Un Batman para la historia (I)

Ya había coqueteado con el personaje, y de ese coqueteo había surgido, no sólo uno de los títulos puntales del Caballero Oscuro, sino una de las novelas gráficas más influyentes de los años noventa y, por ende, de la historia del noveno arte. Nos referimos, cómo no, a ‘Arkham Asylum’, esa vivisección del guardián de Gotham y su némesis que servía a Grant Morrison para ponerse en el punto de mira de todo aficionado viviente. Formando parte de esa breve relación con el hombre murciélago también había surgido ‘Gothic’, cuatro números que formaron parte de ‘Legends of the Dark Knight’ y que, en menor medida, también dejaban claro que el matrimonio entre el escocés y el alter ego de Bruce Wayne era muy bien avenido.

Aún así, aún contando con esos brillantes antecedentes, nada podía prepararnos a los lectores para lo que el guionista llegaría a desarrollar cuando DC le dio carta blanca para, prácticamente, hacer lo que le viniera en gana con el personaje y tratar así de que éste recuperara algo del relumbre de antaño tras haber perdido mucho lustre durante unos años noventa e inicio de los 2000 en los que, a golpe de saga mastodóntica, la identidad de Batman había quedado poco más que disuelta. Y Morrison cumplió con su cometido, digo que si cumplió. Y lo hizo con tanta eficacia y de manera tan categórica que, al menos en lo que a este redactor respecta, su tiempo al frente del héroe enmascarado se sitúa, por derecho, como lo MEJOR que ha publicado DC del torturado huérfano que creara Bob Kane allá por finales de los años 30.

Mucho sería lo que habría que aducir aquí para respaldar tal aseveración más, como quiera que esperamos volver a asomarnos a esta nueva edición con la que ECC pretende recoger todo el material que conforma la estancia de Morrison en Batman, hoy vamos a centrarnos en cuál es el cimiento fundamental, la idea de base que sirve al escritor para hilvanarlo todo, explicando, a poco de rascar en ella, la forma en la que el artífice de ‘Transmetropolitan’ ‘All-Star Superman’ toma el pulso al heredero de la fortuna Wayne y lo lleva por un viaje Campbell-iano que, ante todo, es una constante montaña rusa plagada de mil emociones.

Muchas veces durante su estancia en en el personaje se le llegaría a achacar al escocés el no respetar la continuidad del personaje cuando, en realidad, Morrison abraza la misma de tal manera que acepta introducir en su discurso las historias más alocadas que Batman ha vivido a lo largo de su longeva vida editorial. De ahí el concepto de «hipercontinuidad» a la hora de hacer referencia a una continuidad que lo tiene en cuenta ABSOLUTAMENTE TODO. Y de ese todo es de dónde saca mucho de lo que podremos ver a lo largo de su prolongada permanencia al frente de la vida de Bruce Wayne y su otro yo.

Relacionado esto con el «black casebook», un maletín lleno de historias pintorescas, alocadas y surrealistas del que Bruce hace mención a Alfred al comienzo de la etapa de Morrison, hay que advertir que en los dos volúmenes que hoy nos ocupan, las referencias a esa continuidad absoluta y a su fuente son completamente inexistentes si a lo que nos referimos es a ‘La resurrección de Ra’s Al Ghul’, un tomo sólo para los completistas más recalcitrantes en el que el trabajo del escritor se mezcla con el de otros compañeros para dar forma a un forzado crossover cuya inclusión en esta colección, así como la del segundo volumen —títulado ‘Grotesk’— sólo se explica por tratar de ofrecer al lector la mayor cantidad posible de información de la época en la que Morrison controlaba los designios del caballero oscuro.

Así las cosas, y centrándonos en el ‘Batman e hijo’ hay que admitir que, como inicio de tan prolongada estancia, el guionista podría haber dado más de sí mismo, pero eso no quita para que este encuentro de Bruce con Damian, el hijo que, sin saberlo, había tenido hace años con Talia, es un prólogo tremendamente correcto de todo lo que está por venir y el dibujo de Andy Kubert —magníficamente entintado por Jesse Delperdang—ayuda a que la lectura se haga en un suspiro. En contraposición a lo comentado con ‘La resurrección de Ra’s Al Ghul’, en ‘Batman e hijo’ cada número de los cuatro que componen este primer arco argumental, comienza a tener numerosas referencias a las historias clásicas del Black Casebook, resaltando sobre todas ellas —que incluyen citas textuales a diálogos de aquellos números— ese graffitti con la frase «Zur en Arrh» relacionada de forma directa con una versión alternativa de un Batman con poderes como los de Superman que aparecía en el Batman #113 y que, ya os advertimos, dará mucho que hablar.

Mención aparte merece ese ‘Clown at Midnight’, relato ilustrado por James Van Fleet digno de la mejor escuela del ‘Arkham Asylum’ y en el que, con enfermizo tono y magistral pulso, Morrison narra el que fácilmente podría considerarse el paradigma en los enfrentamientos entre Batman y el Joker, dando el escocés cabida en un número genial a una miriada de referencias de esas que tanto nos gusta a los lectores detectar.

Tras él, tenemos los números 664 al 666, en los que Morrison se deja arropar por cierto espíritu Dickesiano para narrar la visita de esos tres fantasmas que el escritor inglés narraba en su ‘Cuento de Navidad‘. En realidad, Morrison ya había introducido al primero de ellos en el número 655, siendo el Batman que dispara al Joker y que resulta ser un policía corrupto, un recordatorio del origen del personaje. Así, en el número 664, veremos aparecer al fantasma del «presente», otro policía que esta vez se ha encarnado en una moderna versión del Bane que fue el catalizador del Knightfall a mediados de los noventa. Con homenaje incluido a la forma en el que el villano ultramusculado vencía al hombre murciélago, en el número 666 —el número de la Bestia si hacemos caso a ‘La Profecía’ de David Seltzer, el libro en el que se basó la cinta de Richard Donner— nos asomaremos al futuro, un tiempo en el que el manto de Batman habrá pasado a Damien —un nombre elegido nada al azar ya que es el mismo del Anticristo en el citado libro de Seltzer—, convirtiendo éste al Hombre Murciélago en un justiciero que hará lo que tenga que hacer para mantener a los criminales a raya. 

¿Y qué pasa en el 665? Pues quizás lo más interesante de esta terna con la que se cierra el primer volumen, ya que será en unas pocas viñetas cuando se desvele al lector qué son esos «Archivos Negros», ese «black casebook» del que ya os hablé más arriba que sustenta todo el edificio sobre el que Morrison construye su Batman. Un Batman con el que hará historia y que, sometido a toda clase de idas y venidas, mantendrá a los lectores pegados como nunca a las páginas de una cabecera que jamás había llegado tan alto.

Batman e hijo

  • Autores: Grant Morrison y Andy Kubert
  • Editorial: ECC Ediciones
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 240 páginas
  • Precio: 21,85 euros en Amazon

La resurrección de Ra’s Al Ghul

  • Autores: VVAA
  • Editorial: ECC Ediciones
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 288 páginas
  • Precio: 27,07 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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2 Comentarios

  1. Gran artículo. Me habéis convencido y en cuanto ahorre un poco me haré con los primeros tomos. Ahora bien, debo advertir del pequeño lapsus al referirse al «artífice de Transmetropolitan».

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