‘El Atlético Invisible’: en el Mundodisco, el fútbol es así

El Atlético Invisible

Compré ‘Unseen Academicals’ hace ya demasiado tiempo, en una librería comiquera de Estocolmo. Y no ha sido hasta que ha salido en castellano, como ‘El Atlético Invisible’, cuando lo he terminado de leer.

La culpa no ha sido porque me haya disgustado, sino por la jerga futbolera y callejera a la que Terry Pratchett, como es lógico, ha recurrido para según qué personajes. Es de lejos la novela del Mundodisco qué más me ha costado leer en lengua inglesa, hasta el punto de abandonarlo, dedicarme a otros libros (como ‘Thud’, aquí traducido como ‘Zas’), y retomarlo el pasado mes.

Del patadón-al-balón al fútbol moderno, versión Ankh-Morpork

La historia comienza con Ponder Stibbons, que ha ido acumulando cargos que nadie quería, y es el único que parece trabajar en la Universidad Invisible. Repasando documentos, descubre que uno de los fondos benéficos que sustentan a la mayor universidad del Disco está a punto de ser revocada…

…porque depende de que el equipo de la Universidad participe en un partido de fútbol, regularmente. Es decir, de no montar un equipo y participar en la liga, habría que hacer recortes serios, lo que afectaría al carrito de los postres y al surtido de quesos, entre otras cosas de menor importancia.

El fútbol que se juega en las calles de Ankh-Morpork, ilegalmente, dista mucho del nuestro. Cualquiera puede participar, el balón es durísimo (cuando no es sustituido por un cráneo o cualquier otra cosa), y el objetivo es golpear con él un poste. Los goles son muy infrecuentes, y el público, casi mezclado con los jugadores, rara vez llega a ver el balón en toda su vida. Eso sí, los huesos rotos, los golpes y las desapariciones sí que son muy habituales.

Así que el primer paso es comentarle a Vetinari que la Universidad debe apuntarse a un deporte que existe sólo porque la Guardia hace la vista gorda. Así que muy en la línea del tirano, lo primero será organizar un poco esta actividad ilegal y establecer algunas reglas.

Portada de la edición en castellano

Lo importante del fútbol no siempre es el fútbol

El fútbol es la excusa de Pratchett para presentarnos una retahíla de personajes, en la que quizás sea la novela de toda la colección en la que la propia historia la sea menos trascendente. Aquí lo que importa es conocer al “Señor Huebo”* (en el original, Mr. Nutt), un ser extraño del que ni el mismo Huebo sabe mucho.

Le acompaña el Sr. Trevor Probable (“Trevor Likely”), un holgazán con un talento natural para controlar objetos con los pies, hijo de un mítico jugador de balón-en-el-pié, y que es el arquetipo del jugador de fútbol talentoso pero de mente dispersa. Por desgracia no juega al fútbol, porque le prometió a su madre que no participaría en una actividad tan bárbara, y que tanto daño hizo a su padre.

Luego están las adorables chicas del turno nocturno de la cocina de la Universidad, Glenda y Juliet. Al mando está Glenda, una chica rotunda, contundente, de mente decidida pero algo mojigata. A su lado, Juliet, una criatura angelical, de una belleza de esas por las que se fletan mil barcos, y un cerebro de esos que parece funcionar a pedales.

Y no falta el claustro de la Invisible, con nuevas adquisiciones, e incluso emancipaciones. El Decano ha dejado su puesto y se ha trasladado a otra Universidad, para mayor cabreo de Mustrum Ridcully, archicanciller. Mención aparte para el doctor Hix, catedrático del Departamento de Comunicaciones Post-Mortem (forma elegante de no decir “nigromancia”), y que tiene licencia para ser malvado, siempre dentro de un orden.

El largo camino del Señor Huebo

Al final, toda la novela es una excusa para narrarnos la senda del conocimiento personal que recorre el señor Huebo. Es obvio desde las primeras páginas que el personaje esconde mucho en su interior, y la única pega que puedo ponerle es que Pratchett no nos haya presentado a su estirpe en anteriores novelas, lo que le hubiera dado una mayor profundidad a su historia.

Esta máquina de aprender tiene varios discursos en el libro realmente excepcionales, en los que utiliza citas en alemán como si el resto del universo hubiera nacido en Uberwald. Y todo bajo una apariencia desaliñada, y desde un total desconocimiento de su origen, más allá de sus años atado a un yunque, y de su misión de “ser valioso”. Un gran personaje que es el principal valor de la novela.

La infame portada

Y tras haberos mostrado el Dramatis Personae, quizás os choque ver el papel prominente que el bibliotecario tiene en la portada, sin que lo haya citado. Pues eso, que aunque el bibliotecario apenas tiene un par de momentos, qué fotogénico es el condenado. Mustrum y el Decano ascendido a Archicanciller tienen muchísimo más peso.

Lo mismo sucede con el querido Equipaje. Me parece que Paul Kidby los echa más de menos que Pratchett. Sí aparecen bien representados el resto de personajes principales, o los secundarios como Hix o el talentoso Bengo Macarona (en quién se habrá inspirado Pratchett para éste…)

Eso sí, si los balones y tú no os lleváis bien, no hay motivo de preocupación. No hace falta ser un forofo para disfrutarla. Es tan entretenida como cabe esperar, pero me he quedado con la sensación de que falta algo, que no es una novela tan redonda o cerrada como Terry Pratchett nos tiene acostumbrados. No quiero pensar en el declive del genio, puesto que tampoco es tan grave, pero por primera vez una novela del Mundodisco me ha hecho sentir más cerca el momento de su retirada.

FICHA TÉCNICA: El Atlético Invisible
  • Autor: Terry Pratchett
  • Editorial: Plaza&Janés
  • Encuadernación: Tapa blanda
  • Páginas: 464
  • Precio: 19 euros
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Alkar @bidorto

Vivo en las afueras de Málaga. El tiempo que me deja libre mi trabajo como analista acústico me gusta dedicarlo a la subcultura. No recuerdo cuando empecé a leer cómics pero por casa, en Jerez, siempre hubo tomos de Asterix y grapas de Mortadelo. Lo que realmente me abrió a la cultura alternativa fue una partida de Star Wars d6. Al poco estaba en la reunión inaugural del Club Dragom, en Jerez. Gracias a este grupo montamos varias jornadas y pude probar de todo: MERP, Rolemaster, Ragnarok, Runequest, AD&D, La Llamada de Cthulhu, Cyberpunk, Vampiro, Lobo, Mago, Fanhunter, Shadowrun, Mutantes en la sombra, Magic, Battletech, Mechwarrior, Warhammer… hasta ¡Niños!, El Juego de Rol de los Niños de Goma. En esa época me volví irremediablemente Tolkiendili, y adicto a la literatura épica y fantástica. Poco antes de mudarme a Málaga me presentaron a Pratchett, y comenzó la caza de ejemplares descatalogados en ferias de ocasión. Increíblemente, encontré a una malagueña que, sin ser rolera, comparte muchos de mis gustos y hace chistes sobre la Patrulla X. Aceptó casarse conmigo, aunque no me dejó cortar la tarta con Nársil. “Mola, pero es un muy grande. Quizás un sable de luz…”

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