‘Superman. Hijo Rojo’, al otro lado del telón de acero

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Vale. Habíamos visto a Superman en la Edad Media; lo habíamos leido emulando al Tarzán de Burroughs; a Clark Kent siendo enviado a Krypton desde una Tierra a punto de extinguirse; a Kal-El aterrizando en una Gran Bretaña de locos y siendo acosado por la prensa amarilla, pero, ¿un Superman comunista?. Sólo a alguien podía ocurrírsele tamaña bofetada en la cara al icono norteamericano por excelencia. Y ese alguien es Mark Millar.

Irreverente y políticamente incorrecto, el guionista británico recala a mediados de los noventa en Estados Unidos después de muchos años escribiendo en su país de origen. Su primer trabajo, para DC, serán cuatro números de ‘The swamp thing’; aunque la auténtica eclosión de su actual status se producirá seis años más tarde cuando aterrice en ‘Authority‘ para sustituir a Warren Ellis. Haciendo suya una colección que gozaba de una salud inmejorable, Millar convierte a Authority en una incógnita mensual que mantiene a los fans en vilo con cada nuevo número.

El truco, remozar el planteamiento wide-screen de Ellis para darle un tono hiperrealista con personajes extremos. Desavenencias con DC (que quería a toda costa censurar la desaforada violencia de la colección tras el 11-S) le llevan a marcharse a la competencia en 2001, donde formará parte de la creación del Universo Ultimate y la que es (con permiso de ‘Ultimate Spider-man‘) la mejor de las series del sello hasta la fecha, ‘The Ultimates’.

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Pero justo antes de esto, y coincidiendo con su marcha de DC, la compañía publica ‘Superman: red son‘, probablemente el mejor Elseworlds que se haya escrito, no ya del Hombre de Acero, sino del Universo DC en general (tengan en cuenta que el nivel de estos desaparecidos especiales tampoco era muy alto); un título en el que Millar reimagina a Superman como adalid del régimen comunista en la era Stalin.

A partir de dicha premisa, que en manos de un guionista menos hábil habría visitado conocidos lugares comunes, Millar construye una historia apasionante en la que nada es lo que parece, sobre todo en cuanto atañe al Hombre de Acero. Alejado de las buenas enseñanzas de los Kent, y criado en la utopía comunista, Superman, tras ciertos acontecimientos del primer prestigio recogido en el recopilatorio, se convierte en un totalitario líder que pretende controlar el mundo bajo las ideas marxistas.

Tanta diferencia con el héroe de toda la vida no es ceñida por Millar sólo al último hijo de Krypton (que, como buen héroe del pueblo, no tiene nombre propio como si lo hace su versión original), sino que el escritor reinventa para la ocasión a Lex Luthor, Batman y Wonder Woman (y a otros muchos habituales de la galería del Hombre de Acero), en otro alarde de brillante genio.

El primero, enemigo jurado de Superman, es un genio intelectual casado con Lois Lane, que tiene como único propósito en la vida el acabar con el abanderado soviético. El segundo, cuyo origen es sensiblemente cambiado por Millar (ahora es un oscuro policía militar ruso el que acaba con las vidas de sus padres), es definido como un revolucionario anarquista que se opone a cuanto Superman abandera. Wonder Woman, por último, no cambia ostensiblemente su idiosincrasia, aunque si lo suficiente como para que sus acciones queden plenamente justificadas.

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La única falla de la genialidad derrochada por Millar en ‘Red son’ la encontramos, no en su labor, sino en el molesto cambio de dibujante que se da casi al final del segundo número. Hasta ese momento, Dave Johnson (el conocido portadista de ‘100 balas‘) demuestra su ejemplar forma con un trazo clásico insertado en una narrativa vibrante y contemporánea que sabe capturar a la perfección el tono añejo del arranque de la acción sin perder un ápice de interés cuando esta va avanzando en el tiempo.

Fuera Johnson, Killian Plunkett hace lo que puede para adaptar su personal estilo a los cánones de su predecesor, aunque el tono crispado que lo caracteriza nada tiene que ver con la suavidad de formas del primero. Aún así es de agradecer el esfuerzo del dibujante por no crear demasiadas estridencias y casi conseguir que el cambio de trazo sea imperceptible.

‘Red son’ no es el mejor trabajo de Millar, algo que dice mucho acerca de lo que el escritor británico ha sido capaz de desarrollar a lo largo de su corta pero intensa carrera. Aún así, momentos como las peleas con Bizarro o Batman; la genial reinvención de los Green Lantern Corps o la mala baba que destila ese cíclico y paradójico final son muestras perfectas de porqué este volumen es una lectura tan recomendable.

Superman. Hijo rojo

8UNA GENIALIDAD
  • Autores: Mark Millar, Dave Johnson y Killian Plunkett
  • Editorial: ECC
  • Encuadernación: Rústica
  • Páginas: 168
  • Precio: 15,50 euros

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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6 Comentarios

  1. Mirad, con lo estúpido y gilipollezco que me parece Superman, esta obra me parece una maravilla y leerla os hará mejores personas

  2. Hace tiempo que supe de esta obra y puede hacerme con ella hace poco. Total mente de acuerdo con los demás comentarios. Es una lectura que sorprende desde que se empieza a leer y sobre todo con su final.

  3. Lo leí en inglés en su edición original y me gustó. Me gusta mucho el planteamiento y desarrollo de la obra, la verdad. Además, es curioso ver al hombre de acero de verdad (Stalin) y al ficticio (Superman) juntos.
    Lo único que no me acabó de convencer es el final, algo forzado y esperable (o eso me pareció). Pero muy bueno en líneas generales este Hijo rojo.

  4. Gran idea, gran introducción, gran final, muy floja parte central. Todo está destinado a engrandecer el planteamiento inicial y llegar a una conclusión final, pero el desarrollo no está nada cuidado para ser «algo diferente» como pretende el resto de la obra, quedando en algo del montón.

    Afortunadamente, ya digo, el comienzo y el final resultan en un sandwich bien apañao.

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