‘Tebori vol.1’, ansiado regreso, asombroso comienzo

Tebori portada

Han pasado casi dos años, y parece que fue hace mucho más tiempo que tuvimos la fortuna de asomarnos a las páginas de ‘Ken Games 0/Louviers’, el cuarto álbum que a modo de precuela completaba esa magnífica saga que entre 2009 y 2010 componían los tres volúmenes de ‘Ken Games’. Una terna de álbumes con los que José Robledo y Marcial Toledano rompían esquemas y se posicionaban como uno de los mejores equipos creativos del panorama tebeístico español.

De nuevo de la mano de Diábolo y con tan sólo un mes de diferencia con respecto a su edición francesa por parte de Dargaud, el pasado marzo nos llegaba ‘Tebori’, una nueva muestra del magnífico hacer de los dos autores que, participando en cierta medida del género en el que cabría enmarcar a la poliédrica ‘Ken Games’, pronto se diferencia de ésta para alzarse como otro caleidoscópico tebeo en el que tienen cabida tanto numerosas referencias como categóricas lecciones del excelso control que Robledo y Toledano ejercen sobre los mecanismos de la narrativa secuencial.

Con cualquiera de los muchos filmes en los que la Yakuza ha sido parte protagonista como guía sobre la que establecer algunos de sus patrones —se me vienen a la cabeza títulos como ‘Yakuza’ o ‘Black Rain’, por citar un par de ejemplos— resulta tremendamente elocuente a la par que efectivo que la referencia más obvia —la que se hace a cierto manga de Katsuhiro Otomo— sea aquella que acompaña al lector en los comienzos de la inmersión que realizamos en la historia de Yoshi, un joven algo perdido que irá a parar al taller de un tatuador que practica el Tebori, una técnica de tatuaje manual y muy dolorosa que acercará al protagonista al peligroso mundo de la mafia nipona.

Tebori interior

Animada sobremanera por la inclusión de los peligrosos miembros de la Yakuza y la imponente presencia que supone uno de ellos, `Tebori’ avanza de forma espléndida e imparable a la par que evoluciona el personaje de Yoshi y mientras observamos cómo va haciéndose con las dificultades de la técnica tatuadora y hace frente a los avatares de la vida. Entre ellos, la aparición de Otsuya, una atractiva pelirroja con multitud de tinta sobre su piel que, en la página final, es la protagonista directa del giro que nos deja con los ánimos excitados a la espera del siguiente volumen —de los tres que también será este nuevo proyecto.

Las «voces» de los personajes, perfectamente sopesadas por Robledo, y la espectacular labor del guionista para dotar de realismo a una realidad tan ajena a la de un lector occidental, quedan respaldadas de forma IMPRESIONANTE por el dibujo de un Marcial Toledano que, sí cabe, supera aquí en no pocos momentos a lo que pudimos verle en ‘Ken Games’. Tarea que se antojaba como poco improbable dada la inmensa calidad que exudaban las viñetas de aquél trabajo, basta con asomarse a cualquiera de las planchas que componen el presente álbum para dar cuenta de las muchas habilidades que el artista despliega, ya sean las que competen a unos personajes tridimensionales y veraces ya, sobre todo, en lo que respecta a una narrativa para la que comienzan a faltar calificativos.

Pletórica en recursos —algunas páginas son portentosas en el uso de las elipsis y en cómo se muestra el paso del tiempo— la labor de Toledano se propone, y consigue, dejar extasiado al que se acerque a este enorme arranque de una trilogía a la que le auguramos, no es para menos, un futuro inmediato jalonado de reconocimientos y premios. Y si la estrechez de miras de los diversos Salones y Festivales no coinciden en apreciar una y otra vez como se merecen estas superlativas 64 páginas —atención a los bocetos, bellísimos—, allá ellos por no saber reconocer la grandeza cuando la tienen delante. Porque ‘Tebori’, ante todo, es GRANDE.

Tebori vol.1

  • Autores: José Robledo y Marcial Toledano
  • Editorial: Diábolo Ediciones
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 64 páginas
  • Precio: 15,16 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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