‘World War Wolves. Dios tiene gracia’, licántropos por zombis

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Aunque su presencia en la literatura, el cine y el cómic se haya mantenido de forma más o menos constante, no cabe duda de que estos convulsos tiempos de crisis están sirviendo de propicio caldo de cultivo para un aumento exponencial de los relatos de talante post-apocalíptico en los que los humanos somos diezmados por criaturas salidas de nuestras peores pesadillas. Con el claro referente que en este sentido supone la ineludible ‘Los muertos vivientes’ (y cuidado, que aquí la referencia se ciñe al cómic de Robert Kirkman y Charlie Adlard, no a la por momentos insufrible serie de AMC), una cabecera que a lo largo de los casi doce años que lleva en Image ha sentado obvia cátedra en lo que a este tipo de historias compete, hacemos hoy estación en el primer volumen de ‘World War Wolves’, proyecto escrito por Jean Luc Istin (del que no tardaremos en volver a hablar por estas líneas) y dibujado por nuestro Kyko Duarte en el que, al margen de ulteriores apreciaciones que ahora pasaremos a contemplar, los zombis de Kirkman han dado paso a hombres lobo.

De hecho, considerando las casuales concomitancias que ‘Los muertos vivientes’ guarda para con ’28 días después’, que ambos títulos se sitúen como claro punto de partida para las ideas que aquí desarrolla el guionista no debería extrañar a nadie como tampoco debería hacerlo el que se puedan rastrear aquí influencias de cierta obra con la que esta comparte dos de las tres palabras de su título. Nos referimos, como no, a el ‘World War Z’ de Max Brooks. De la fusión de todas ellas nace un relato de futura vocación de vidas cruzadas que aquí comienza planteando tres frentes llamados a convertirse (o no, que puede que esté completamente errado en mis apreciaciones) en uno sólo con el telón de fondo de un mundo en el que una pandemia ha transformado a una buena parte de la población en cruentos licántropos sedientos de sangre.

Siguiendo pues a una familia que busca una nueva vida en Las Cruces de Nuevo México, a un cantante de blues ciego que sobrevive como puede en Nueva York y a un preso con grandes habilidades para arreglar lo que sea al que los lobos mantienen encerrado en la gigantesca despensa en la que han transformado la Isla Ryker, hay que admitir que Istin se maneja con extrema soltura en un género tan alejado de la fantasía histórica que hasta ahora había cultivado con fruición y que, dejando de lado lo obvio de los manantiales de los que bebe, las tres acciones que aquí se cosen mantienen al lector expectante con gran cantidad de giros inesperados, situaciones al límite y personajes de gran tridimensionalidad.

Desafortunadamente, la lectura queda algo descompensada por unas páginas que, si bien sirven como motivo de alegría por suponer el descubrimiento de un autor español más que ha conseguido hacerse un hueco en el saturado panorama del tebeo francobelga, no terminan de satisfacer al que esto suscribe. De entre sus aciertos, que los hay, destacaría la voluntad tenebrosa con la que quedan determinadas por la ausencia del color y puntuales momentos de virtuosismo narrativo que, no obstante, no son capaces de ocultar la bisoñez del trazo del artista y el largo camino que le queda por recorrer en lo que a una más correcta concreción de la anatomía se refiere. Con todo, un buen primer paso de otro nombre más al que seguir la pista y un primer volumen que, con su final, nos deja el interés al borde de un precipicio.

World War Wolves. Dios tiene gracia

  • Autores: Jean Luc Istin y Kiko Duarte
  • Editorial: Yermo
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 112 páginas
  • Precio: 17,10 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector apasionado. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de adopción. Treintañero para cuarentón. ¡Ah! y escritor compulsivo tanto aquí como en Blog de cine.

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