como Love Letter, del que nosotros mismos os ofrecimos una rediseño basado en Hora de Aventuras, o el mencionado Coup, recién publicado en nuestro país por Zacatrus!. El primero es mucho más ligero e insulso en comparación mientras que el segundo, pese a ser muy recomendable, tiene el inconveniente a causa de su propia mecánica de que se reparta una combinación de personajes a un mismo jugador que le otorgue una ventaja injusta sobre el resto. Mascarade en cambio ofrece un juego más equilibrado y elegante que se niega a renunciar a la diversión del caos pero en el que el faroleo, la memoria y también la estrategia juegan un papel más importante que la suerte.

Componentes

Magníficos. El juego está compuesto por 14 cartas (uno de los personajes tiene un hermano gemelo) de un tamaño considerablemente mayor al habitual, un pequeño tablero que representa el Palacio de Justicia en el que se van colocando las multas, unos marcadores para recordar qué personajes están en juego y no confundirnos con los que hemos dejado en la caja, monedas en abundancia, cinco ayudas de juego y el manual de reglas en diversos idiomas incluido el nuestro.

Todo el material está ilustrado por Jérémy Masson de un modo indiscutiblemente sublime que me obligaría a comprar el juego por mi vena coleccionista incluso si no hubiese resultado ser tan bueno. Ahora bien, ¡¿dónde demonios voy a encontrar unas fundas de este tamaño para proteger las cartas de los sucios dedos de mis compañeros de juego?! Dammit!

Mascarade (2013)

  • Autor: Bruno Faidutti
  • Editorial: Repos Production / Asmodee
  • Edad: 10+
  • Duración: 30 minutos
  • Jugadores: 2-13
  • Precio: 18,15 euros en Zacatrus!

    Lo bueno

  • Rápido, sin tiempos muertos y con interacción constante con el resto de jugadores.
  • No hay eliminación. Si un jugador se arruina, la partida concluye inmediatamente ganando el jugador más rico.
  • Las reglas se explican en 2 minutos y es perfecto para grandes grupos. Además, contra todo pronóstico funciona también bastante bien incluso con tan solo dos jugadores.
  • Las ilustraciones son sencillamente alucinantes y encima lucen aún más gracias a las cartas de tamaño extra grande.

    Lo malo

  • Si tu fuerte no es la memoria vas a estar bastante perdido en bastante poco tiempo con la consiguiente frustración que genera no poder seguir las cartas.

Mascarade de Bruno Faidutti (Asmodee)

Sitio oficial Mascarade
Material extra Manual de reglas y Usurpador (personaje adicional)

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Miguel Michán @miguelmichan

He visto más películas de ciencia ficción y terror de las que mis padres deberían haber permitido. He pasado noches en vela encarnando a un poderoso mago neutral malvado. He llorado con algún que otro juego de Square. Y hasta llegué a convertir mi pasión por el manganime y la cultura japonesa en una forma de ganarme la vida cuando, en Noviembre de 2000, creé Shirase, una revista especializada que dirigí durante tres años mientras colaboraba en las revistas Dokan y Minami. Así que sí, puede decirse que llevo con orgullo eso de ser un friki como la copa de un pino. ¡A mucha honra!

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